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Porsche 911 RSR Competición

Nada puede compararse a la prueba de un coche de competición Ni el superdeportivo más radical ni el más potente ni el más caro alcanza el nivel de sensaciones que ofrece un coche de competición. Y, si hablamos de un Porsche 911 que cuenta 500 CV para mover 1.100 kg, podemos hablar de una experiencia única.
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Porsche 911 RSR Competición
Porsche 911 RSR Competición

Cualquier coche previsto para ir por vías abiertas al tráfico o para ser conducido por ‘cualquiera’, está lejos de la eficacia de un verdadero coche de carreras En este 911 RSR no hay compromisos: la suspensión es duracomo una piedra, el cambio requiere rapidez y esfuerzo físico y los frenos son potentísimos… si el pisotón al pedal es, también, potentísimo. Otra característica de los modelos de competición es la infinidad de reglajes y ajustes que pueden hacerse, lo que permite adaptar muy bien el coche a cada circuito en especial y a cada piloto en particular… pero también consigue que muchos pilotos e ingenieros naufraguen en este mar de posibilidades y no consigan encontrar el rumbo.

Este Porsche 911 RSR -mantenido por el equipo Drivex- ha plantado cara a toda armada de Ferrari y, sólo con un poco más de suerte, sus pilotos, Miguel Angel de Castro y Antonio Chacón, hubieran pisado el podio más de una vez. Pero este 911 RSR no es un coche ‘fácil’, requiere se conducido con autoridad, pero no con violencia.

Meterse en un coche de competición, con casco y ‘Hans’, y atarse bien, sobre todo si el bacquet es estrechísimo, resulta muy complicado; pero, por fin, lo conseguí. También conseguí arrancar sin que se me calase el motor más de una vez (el embrague de fibra de carbono es durísimo y de muy corto recorrido). Pero fue al salir a pista cuando me di cuenta del verdadero lío en que me había metido: ¡pero cuánto corre esto! A pesar de que el nombre de Porsche se asocia automáticamente al turbo, este 911 RSR no lo lleva, es atmosférico, pese a lo cual, con casi cuatro litros de cilindrada, ofrece 500 contundentes -pero sorprendentemente progresivos- caballos.

El cambio es magnífico y brutal: no requiere usar el embrague subiendo marchas y permite empalmar una velocidad tras otra sin perder una sola milésima en cada cambio. Es secuencial y basta tirar de la palanca para subir una marcha y empujar hacia delante para bajarla. Para usarlo, tenemos una enorme palanca de fibra de carbono que hay que manejar con fuerza. ¿Y qué decir de los frenos? Puede sonar machista y políticamente incorrecto, pero este 911 RSR necesita hombres ‘duros’ al volante. Frenar, frena de maravilla, pero hay que pisar con muchas ganas en cada frenada y en El Jarama hay cinco frenadas por vuelta y en una carrera cada piloto puede dar unas 25 vueltas. Conclusión: hay que estar en forma.

Porque, al hecho de tener una conducción muy ‘física’ hay que añadir el ‘estrés’ que supone el que todo pasa muy deprisa. No hay tiempo de relajarse ni en la recta, donde el motor sube tan rápido de vueltas que hay que cambiar constantemente y cada ligera imperfección del asfalto se convierte en un bote que tiende a ‘descolocar’ el coche. En el resto del trazado es mucho peor: para este 911 RSR no hay recta y no estamos saliendo de una curva cuando ya estamos llegando a la siguiente.

Otra peculiaridad del 911 en general y de este RSR Drivex en particular es que requiere una trazada más agresiva que otros coches. Hay que llegar a las curvas frenando muy ‘duro’ para cargar peso en las ruedas delanteras y que el coche gire. Como me decía Miguel Angel de Castro: ‘La frenada acaba donde se empieza a acelerar’. Muy descriptivo, pero, si tenemos en cuenta que se comienza a acelerar casi a mitad de curva, se supone que estos tíos retrasan la frenada muchísimo y hacen la mitad de la curva mientras frenan: yo no. Bastante tenía con mantener el coche ‘en lo negro’ -como se dice en el argot-, peleándome con 500 CV, un cambio rapidísimo, unos frenos salvajes y viendo sospechosas gotitas de agua en el parabrisas.

Sería pretencioso por mi parte sacar conclusiones de cómo es de bueno o de malo este 911 RSR frente a otros 911 o frente sus rivales los Ferrari, Mosler y Sunred. Los resultados le avalan. Pero, en síntesis:

La preparación del coche es impecable y, aunque no es un coche fácil, sí es un coche equilibrado.
Todo funciona a un gran nivel y ningún elemento desentona. Sus prestaciones son fantásticas y las sensaciones que produce también lo son.
La eficacia es impresionante, pero no es un coche fácil ni relajado de conducir.

A los aficionados, los periodistas y los pilotos amateurs (yo soy las tres cosas) nos parece siempre que los pilotos profesionales son unos afortunados: les pagan por hacer lo que más les gusta (y no hablo de sexo). Pero, después de probar un coche como este 911 RSR e imaginarse lo que debe ser rodar en un cerrado pelotón de coches de similares prestaciones y conducidos por tipos igual de duros, sinceramente, me da un poco menos de envidia. Pero sólo un poco.

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