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Rover 3 Litre Mk II

Hace más de cuatro décadas, los técnicos de Rover supieron crear un automóvil elegante y con potencia más que suficiente para las carreteras de la época. Sin embargo, en el modelo 3 Litre destacan sobre todo su extraordinario confort y el refinado ambiente interior.
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Rover 3 Litre Mk II
Rover 3 Litre Mk II

Para que el motor de seis cilindros se ponga en marcha, el chófer deberá activar el mando del estárter y girar la llave de contacto. Un leve rumor y una mínima vibración se harán notar para indicar que el propulsor se ha despertado y que ya hay que ir cerrando el estrangulador.

Dado que el estárter y el freno de mano están algo alejados del chófer, la experiencia aconsejará abrocharse el cinturón de seguridad después de haber actuado sobre sendos mandos. Por lo demás, el resto de palancas y pedales están en el sitio esperado, listos para facilitar la conducción.

Según se va conociendo al Rover se pone en evidencia que su conducción es muy relajante, sobre todo en carreteras tipo Redia con pendientes más o menos fuertes. En ese ambiente, el juego que dan ambas cuartas –con y sin overdrive– hace que traguemos kilómetros si usar la palanca de cambios, en la seguridad de contar con un empuje constante y sonoramente discreto, conseguido mediante una planta motriz que da lo mejor de sí misma en los regímenes bajos y medios, pero que puede estirar hasta cerca de las 5.000 rpm.

Las suspensiones tienen reglajes manifiestamente blandos, como correspondía a un sedán en el que se buscaba el máximo confort. Por ello y por el considerable peso del vehículo, en las curvas tomadas a buen ritmo sale a relucir una masa en movimiento que obliga al conductor a agarrarse firmemente la volante, pues los asientos apenas sujetan. También rebajan la comodidad de conducción unos retrovisores exteriores instalados con posterioridad, cuando fueron obligatorios, cuya cuidada estética no se traduce en una superficie suficientemente válida. A ello se suma un retrovisor interior de origen que, por ir más baja la parte superior de la luneta trasera, hace imposible controlar hacia atrás una distancia superior a los doscientos metros.

Por mucho que la dirección tenga menos de tres vueltas entre los topes, los 43 cm de diámetro del volante invitan a maniobrar con calma, como disimulando para que los viajeros no se enteren de que variamos la trayectoria. Pero según rodemos a más velocidad y ataquemos con decisión una curva veremos que el Rover se muestra noblemente subvirador, poniendo en evidencia la intención del fabricante de no asustar a los distinguidos pasajeros y el considerable peso del conjunto formado por el motor y la caja de cambios.

En definitiva, el Rover 3 Litre es un automóvil ideal para viajar confortablemente y envueltos en un ambiente muy agradable. Y si encima dispusiésemos de un chófer profesional, que lo llevase con total suavidad y se encargase de tenerlo siempre impecable, disfrutaríamos de nuestro protagonista como acostumbraban a hacerlo bastantes de sus primeros dueños. Así han tenido ocasión de gozarlo en los últimos años algunos familiares directos y amigos del actual propietario con ocasión de su enlace nupcial, y todos ellos se quedaron impresionados por la amplitud y comodidad de un coche fabricado hace cuarenta y tres años. No en vano, algo tendrá cuando los primeros ministros británicos siguieron utilizándolo como coche oficial hasta bien entrados los años ochenta.

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