Accidentes leves, ¿sólo un susto?

Terminan las vacaciones y regresamos a casa después de unos días de descanso. Millones de vehículos circulan por las carreteras españolas y muchos de ellos sufren pequeños accidentes. ¿Qué debemos hacer si nos ocurre?
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Accidentes leves, ¿sólo un susto?
Accidentes leves, ¿sólo un susto?

El trago judicial o administrativo ya ha pasado, hemos conseguido que nos reconozcan el pago de una indemnización por las heridas y/o los daños materiales que hemos sufrido en el accidente y que correrá a cargo del responsable del siniestro. Pero, además, la víctima del accidente y sus familiares tendrán derecho a recibir las prestaciones de la Seguridad Social y de otros seguros que incluyan esa cobertura. De nuevo nos podemos encontrar con un problema: ¿qué hacer si el seguro se retrasa en el pago de la indemnización?

Según la Organización de Consumidores y Usuarios (OCU), desde que se comunicó el siniestro, la compañía aseguradora dispone de 40 días para indemnizar con, al menos, el importe mínimo de los daños por ella conocidos. Si no se adelanta ese importe mínimo, o si la indemnización no se produce en el plazo de tres meses desde que ocurrió el siniestro, tienes derecho a exigir que te paguen los intereses de demora.

Este interés asciende a un 20 por ciento cada año, si la demora es superior a dos años a partir de la fecha del accidente. Para retrasos inferiores se aplicará el interés legal del dinero más un 50 por ciento. El interés lo pueden exigir tanto el asegurado como los terceros en un seguro de responsabilidad civil. No es necesario que la deuda esté totalmente determinada y reconocida por ambas partes, basta con que no te hayan pagado en el plazo de tres meses.

Es lo que popularmente conocemos como miedo a conducir. El Instituto Mapfre de Seguridad Vial ha comprobado que el 33 por ciento de la población sufre amaxofobia, tanto en circunstancias concretas como de manera permanente. Este mal no se da en todos los casos como consecuencia de un accidente, pero sí en un alto porcentaje de ellos.

El Instituto Mapfre también da un perfil del posible amaxofóbico. Sus estudios confirman que es un mal que padecen más las mujeres que los hombres (un 64 frente a un 36 por ciento). Además, las mujeres que lo sufren suelen ser más jóvenes que los hombres afectados; para Mapfre, esto se debe a que ellas “son conscientes de situaciones en las que tienen miedo antes que los hombres”.

A las mujeres les suele estresar más la manera de conducir de los demás. Los hombres presentan un perfil distinto. Ellos se estresan no sólo por la actitud de los demás conductores, sino también cuando ven limitadas sus capacidades y/o habilidades físicas (puede ir muy unido a la ingesta de alcohol). Además, ellos son más “sensibles” a los accidentes de tráfico. Haber sufrido o presenciado un accidente representa el 40 por ciento de las causas del miedo entre los varones, frente a un 25 por ciento en las mujeres.

Sin embargo, algunos estudios demuestran que cierta dosis de miedo no tiene por qué ser mala a la hora de conducir. Según una encuesta realizada por Attitudes, de Audi, si sentimos cierto temor, tendemos a realizar conductas más seguras: prestamos más atención (un 67,2 por ciento de los encuestados así lo reconoce), nos arriesgamos menos (un 58,5), cometemos menos errores e infracciones (34,9), respetamos más la distancia de seguridad (41,3), realizamos menos adelantamientos (49,2) y aumentamos las conductas de respeto (25,3). De ahí que la DGT ponga anuncios que asustan en los paneles informativos de las carreteras.

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p> La Fundación José Pons y Stop Accidentes organizan periódicamente cursos de intervención psicosocial con víctimas de la violencia vial, con el objetivo de ayudar tanto a las víctimas como a sus familiares a aceptar y sobrellevar de la mejor manera posible el impacto psicológico postraumático que un accidente de tráfico puede producir, así como las secuelas derivadas del suceso.

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p> Los responsables del Comisariado Europeo del Automóvil decidieron lanzar hace algunos años una iniciativa parecida y se dirigieron a distintas asociaciones de mujeres, a autoescuelas y a distintos organismos públicos como el INEM (que actualmente oferta cursos de conducción para personas en paro), pero sus gestiones, de momento, no han tenido respuesta. En CEA no se han dado por vencidos y el proyecto sigue en marcha. Stop Accidentes llegó a reclamar ante la Comisión no Permanente de Seguridad Vial del Congreso una ley que “proteja los derechos de los afectados por accidentes de tráfico y que también los prevenga”.

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