¡Vendetta, vendetta!

El cuatro de marzo arranca una temporada que será histórica en la Fórmula 1. Lo será por muchos motivos. El primero, porque sin duda es el año de la gran revancha, la madre de todas las revanchas. McLaren quiere recuperar sus laureles y apagar la hoguera de vanidad en que vive Ferrari después de ganar el año pasado. Además, habrá grandes cambios en la reglamentación y se decidirá el futuro comercial del mayor espectáculo del mundo del motor.
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¡Vendetta, vendetta!

El embrollo de los derechos de televisión amenaza con derrumbar la Fórmula 1. Hasta hace unos días, el negocio tenía dos dueños fundamentales: Bernie Ecclestone a través de su empresa familiar, y la cadena alemana de televisión EM.TV, que controla el 50 por ciento de las acciones. El grupo Kirch, también perteneciente al mundo de la televisión, va a medias con EM.TV en la empresa y, además, se ha hecho con más acciones, con lo que es quien manda.

Su presencia en el accionariado había preocupado a muchos, pues veían en Leo Kirch el fantasma de la televisión por cable y la condena del campeonato a depender de los canales de pago. Juntas, EM.TV y Kirch tenían una opción de compra sobre otro 25 por ciento de SLEC, la empresa de Ecclestone y la han hecho efectiva. Preocupadas por la sombra de Kirch, algunas marcas constructoras, como Mercedes, Ferrari, Renault, Jaguar y BMW, parecen dispuestas a tomar parte en el negocio. Aportarían una visión más deportiva y defenderían los intereses de los pilotos y el público.

Incluso se baraja la posibilidad de que los fabricantes se aparten de esta Fórmula 1 y organicen una paralela. Todo antes que permitir que la F1 pase a los canales de pago. Los constructores no tragan. En los próximos días quedará aclarado cuál será el reparto de las acciones y el papel de cada uno en la competición del futuro. Muchos miles de millones de dólares están en juego. Tanto dinero se mueve que la Unión Europea ha tomado cartas en el asunto. Una denuncia contra la FIA por presunto monopolio de los derechos de televisión del automovilismo fue la causa. Bruselas ha obligado a la Federación a deshacerse de sus intereses televisivos y comerciales en la F1, de modo que no tenga la "tentación" de favorecer a esta competición frente a otras. Al tiempo Ecclestone debe abandonar su participaciones en los rallies y otros eventos. Pase lo que pase, hay una cosa cierta: los derechos de explotación son propiedad de SLEC para los próximos 100 años. Pese a todo, parece que hay problemas con los pagos que Ecclestone debe hacer a la FIA por estos derechos. Como se ve, es un negocio demasiado grande y complicado como para ser considerado un simple deporte.

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