Hispano-Suiza tipo 24 (8-10 CV) Torpedo

Hoy día, el culto a nuestra gran marca nacional, la Hispano-Suiza, se centra sobre todo en sus maravillosos automóviles de lujo. Pero no debemos olvidar que, con la misma calidad, también fabricó excepcionales motores de aviación, complejas máquinas herramientas, vehículos industriales, coches de carreras e incluso... ¡utilitarios! Como este bonito e interesante 8-10 CV de 1914.

Hispano-Suiza tipo 24 (8-10 CV) Torpedo
Hispano-Suiza tipo 24 (8-10 CV) Torpedo

Hablar de un Hispano utilitario puede resultar chocante para aquellos neófitos que tan sólo han oído mencionar esta marca en relación con sus grandes autos de lujo. Y sin embargo, el tipo 24 tampoco fue el único, ni el primer coche de tal clase realizado por la célebre firma catalana.Baste saber que, en los primeros tiempos, la aspiración del ingeniero Birkigt, secundada por Mateu y los demás directivos de La Hispano-Suiza, era desarrollar una amplia y completa gama de automóviles, capaz de cubrir las más diversas necesidades del mercado. Y así, los excelentes 20 y 40 CV de tipo medio, lanzados en 1905 y 1906, respectivamente, fueron complementados en 1907 con un gigantesco 60-75 CV (6 cilindros con más de 11 litros de cubicación) y un pequeño 12-15 CV de carácter económico. Respecto a este último, la casa justificaba su planteamiento de la forma siguiente en los catálogos publicitarios: «Hemos tenido en cuenta que son muchas las personas que únicamente necesitan un carruaje para la más fácil gestión de sus negocios o como coche de ciudad para su solaz. En este caso, un automóvil de 20 ó más caballos es un vehículo de fuerza excesiva, que trae también consigo un gasto demasiado grande y completamente innecesario de benzina y neumáticos. Era también de desear un tipo de automóvil que, por lo económico de su entretenimiento, pudiese entablar ventajosa competencia con la tracción animal aplicada a los coches de ciudad y de pequeño turismo».Probablemente, la lógica de estos razonamientos fue la clave de la excelente acogida que tuvo el Hispano utilitario de 12-15 CV, tanto en España como en el extranjero, hasta el punto de que su fabricación se inició también en Francia a partir de 1911.Pues bien, el tipo 24 de 8-10 CV presentado en 1914 -el coche que hoy nos ocupa- puede y debe ser considerado como sucesor de aquel exitoso 12-15 CV. Y no sólo porque lo reemplazase en el puesto inferior de la gama, sino también porque continuó con el mismo planteamiento mecánico. Al igual que él, el T-24 se basaba en un reducido motor monobloque de cuatro cilindros ciegos, con un solo árbol de levas al costado izquierdo para mandar las ocho válvulas laterales situadas en línea. En ambos, el encendido era por magneto de alta tensión y la alimentación de combustible por gravedad, hasta un carburador Hispano de mandos verticales. No obstante, pese a tantas similitudes, el 8-10 CV se mostró muy aventajado respecto a su predecesor. Un inteligente rediseño de las cámaras de explosión, con las válvulas inclinadas siete grados, el aumento de régimen de giro y otros detalles habían elevado notablemente su rendimiento sin merma de la resistencia. Aún con la cilindrada reducida (desde los 2.212 cc del 15-20 CV a los 1.848 cc del tipo 24) la potencia máxima había ascendido un 50 por ciento, rondando los 30 CV reales a 3.000 rpm en el modelo 8-10 CV, frente a los 18 ó 20 CV del 12-15 CV, que tan sólo giraba a 1.800 vueltas. Birkigt había hecho bien sus deberes. Por lo demás, la semejanza continuaba en el resto de los órganos mecánicos, entre los que tan sólo hay tres diferencias dignas de mencionar. La primera radica en el embrague, ya que un cono guarnecido de cuero había sustituido al multidisco empleado en el 12-15 CV. La segunda estaba en la suspensión trasera, con ballestas semielípticas en lugar de las tres cuartos elípticas del modelo precedente. Como podemos ver, estos cambios apuntaban a una mayor simplicidad, buscando una mayor economía sin merma de la eficacia. Sin embargo, la tercera, que es la incorporación de una cuarta marcha en el cambio de velocidades, tiene un sentido diferente y más difícil de comprender, pues posiblemente no obedeció más que a una moda impuesta en aquellos años que precedieron a la Gran Guerra. Y esta opinión, por supuesto muy subjetiva, es porque consideramos esa cuarta marcha como una complicación innecesaria, dada la comedida potencia del vehículo y el uso predominantemente urbano a que estaba destinado.