Los pasos fundamentales

Resucitar un Aston Martin, un Hispano Suiza o un Bugatti de los años cincuenta es un sueño al alcance de unos pocos. Se necesita dinero, pero, sobre todo, mucha paciencia: desengañémonos, es una tarea mucho más ardua que cambiar el aceite al coche. Todo un arte, pero con un guión muy estricto.
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Hace más de medio siglo que estas joyas abandonaron nuestras carreteras, muchas veces tras un paso fugaz. En los años treinta -por ejemplo-, los coches se vendían casi a piezas: se adquiría un chasis y, luego, un carrocero montaba el vehículo según la necesidad del cliente, que podía usarlo como ambulancia, para llevar mercancías o para ir con la familia al campo. Por tanto, hay que saber qué tenemos entre manos. Para ello, se puede recurrir a las bibliotecas de las escuelas de Ingeniería Industrial, a librerías especializas o a publicaciones del sector, como Motor Clásico.

Esta fase es fundamental no sólo para poder presumir a posteriori del gran trabajo que vamos a realizar, sino, fundamentalmente, para saber dónde iba cada pieza en caso de dudas. Restaurar un coche es como montar un puzzle gigantesco, mejor que no lo hagamos a ciegas.

Antes de ponernos el mono de trabajo, es recomendable conseguir los permisos necesarios para que nuestro coche pueda circular. Debemos acudir a la Dirección General de Tráfico y al Ayuntamiento de nuestra localidad, ya que hay consistorios que eximen a los vehículos clásicos de determinados impuestos.

Si estamos dispuestos a rascarnos un poco el bolsillo y hemos conseguido bastante tiempo libre, también tenemos que buscar un espacio adecuado (un garaje donde dejar los trastos y almacenar todas las piezas). Lo ideal sería disponer de un foso, pero -en su defecto- nos podremos arreglar con unas plataformas de elevación de vehículos. El banco de trabajo con las herramientas, los cajones, los botes e infinidad de etiquetas para identificar cada elemento son fundamentales en este particular quirófano.

Hay que "diseccionar" literalmente nuestro clásico. El orden y la delicadeza son fundamentales para desmontar el coche. Los expertos recomiendan que se guarden todas las piezas, incluso los tornillos (probablemente estén inservibles, pero, si no encontramos recambios, tendremos que duplicar el original). En primer lugar, retiraremos la guarnición exterior -parachoques, perfiles cromados, faros, pilotos, tapacubos...-; después, el interior -techo, suelo, asientos...- y, posteriormente, las lunas. