Coches para el recuerdo: a prueba el DeLorean DMC-12 de Regreso al Futuro

El DeLorean DMC-12 es, sin duda alguna, uno de los coches que ha aparecido en el mundo del cine con mayor legión de seguidores. Rescatamos una espectacular prueba íntegra de nuestros compañeros de Motor Clásico.
Motor Clásico.

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Coches para el recuerdo: a prueba el DeLorean DMC-12 de Regreso al Futuro
Coches para el recuerdo: a prueba el DeLorean DMC-12 de Regreso al Futuro

El proceso de desarrollo del DeLorean DMC-12 se prolongó tanto que iba camino de convertirse en el prototipo perpetuo. La entrada de Lotus en el proyecto DeLorean sería crucial para que deviniese algo tangible, pero también lo transformó en una especie de Lotus Esprit sofisticado.    

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El DeLorean DMC-12 es un automóvil extraño, curioso, difícil, rodeado de un aura de misterio, leyenda y cierta maldición  por la rocambolesca trayectoria vital de su artífice, John Z. DeLorean, y convertido luego en mito popular gracias al cine (a la película de culto Regreso al Futuro). Esto lo hace tremendamente atractivo para sus muchos admiradores. De los 9.200 ejemplares construidos (no todos comercializados) se calcula que sobreviven unos 6.600, de los cuales una docena o algo más en España, donde tiene también sus fans.  

DeLorean DMC-12«Diría que es un coche que no destaca por nada en especial, pero posee un encanto particular innegable», nos cuenta Jordi, propietario del DeLorean DMC-12 que hemos probado. «Tampoco lo calificaría de deportivo, ni de GT; más bien… coupé de bulevar. No es un vehículo que pida andar a todo trapo por carreteras de curvas, pero tiene un motor suave y agradable. A nivel de usuario resulta bastante fiable. Eso sí, con el cierre automático de las puertas existe el peligro de quedarse encerrado, o de que se queden las llaves puestas y el coche cerrado ¡no sería la primera vez! Pese a todo, no deja indiferente a nadie. A mí me encanta su estética, su historia, todo… Es algo realmente único, y por esto lo tengo.» 

DeLorean DMC-12: su diseño exterior e interior

Entiendo la fascinación que produce el DeLorean DMC-12. Seduce nada más verlo, con sus puertas en alas de gaviota que se abren en menos espacio que unas convencionales y permiten acceder al interior de manera fácil y cómoda. No hay que hacer contorsiones para acomodarse en los excelentes asientos de cuero, que son cómodos y sujetan bastante bien. A pesar de que no hay mucho espacio en el habitáculo, dominado por el alto túnel central, el grado de confort y habitabilidad es óptimo. 

DeLorean DMC-12El motor arranca con un sonido discreto y filtrado, apenas un simple murmullo a nuestra espalda. A menos de 5.000 rpm se muestra lineal, soso incluso, pero tal vez no sea un defecto sino una de las virtudes del V6 PRV de 130 CV: su suavidad de funcionamiento. A un ritmo algo más fuerte revela mayor viveza, y el DeLorean saca a relucir unas reacciones más nerviosas debido a un reparto de pesos (35/65) bastante delicado si se le exige a fondo. Poca ayuda del cambio, de extraño escalonamiento e incierto tacto; mucha la de la dirección, precisa y segura. Los frenos cumplen con corrección ¿Coupé de bulevar? Tras probar uno de los primeros DMC-12 en EEUU, un reputado periodista escribió que había sido diseñado con notable oficio pero criticó su tacto duro y la escasa aceleración, tildándolo de coche para «jet-setters, high rollers and those with plenty of money who want to be the first in the country club parking lot with it». 

