A veces, lo importante no es llegar

Arranca el verano, el mejor momento para viajar por algunas de las carreteras más sorprendentes del mundo: la Ruta 66, que recorre EE.UU. de costa a costa; la Arniko Highway (la autopista hacia el cielo, en el Tíbet); un descenso no apto para cardiacos en Bolivia y un maratón por la Eyre Highway australiana.

A lo largo del litoral australiano, cruzando el desierto de Nullarbor, la Eyre Highway representa todo un auténtico maratón automovilístico. Esta carretera de 2.700 kilómetros, que une Augusta con Perth, debe su nombre a Edward John Eyre, el primer explorador que recorrió Australia de este a oeste. En 1941 se empezó su construcción para facilitar el traslado de tropas en la Segunda Guerra Mundial. Al igual que en su día hizo Eyre, el conductor deberá poner a prueba su sed, ya que las estaciones de servicio se encuentran separadas más de 100 kilómetros. No hay pérdida: todo en línea recta, dejando a un lado bellos acantilados de caliza y con la compañía de las ballenas en migración hacia otros mares. Cada gota de combustible es vital, por lo que los conductores planean milimétricamente su viaje para contar con el viento a favor. En algunos tramos, muchos camioneros aprovechan para echar una cabezadita: ponen tacos en el pedal del acelerador, insertan la marcha y bloquean la dirección... El camión se encarga de hacer el resto.

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