Aníbal, al rescate de Santana

La clave de la recuperación de Santana Motor está en independizarse de la casa matriz de Suzuki en Japón a través del nuevo modelo, Aníbal. Los vaivenes del yen, moneda nipona, hacen mucho daño a la empresa española, que debe comprar componentes allí para ensamblar vehículos aquí.

La planta de ensamblaje de Santana, en la localidad jienense de Linares, está empezando a salir de su crisis poco a poco. Y qué mejor forma que intentar independizarse, en la medida de lo posible, de su socio nipón Suzuki que a través del modelo Aníbal, que se construirá íntegramente en la factoría andaluza.

Los problemas de Santana comenzaron en 1994, cuando Suzuki, propietaria hasta ese momento de la planta, declaró sus firmes intenciones de cerrar la factoría. Para evitarlo, la Junta de Andalucía entró en el capital de Santana Motor a través del Instituto de Fomento de Andalucía, que es el actual dueño de la planta.

Sin embargo, la entrada de la Administración andaluza quedó condicionada a un acuerdo que obligaba a la factoría a comprar todos los componentes de los vehículos que se iban a fabricar a la casa matriz en Japón. Este contrato, además, permitía a Santana ser importadora y distribuidora oficial de la compañía japonesa en España. Estos dos últimos puntos favorables para la empresa española han quedado empañados por la primera cláusula, que ha provocado la crisis en Linares.

Si Santana Motor tiene que comprar los componentes a Japón y la moneda de este país sufre un aumento de valor, entonces la planta española empieza a aumentar sus gastos y a perder dinero. Estos gastos pueden repercutir en el precio del vehículo o en un incremento de las deudas de la factoría. Y precisamente esto último es lo que ocurrió.

La facturación pasó de 365,15 millones de ¿ en 1998 a 302,15 millones de ¿ durante el pasado año; los beneficios cayeron en picado desde los 0,20 millones de ¿ en 1998 a las pérdidas de 42,56 millones de ¿ en 2000 y, claro, la producción también se vio afectada: se ensamblaron un total de 32.862 unidades en 1998, mientras que en 2001 sólo salieron de la factoría jienense 22.736 unidades.

Para sacar de la crisis a la planta, el Instituto de Fomento de Andalucía propuso una fuerte reducción de la plantilla y la fabricación de un nuevo modelo, el Aníbal. Dicho vehículo debe construirse íntegramente en España para romper lazos con Japón y abaratar así los costes.

La reducción de la plantilla ya se ha llevado a cabo. En la actualidad, trabajan en Linares 630 empleados, otros 390 han sido traspasados al parque de proveedores de componentes de Linares y otros 597 trabajadores han sido prejubilados.

La segunda parte del plan, la fabricación del Aníbal, ya se ha puesto en marcha. El modelo, que es un todo terreno, ha recibido una inversión de 19 millones de euros para su desarrollo y llegará al mercado español este año, después de su presentación en el Salón Internacional del Automóvil de Madrid.

El vehículo que pretende salvar a Santana Motor está destinado a las Fuerzas Armadas y a los sectores agrícolas, ganaderos e industriales. La previsión de ventas en nuestro país es de 375 y de 970 unidades en el exterior para este 2002.