¡Anda ya!

Las dos caras de la misma moneda, peatón y conductor, son una extraña pareja.
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¡Anda ya!

Los estudios de la Dirección General de Tráfico sobre infracciones de los peatones nos arrojan unos datos sorprendentes y nos demuestran que muchos de estos siniestros se podrían haber evitado si los peatones no hubieran cometido los denominados 7 pecados capitales y si los conductores siguieran al pie de la letra 10 Mandamientos. Según un estudio elaborado hace unos años por el Instituto Mapfre, 2 de cada 3 peatones atropellados estaban cometiendo una infracción en el momento del siniestro. Esta cifra supone, en palabras de los representantes de la Oficina Estadística de la Unión Europea (Eurostat), que ocho millones de personas han fallecido atropelladas durante el siglo XX en todo el mundo y que 5,2 millones de ellos estaban saltándose una norma en el momento del siniestro.

Los 7 pecados de los peatones 1. No utilizar el paso de peatones.
2. No respetar el semáforo.
3. Andar por la calzada.
4. Bajar de un vehículo sin mirar.
5. No hacer caso al agente.
6. Cruzar sin mirar.
7. Andar por el carril bici.

Los 10 mandamientos del conductor
1. Respetar la velocidad indicada en todas las zonas, en especial, en las residenciales.
2. No saltarse, bajo ningún concepto, los semáforos.
3. No aparcar sobre la acera o en los pasos de peatones.
4. Reducir la velocidad siempre que haya niños o ancianos cerca, y sobre todo ¡ante una pelota!, porque siempre vendrá un niño detrás.
5. Respetar la prioridad de paso de los peatones.
6. Mirar al salir de los aparcamientos.
7. No hacer maniobras bruscas.
8. Tener siempre en cuenta que, en la vía, el usuario más fuerte es el conductor; el más débil, el peatón.
9. Hay que tener en cuenta que echar marcha atrás siempre es una maniobra peligrosa.
10. En definitiva, respetar a los demás usuarios de la vía.

Para la DGT, los niños son los que más cruzan de manera incorrecta o irrumpen en la vía sin previo aviso. Un 85 por ciento de los peatones observados cruzan mal en ciudad y son niños de entre 3 y 14 años. Sin embargo, la advertencia de peligro del semáforo no es respetada en ningún tramo de edad. Un 8 por ciento de los peatones observados no hacían caso de esta señal luminosa. El paso de peatones tampoco parece ser un elemento al que estos usuarios pedestres de la vía hagan mucho caso, sobre todo en trazados urbanos. Un 27 por ciento de los ancianos (más de 64 años) no usan el paso de peatones, tampoco el 41 por ciento de los niños. Precisamente, estos dos grupos (ancianos y niños) son los más débiles y frágiles en la vía. Los niños y los ancianos, por sus especiales características físicas, son los más vulnerables: velocidad (niños) y lentitud (ancianos), falta de visibilidad (los niños, por altura), los ancianos (por la edad), etc.

Hace casi treinta años, Bruce F. Herms, un estudioso estadounidense, realizó una tabla con la velocidad media de los peatones dependiendo de la edad. Dicha tabla está muy relacionada con la actual controversia que se ha desatado en numerosas ciudades españolas respecto al tiempo del “muñequito verde” en los semáforos: Vitoria ha reprogramado estas señales luminosas, para dar más tiempo a cruzar a las personas mayores, y Barcelona y Madrid se encuentran estudiando similares acciones.

Los tramos de edad en que se corre más, como término medio, al cruzar una calle son los comprendidos entre la juventud y la madurez más temprana (15 a 34 años). Por debajo y por encima de esas edades, la velocidad media de los peatones desciende considerablemente. Donde más patente se hace dicha lentitud es a partir de los 65 años, cuando se alcanza una velocidad media de un metro y unos cuarenta centímetros por segundo. Esta cifra puede poner en serios problemas a determinadas personas para cruzar algunas avenidas antes de que los vehículos a motor reanuden su marcha.

Hay otras medidas gubernamentales que pueden beneficiar al peatón, pero son muy drásticas para el otro grupo implicado en el problema: los conductores. Las medidas van desde la prohibición parcial de circular a vehículos en zonas determinadas hasta la peatonalización total de otras, o bien la colocación de obstáculos para reducir la velocidad, como los policías dormidos (del inglés “sleeping policemen”) en zonas residenciales, o bien las bandas sonoras transversales, que también previenen al conductor ante un peligro (paso de peatones).

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