Lamborghini Gallardo GT3

Dice la historia y la leyenda, que el genial Ferruccio Lamborghini salió del despacho de Enzo Ferrari jurando venganza frente al desaire que le hizo 'il comendatore', que no aceptó los consejos de un fabricante de tractores para mejorar sus coches...
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Lamborghini Gallardo GT3
Lamborghini Gallardo GT3

Antes de subir al “lambo” salió a pista el piloto, Antonio Escamez , que iba a poner las ruedas, motor, cambio y frenos a la temperatura de uso óptima. Antonio es un importante hombre de negocios para el que las carreras son una pasión, una válvula de escape y un placer que le permite conservar su agilidad física y mental. Comenzó en los raids, de la mano del dakariano Miguel Prieto , pero luego se pasó a los circuitos, como el mismo dice... "por comodidad". Antonio nos dio unas coordenadas y nos animó a explorar los límites del Gallardo, alegando que es el coche que más le gusta de los que ha pilotado, porque le parece fácil y divertido de conducir.

Una vuelta con el Lambo Gallardo GT3 al circuito de Albacete

Una vuelta con el Lambo Gallardo GT3 al circuito de Albacete

Le fui cogiendo el aire y es cierto que el Lamborghini resulta fácil de gobernar. La dirección es rápida y precisa, la suspensión no hace extraños, solo se perciben inclinaciones cuando ya íbamos deprisa. Los frenos apenas tienen un centímetro de recorrido para quedar clavados, y eso que las tres primeras vueltas las dimos aproximándonos aún a los puntos de frenada. Para entonces, el Lamborghini ya no nos sorprendía por su potencial, ni por su velocidad en el paso por curva, pero da la impresión de que si no tuviera el ala trasera en su sitio saldríamos despedidos de la curva, porque se siente como ésta nos aplasta contra el suelo. En una segunda fase nos sorprende más por lo mucho que se agarra al suelo, casi con rabia, y por más que intentamos sentir la entrada del control de tracción o el límite de adherencia de los neumáticos, tras el cual comenzaría a deslizar, nos resulta imposible. En nuestra última vuelta entramos en la recta de Albacete en tercera velocidad con el motor rozando el corte de inyección, a 8.000 rpm y antes de pasar por meta -apenas habrá cien metros-, ya volábamos en sexta.

Llegamos a final de recta por encima de 220 km/h para bajar hasta segunda solo por tener una mayor retención y ayudar con el motor. A partir de ahí, en el virado trazado de Albacete casi nos limitamos a usar de tercera a sexta con una agilidad y velocidad de uso por medio de las levas más cercanas a un videojuego que a un coche. En la rápida curva de "Jordi Gene" nos entran las dudas. Se llega en sexta y con el pie a fondo... pero algo nos obliga a ahuecar. Luego, al llegar a la parabólica es cuando más nos divierte en Gallardo. Llegamos en tercera pero entramos pasados. Primero se va un poco de delante, lo recuperamos y conseguimos viajar en el límite de sujeción de los neumáticos. Un toque con el gas hace que deslice de atrás y sentimos una corrección electrónica veloz, instantánea, que nos ayuda a seguir sin perder tiempo... es el control de tracción. Lo demás es coser y cantar. El paso por la chicane es emocionante, un pequeño toque con un bordillo y da la impresión de que quiere volar, pero nada de eso, el Lamborghini es todo control. Al llegar a boxes Macías y Escamez me preguntan si todo ha ido bien, les respondo que perfecto, que me ha encantado... con gusto me habría quedado toda la mañana dando vueltas, pero tenía que ir a la redacción a escribir.

El sueño de Ferruccio
El Lamborghini Gallardo GT3 al detalle

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