Ford Focus RS WRC '07

Junto al mítico circuito de Silverstone en Inglaterra y aprovechando unos tests oficiales, pudimos probar en exclusiva el Focus RS WRC ganador del Mundial de Constructores de 2007.
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Ford Focus RS WRC '07
Ford Focus RS WRC '07

Aceleré a fondo y solté el freno de mano. De golpe me tuve que agarrar al volante, porque la parte delantera del Focus parecía que se me quería escapar. Había seguido las instrucciones del ingeniero Matthias Aubespin y había puesto el procedimiento de salida, con el turbo en posición 3, como Hirvonen usa para partir en los tramos del mundial. Una pasada.

Para variar, ese día hacía un tiempo espléndido en el circuito de Silverstone, donde dos días antes se había celebrado el Gran Premio de Inglaterra de F.1. Invitado por Ford antes del Rallye de Finlandia, pudimos probar en exclusiva el Ford Focus WRC RS que dominaba en ese momento, las dos tablas del Mundial de Rallyes. Para ello se había montado una prueba para seis periodistas de todo el mundo, en la escuela de pilotos de tierra de Silverstone, al lado de la pista de F.1. Todo el staff de Ford con su Director de Motorsport para Europa a la cabeza, en ese momento, Jost Capito presentes.

Se me avisó que tendría una hora para mí solo el circuito y no me lo creí del todo. ¿Tanto? pregunté, acostumbrado a las pruebas que sólo te dejan dar tres ó cuatro vueltas y se acabó. Pero esta vez estaba todo muy bien montado. Primero giraba con el ingeniero Matthias Aubespin, en un Focus ST de serie. Conocía el trazado y me daban indicaciones. Luego también con Aubespin, me montaba en el Focus WRC y giraba y giraba hasta que conocía el coche y sus cosas. Finalmente Hirvonen te daba una vuelta y luego lo debía coger yo. Las dos primeras partes fueron muy bien y Aubespin se empeñó en que hiciera tres salidas de tramo, con el procedimiento, a toda mecha para ver como iba el Focus con el Boost a tope. Luego, cuando me tocó con Hirvonen, éste dijo que ya me había visto, y que se daba una vuelta conmigo. Vaya miedo que me ahorré, aunque estaba dispuesto a tragarme sapos y culebras para intentar aprender algo, aunque él debía rodar a otro nivel.

Al volante, éste estaba algo lejos pero gracias a que la dirección era bastante suave, no me resultaba incómodo. La palanca del cambio de marchas se accionaba hacia mí, para subir marchas y hacia delante para bajarlas.

El inicio del rodaje no puso muchos problemas y me dijeron que una vez comenzado a rodar que me olvidase del embrague. Dicho y hecho, me concentré en conducir con el volante de generosas dimensiones el Focus. El cambio constaba de una sola palanca a la derecha del volante y al lado estaba el largo freno de mano hidráulico y un poco mas hacia delante, la palanca del cambio mecánico, por si fallaba el electrónico.

La primera impresión, tras calentar algo los frenos, era de suavidad y confort. Todo venía despacio y las reacciones del coche eran suaves. Conforme fui acelerando el paso, el Focus siguió comportándose igual: noblemente. Primero se iba un poquito de morro y luego al acelerar se iba la zaga, pero muy progresivamente, muy noblemente; Sin brusquedades. El paso por los dos o tres agujeros gordos del circuito, ni se notaba. La suspensión de largo recorrido lo absorbía todo.

Una vez dadas diez o doce vueltas al circuito, fuimos acelerando el paso y me pusieron la posición tres del turbo (uno, para carretera, dos para zonas lentas y mojadas y tres con máxima potencia). Allí, las cosas cambiaron en un solo aspecto: Todo llegaba más deprisa. Mucho más deprisa. Sin embargo la base seguía siendo la misma de nobleza.

Al llegar a veces un poco colado a una curva, diciéndome a mí mismo: “No entro”, giraba el volante y el Focus entraba.

Vuelta con Hirvonen

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