Volkswagen Split

Con el conductor todo lo más adelantado posible, mucha simpatía y el motor y la transmisión en el eje trasero, la furgoneta Volkswagen aprovecha a fondo su tamaño para que dentro haya una capacidad insospechada en un vehículo de 4,30 m de longitud. En las versiones Samba, nada menos que ocho luminosas plazas y un maletero acorde con sus necesidades.
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Volkswagen Split
Volkswagen Split

El título escogido no pretende convertirse en un nuevo mensaje de las autoridades de tráfico, sino hacer mención a lo agradable que resulta hacer kilómetros con mucha compañía a bordo de este llamativo microbús. Siempre que esté bien mantenido, es absolutamente seguro que llegaremos al punto de destino sin el menor contratiempo mecánico, aunque a una velocidad de crucero más lenta que la de la mayor parte de los automóviles actuales porque, al fin y al cabo, se trata de una furgoneta más o menos conseguida.

Para empezar, centrémonos en el modelo de colores anaranjado y crema que aparece junto a nuestra protagonista y a la chiquillería que nos acompañó el día de la sesión fotográfica. Se trata de una Bus de Luxe, en la denominación inicial aplicada por Volkswagen a estos vehículos para 7, 8 ó 9 ocupantes, con techo tipo Samba, que es el apelativo utilizado para algunos mercados a la hora de referirse a los modelos con cuatro pequeñas ventanitas a cada lado y un gran techo corredizo de lona que nos permite disfrutar del aire y la luz en los días cálidos. Esa unidad, del tipo conocido mundialmente como "23 ventanas", está fabricada en 1959 y posee, por tanto, el motor 1200 de 30 CV, que le permite una velocidad máxima de 90 km/h. Tiene asimismo la opción Safari, que consiste en que las ventanas del frontal se pueden abrir hacia arriba y hacia fuera, pivotando sobre el lado superior. En su día perteneció al ejército norteamericano afincado en España y se usaba para llevar al colegio a los hijos de los militares. Como se puede observar en su parte trasera, dispone de dos ventanas en ambas esquinas de la zaga y cuenta con unas barras protectoras junto a los cristales para evitar que algún objeto duro en la zona de equipaje pueda romperlos.

Así era el microbús Volkswagen de lujo hasta agosto de 1963, que es cuando aparece el modelo "21 ventanas", suministrado de serie con el motor 1200 de 34 CV y 95 km/h de velocidad máxima. A este tipo pertenece nuestro compacto autobús rojiblanco, aunque éste monta el motor opcional de 1.493 cc, 44 CV y 105 km/h de velocidad máxima aparecido en agosto de 1965. Esta Volkswagen Samba pertenece a la colección de Enrique Prats, quien se la compró a un padre de familia numerosa con los hijos ya emancipados. Está matriculada en 1966 y, a juzgar por su apariencia y estado general, se deduce que ha estado en buenas manos durante los más de 36 años que lleva en activo. Ahí se nota también el buen ojo de Jaime, sabedor de que, en este caso, resulta más gratificante pagar más por un vehículo muy bien conservado que comprar chatarra, a precio casi regalado, para aventurarse en una restauración que costará más y difícilmente igualará a un vehículo original en buen uso. Pintado con los colores Rojo Tiziano (L 555/43 en código VW) y Beige Grey (L 472), este microbús posee, asimismo, varias piezas cromadas que contribuyen a que, más que una furgoneta, parezca un pequeño autobús de lujo, con un planteamiento que, desde hace más de medio siglo y hasta nuestros días, ha permanecido vivo en las siguientes series de vehículos industriales Volkswagen.

Al acceder al interior, se desvanece por completo la impresión de estar ante una furgoneta de lujo, a no ser que consideremos como tal el hecho de disponer de espacio más que suficiente hasta para un equipo de baloncesto, masajista, entrenador y bolsas de deporte incluidos. En el salpicadero sólo se divisa un velocímetro graduado hasta 120 km/h, el indicador del nivel de gasolina de un depósito con 40 litros de capacidad, un solitario reloj horario junto al agarradero del acompañante y, en la zona central, el aparato de radio, por debajo de unas bocas de aireación en la base de los dos parabrisas y un cenicero con tapa cromada.

A la izquierda tenemos una ventanilla corrediza que ahorra espacio con respecto al típico sistema de manivela. Del lado izquierdo del salpicadero sale el tapón de llenado del depósito de líquido lavaparabrisas. Mirando hacia abajo, se ven en ambos lados los huecos de los faros, lo que sirve para darnos cuenta de que los ocupantes de las plazas delanteras están sentados justo por encima del eje. En ese momento me vino a la memoria lo que comentaba nuestro colaborador Christian Manz cuando supo que íbamos a elaborar esta prueba: "me recuerda cómo quedaban las Volkswagen cuando sufrían un choque en ciudad. Se deformaban mucho y los conductores sufrían daños en las rodillas al golpearse con el hueco de los faros".

El volante blanco va aún más horizontal que en un Mini, casi como en un autobús, y la columna de la dirección desciende recta hasta ocultarse en el piso, superando por dos palmos a una palanca del cambio y a un freno de mano también similares a los de un autocar añejo. Para beneficio de nuestra anatomía, los asientos de escay son duros y las zonas donde se acomoda el cuerpo están rematadas en trencilla para que los viajeros no se deslicen a cada momento. Al mirar hacia atrás, sorprende la cantidad de espacio interior, con otras dos filas de asientos a las que se accede a través de dos puertas laterales, situadas en el lado derecho y que abren hacia fuera.

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