Porsche 356 C Coupé

En 1963, Porsche lanzaba la última evolución del 356 con un motor de 1.600 en dos variantes, 1.600 C de 75 CV y 1.600 SC de 95 CV. Con frenos de disco y una imagen claramente más perfilada que las anteriores, los C fueron el “canto del cisne” de la saga e, incluso, sus buenas cualidades les harían coexistir un par de años con el 911.
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Porsche 356 C Coupé
Porsche 356 C Coupé

Una vez acomodados, con la sensación de que en el 356 C no hay muchas concesiones al lujo, pues queda bastante chapa a la vista y la tapicería es de plástico, giramos la llave de contacto que, como es lógico en un Porsche, va situada a la izquierda del volante y comprobamos que el motor gira sin problemas desde el primer momento, pese a que vaya alimentado por dos carburadores de doble cuerpo. La realidad es que alcanza rápidamente su temperatura de régimen, ventaja de la refrigeración por aire, y responde sin vacilaciones a los pocos metros de haber comenzado a rodar.

Los primeros kilómetros a los mandos del 356 C de 75 CV pueden ser algo decepcionantes, al menos para quienes esperen grandes prestaciones. Los 75 CV mueven con facilidad los 935 kilos del conjunto y su capacidad de aceleración y recuperación podría ser buena en 1963, pero hoy no parecen nada del otro mundo, transmitiendo la sensación de que vamos más bien a los mandos de una berlina de buen andar que a los de un auténtico deportivo. Esta sensación queda reforzada por el buen comportamiento del motor de 1.600 cc, que da lo mejor de sí a regímenes bajos e intermedios. Empuja francamente bien desde poco más de 1.500 rpm y sigue haciéndolo hasta las 5.000, pero por encima de este régimen no se encuentra a gusto y parece pedirnos que pasemos a una marcha superior.

Esta disposición a empujar a regímenes intermedios le permite tirar sin problemas de una 4ª con un desarrollo bastante largo de 33 km/h a 1.000 rpm en 4ª, lo que se traduce en la posibilidad de rodar ligeramente por encima de los 130 km/h con el motor girando a 4.000 rpm. Régimen de giro que el motor parece capaz de mantener de forma indefinida sin el más mínimo síntoma de fatiga.

Si queremos movernos con agilidad en zonas viradas, la segunda permite llegar hasta 80 km/h y la tercera hasta 123 km/h, velocidades más que suficientes para disfrutar de la conducción del 356 en zonas de curvas. En estas condiciones, la tercera se muestra como una marcha capaz de poder con todo, y sólo en curvas muy cerradas o paellas habrá que recurrir a la segunda. También es cierto que en este tipo de terreno salen a relucir las limitaciones de sus suspensiones heredadas del Escarabajo y la posición del motor por detrás del eje rasero. Por un lado, la dirección no es muy precisa. Por otro, las suspensiones son suaves y con un guiado un tanto particular.

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p> Finalmente, el reparto de pesos poco equilibrado no ayuda demasiado a rodar fuerte en zonas de curvas notándose, primero, un clara tendencia al subviraje y, después, una cierta tendencia a desplazar el eje trasero, cuyas ruedas tienen fuertes cambios de caída en función de los apoyos del coche. Dicho así, la cosa parece bastante dramática, pero en la realidad la conducción del 356 puede ser bastante divertida, ya que se pueden controlar con facilidad sus movimientos a base de mover su gran volante y su centro de gravedad, bastante bajo, ayuda a que las cosas no lleguen a extremos peligrosos. Por otro lado, el equipo de frenos con 4 discos se muestra mucho más eficaz y resistente a la fatiga que los 4 tambores de las versiones anteriores. Si a esto sumamos que sólo hay que detener 935 kilos y que los 75 CV no permiten velocidades muy altas, nos encontramos con un sistema de frenado al que es difícil llegar a poner en apuros, a no ser que abusemos de ellos de forma sistemática bajando puertos.

Otra sorpresa agradable de este vehículo con tan fuerte carácter, son sus consumos. Ya sabemos que en un vehículo de los años 60 este apartado no tiene mucha importancia, pero también es de agradecer que el 1.600 cc difícilmente llegue a pasar la barrera de los 10 litros a los 100 km, pese a la presencia de dos carburadores dobles. El depósito de 50 litros nos consiente una autonomía cercana a los 500 km, una cualidad muy útil a la hora de participar en rallyes, ya que, normalmente, podremos hacerlos sin necesidad de pasar por el surtidor. Hemos de confesar que el 356 C nos ha dejado gratamente impresionados, no sólo por el gran atractivo y la fuerte personalidad de sus formas, sino también por la sencillez de sus soluciones mecánicas, su comportamiento atípico, el más que destacable confort de sus suspensiones y, sobre todo, la impresión que transmite de rodar en una máquina extraordinariamente fiable y con soluciones técnicas sencillas pero eficaces. Probablemente, por estas últimas razones la mayoría de los 356 que fabricó Porsche aún sigan rodando por las carreteras de todo el mundo.

La contrapartida a este atractivo está en que los 356 se han convertido en vehículos muy bien valorados por los aficionados, y para conseguir uno en buen estado hace falta soltar un buen número de euros. Pese a ello, su compra no será mal negocio ya que estos coches no dejan de subir desde hace unos cuantos años.

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