Prueba clásica: Renault 5 Copa

Escuela de pilotos y de jóvenes automovilistas en general, el R5 revolucionó –sobre todo estéticamente– el denominado segmento ‘B’. Polivalente, fiable, moderno y desenfadado, animó las carreteras y los circuitos españoles, gracias a la Copa Renault, durante varias décadas.
Arturo de Andrés -
Prueba clásica: Renault 5 Copa
Prueba clásica: Renault 5 Copa

A diferencia del Citroën 2 CV, el Renault 5 me cogió ya en plena actividad como periodista-probador en el tema automovilístico. De hecho, incluso el que pudiésemos considerar como su parcial antecesor (porque iban a públicos distintos), el R4, ya apareció cuando yo hacía mis primeras armas en este mundillo, todavía en la revista ‘Velocidad’. Pero a la presentación del R3/R4, en La Camargue francesa, no me tocó asistir, de modo que todavía tuve que esperar algún que otro año hasta probar en España -por primera vez- la alternativa que Renault presentaba precisamente al 2 CV. Pero cuando apareció el R5, creo que a principios de 1972, ya estaba en AUTOPISTA y la presentación, también en Francia, me tocó esta vez a mí, tanto por desenvolverme con soltura en francés como porque las pocas pruebas que por entonces se hacían eran prácticamente coto privado mío.

 

En esta ocasión, el lanzamiento se realizó en la Bretaña francesa, concretamente cerca de la localidad de Lorient, utilizando como base un lujoso hotel que a su vez se desdoblaba en lo que por entonces se llamaba balneario y ahora resulta ser ‘spa’. Si el “marco incomparable” de la presentación causó impacto entre el grupo de periodistas españoles, no menos lo hizo el producto presentado por Renault: el R5. Escasamente un año antes, y en Lanzarote, habíamos asistido a la presentación del que durante muchos años fue su gran rival, el Seat 127. Las discusiones entre los partidarios de uno y otro coche siguieron hasta mucho después de la desaparición de ambos (y hoy siguen en algunos foros), pero al margen de sus respectivas virtudes, de lo que no hay duda es de que, estéticamente, el Renault marcó un giro copernicano en cuanto a diseño, especialmente teniendo en cuenta que hablamos de coches del Segmento B.

Renault 5 Copa 

Y es que, hace prácticamente cuarenta años, la línea en general y algunos detalles estéticos en concreto, suponían una auténtica revolución. Muy en concreto, la forma y el posicionamiento de los grupos ópticos traseros fueron toda una sorpresa, porque hasta el momento solían ser, al menos en coches de semejante tamaño, unos pequeños puntitos rojos y ámbar de forma redonda, cuadrada o ligeramente rectangular. Y verlos integrados en el diseño del pilar C posterior, con una amplia dimensión vertical (que posteriormente se aumentó en el ‘restyling’) y situados mucho más arriba de lo que hasta el momento era habitual, supuso toda una conmoción.

 

Aunque no era el único detalle, porque también los faros estaban muy integrados en el diseño del frontal, y el propio lateral de la carrocería, con sus amplias protecciones, también suponía un gran salto adelante en el diseño. Pasado un tiempo, los grupos ópticos traseros han ido evolucionando en el sentido marcado por Renault (Volvo y Mitsubishi fueron los primeros en seguir), pero al R5 le cabe el honor de haber sustituido lo que hasta entonces eran los ‘pilotos’, por unos elementos de alumbrado perfectamente integrados en el diseño, y no como un añadido obligatorio.

 

Técnicamente, el R5 derivaba del R4, en cuanto a la posición central-longitudinal del motor, con la caja de cambios volada por delante del diferencial. Se trataba de una implantación exclusiva de la marca, que también encontró su lugar tanto en el R6 como en el R16, un par de coches situados uno y dos segmentos más arriba, respectivamente. Dicha implantación tenía la ventaja de ofrecer un reparto de pesos equilibrado, pero el inconveniente de restar habitabilidad; por otra parte, la situación de la caja de cambios daba lugar a que la palanca estuviese en la misma posición que en el Citroën 2 CV. Un alto porcentaje de los automovilistas españoles de aquella época, sumados todos los coches de las dos marcas con semejante disposición, condujeron con tan peculiar sistema de mando de la transmisión; sistema que muy recientemente ha retornado en parte, con algunas palanca que, al accionar un mando por cables y no por barras, sale del centro del salpicadero.

Renault 5 Copa 

El R5 era un coche de suspensión confortable, aunque no llegaba a los grados de balanceo de los Citroën; por otra parte, desde el principio llevó ya el motor “Sierra” de cinco apoyos de bancada, un detalle que hasta entonces no era demasiado habitual. Pero, como ya digo, y aunque dio mucho juego como vehículo fiable y de comportamiento rutero seguro y confortable, el impacto del R5, sobre todo en los primeros años tras de su lanzamiento, vino mucho más por lo personal, llamativo y moderno de su línea, que durante bastante tiempo se mantuvo como lo más avanzado que había entre los pequeños utilitarios, como se llamaba entonces a los coches del segmento B.

 

Una versión de particular relieve fue la denominada R5 Copa, aunque posteriormente apareció un R5 Turbo de mayor potencia gracias a la sobrealimentación, pero cuya mecánica se derivaba de otras ya conocidas (R11 Turbo) y utilizaba la culata plana de válvulas paralelas.

 

Porque lo significativo del ‘Copa’, al margen de servir de base para unos cuantos años de la competición monomarca (y de ahí su denominación), es que gracias a él por fin llegó al mercado español la afamada culata hemisférica Gordini con árbol de levas lateral pero doble eje de balancines, que articulaban en sentido opuesto. Lanzada con el primitivo R8 Gordini y luego en el R12 Gordini y en el R16 TS, su rendimiento era claramente superior al de la culata plana. Como anécdota, puedo decir que perseguí durante bastante más de un año el conseguir una unidad de pruebas, hasta que –supongo que por cansancio– en Fasa-Renault decidieron poner una unidad en dicho parque. La mayoría de los colegas ni lo supieron ni, por lo tanto, me lo agradecieron nunca, pero lo probaron gracias a mi testarudez.

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