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DeLorean DMC-12: su gestación

A pesar de su complejo proceso de desarrollo, el vehículo no estaba resuelto del todo. En la etapa final su gestación se alargó más de lo previsto para poder cumplir con las normas americanas en altura de faros y paragolpes, que no estaban en vigor cuando el prototipo salió de Italdesign, obligando a aumentar su altura al suelo unos cuantos centímetros. Y no es sólo que su aspecto resulte algo extraño, con ese hueco entre el neumático y el paso de rueda delanteros. Sus bajos son muy planos y lisos, y el desequilibrio entre un motor trasero en voladizo y un tren anterior alto y ligero le condena a una adherencia precaria a alta velocidad. 

En 1976 se hizo el primer prototipo, con el motor cuatro cilindros transversal del Citroën CX, que no fue nada satisfactorio. Al año siguiente se le dotó el V6 PRV de 2,7 litros y caja de cambios de Renault 30. A la larga quedó claro que su potencia no estaba a la altura de lo esperado en un coche así, y DeLorean llegó a preparar hasta cuatro prototipos con sobrealimentación (con uno y dos turbocompresores) que no dieron mal resultado. Pero para entonces la compañía estaba a punto de ser liquidada y el desarrollo quedó cortado de raíz. Una parte importante del plan original era usar un monocasco de plástico multicapa llamado Elastic Reservoir Molding (ERM), en el que unas hojas de espuma de un tipo de uretano de 0,5 cm de grueso iban intercaladas entre láminas de fibra de vidrio y luego prensadas. Dos subchasis de acero delante y detrás alojaban el motor, la transmisión y las suspensiones. Pero antes de que se construyera el segundo prototipo, el concepto ERM fue descartado y se empleó simple fibra de vidrio. 

DeLorean DMC-12En 1978, firmado el acuerdo con el gobierno británico para construir el coche en Belfast, John DeLorean aún estaba intentando negociar su desarrollo con algunas marcas europeas. Su favorita era Porsche, pero pedía cuatro años de plazo y mucho dinero. Así que cuando Lotus aceptó realizar el mismo proyecto por menos de la mitad del presupuesto y en sólo 18 meses, no dudó ni un segundo en firmar el acuerdo. Colin Chapman exigió carta blanca —y la obtuvo— para rediseñar la estructura del vehículo según su criterio. Estaba claro que aquel prototipo no se sostenía fácilmente: en vez de una carrocería de material sintético sobre un chasis de acero, lo que ahí había era una  carrocería de acero sobre un chasis de plástico… 

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Su experiencia en la fabricación de coches de fibra con bastidores de espina central le indujo a pensar que el DeLorean no saldría airoso del obligatorio «crash test». Recurrió a los potentes ordenadores de la firma aeroespacial Grumman para analizar la estructura, y el resultado fue que el grupo motor-transmisión posterior invadiría el habitáculo tras un impacto a poco más de 40 km/h… Así que antes de entrar en producción, el DeLorean se había convertido virtualmente en un Lotus con motor trasero, chasis-viga en doble Y y suspensión independiente bajo la bella carrocería diseñada por Giugiaro. 

Aparte del limitado rendimiento del coche, también estaba la cuestión de su carácter dinámico. John DeLorean solía argumentar que si Porsche había diseñado su 911 con motor trasero la idea tenía que ser buena. Pero a la hora de la verdad el DeLorean no se comporta como un 911. Cuando uno percibe esa inquietante sensación de llevar un propulsor colgando por detrás del tren posterior enseguida le asaltan las dudas. No importa lo buena que sea la suspensión ni el excelente trabajo de ingeniería realizado en su desarrollo cuando no se pueden disimular los efectos de un alto momento polar de inercia, cuyo arranque le conducirá inexorablemente a una situación más angustiosa… 

El fracaso del DeLorean y la mayoría de circunstancias que envolvieron su creación es materia ya bien conocida. El coche tuvo una vida corta y turbulenta. La de un automóvil que parecía lo que no era, y era algo que no parecía ser. Dos cosas a la vez. Deslumbrante, como el reflejo del sol en su brillante y delicada carrocería de acero inoxidable SS304. Desconcertante, como un espejismo, inexplicable pero poderosamente magnético.

DeLorean DMC-12: prueba en vídeo

 

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