Y Mónaco se volvió loco

Pinchazos, golpes, “toques”, derrapes, “latigazos”, salidas de pista, adivinanzas, predicciones, sorpresas… Mónaco, en una palabra. El Gran Premio más esperado de la temporada se ha saldado con la victoria de Lewis Hamilton (McLaren) y una colección de incidentes que, como una lotería algo siniestra, ha afectado indiscriminadamente a todos los equipos.
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Y Mónaco se volvió loco
Y Mónaco se volvió loco

En Mónaco todo se relaciona con la suerte y Heikki Kovalainen (McLaren) lo comprobó pronto: su coche no arrancó en la vuelta de formación y tuvo que salir desde boxes. Comenzaba a llover y la mayoría de los equipos montaban neumáticos intermedios en sus monoplazas. Pero las predicciones meteorológicas pronto iban a convertir la elección de cubiertas en una lotería. Esta vez era mucho más que una simple frase recurrente.

Cuando la prueba empezó, Felipe Massa (Ferrari), autor de la “pole”, defendió su posición, mientras el McLaren de Lewis Hamilton adelantaba al “cavallino rampante” de Kimi Raikkonen. Por su parte, Fernando Alonso (Renault) sobrepasó al Williams de Nico Rosberg. Pero el baile no había hecho más que comenzar: el alemán “contactó” con el R28 de Alonso y tuvo que entrar en los garajes.

Acto seguido, Hamilton golpeó las barreras y pinchó. No era de extrañar: la pista se complicaba, los vehículos daban latigazos a la mínima y las piezas de los coches dañados estaban por todas partes. Cuando el británico se reincorporó a la carrera, era quinto; el siguiente en resultar “premiado” por esta extraña ruleta fue Alonso, que también chocó con las protecciones y tuvo que detenerse en boxes. Bajó hasta el séptimo puesto, pero pronto iba a remontar desplegando una serie de adelantamientos casi imposibles bajo la lluvia.

Mientras tanto, David Coulthard había sido víctima, de nuevo, de la mala suerte. Tras la “escapada” de ayer, el escocés volvió a irse contra las vallas. Sebastien Bourdais se salió en el mismo sitio y golpeó a Coulthard; el Red Bull y el Toro Rosso fueron retirados en grúa y el Coche de Seguridad entró casi al mismo tiempo que Raikkonen recibía malas noticias: debía realizar un “drive-through” , ya que no tenía las ruedas completamente montadas tres minutos antes del comienzo de la cita, cuando se dio la señal reglamentaria.

Alonso intentaba adelantar y pronto estuvo encima de Nick Heidfeld (BMW). El español buscó un hueco, pero no lo encontró y en la maniobra perdió el alerón delantero, chocando con el alemán y provocando un pequeño tapón. Tuvo que volver a pasar por boxes.

Massa seguía construyendo su ventaja a golpe de acelerador, pero los dados no estaban de su parte. En el giro de Santa Devota, se salió del trazado y Robert Kubica (BMW) le superó y se puso al frente de la prueba. Sin embargo, el polaco perdió el puesto de honor cuando paró en boxes. Al volver a la carrera, tras Raikkonen, el finlandés de Ferrari se fue recto –también en Santa Devota- y tuvo que cambiar su alerón delantero. Parecía que las cosas comenzaban a calmarse, cuando Massa se detuvo en los garajes y logró reengancharse por delante de Kubica, pero con Hamilton edificando ya un amplio liderato. La pista se secaba y los equipos se volvían locos mirando al cielo: ¿neumáticos de lluvia o todo lo contrario? La apuesta era muy arriesgada y fueron los Renault los primeros en dar el paso, montando cubiertas de seco. Poco le duraron a “Nelsinho” Piquet, que -otra vez en Santa Devota- tuvo que abandonar.

Mejor le iban las cosas a Alonso, que tras haber marchado en el antepenúltimo lugar, por fin, con unos neumáticos que respondían poco a poco, marcó una vuelta rápida. El resto de las escuderías estaban cambiando sus ruedas y la estrategia no jugó a favor de Massa, que retrasó su entrada a boxes todo lo que pudo para tratar de recuperar el liderato. Pero sus cartas no eran las buenas: Hamilton volvió a surgir en el primer puesto y Kubica tras él, “robando” la segunda plaza al brasileño.

Quedaba poco para que finalizara la prueba –en lugar de los 78 giros programados, habría que terminar cuando se cumplieran dos horas, el tiempo máximo que puede durar una carrera de F1- y parecía que todo discurriría sin incidentes cuando Rosberg golpeó una de las barreras, lanzando más piezas rotas sobre el asfalto y causando una nueva aparición del “Safety Car” . Estuvo en el trazado durante seis vueltas y, al retirarse, Raikkonen empezó a luchar por el cuarto puesto, que el aquel momento ocupaba el Force India de Adrian Sutil. Por desgracia, la fabulosa actuación del joven alemán acabó cuando fue arrollado por el finlandés, que perdió el control de su Ferrari en la salida del túnel. Raikkonen volvió a la cita tras sustituir el alerón delantero, pero no había consuelo posible para Sutil, que tuvo que retirarse.

Hamilton pasó bajo la bandera a cuadros en primera posición, loco de alegría al ponerse al frente del certamen. Kubica no cabía en sí de gozo con el segundo lugar, mientras un Massa con cara de pocos amigos culpaba al cambio de estrategia de la pérdida de la victoria. Tras ellos se situaron Mark Webber (Red Bull), Sebastien Vettel (Toro Rosso) y Rubens Barrichello (Honda), que al fin puntuaba. Alonso sólo pudo ser décimo, justo detrás de Raikkonen, pero ya es bastante en un Gran Premio como el de Mónaco. Este año, el espectáculo se ha aliado con los famosos, los yates y el glamour para regalar, una vez más, una carrera única a los aficionados. Como debe ser.

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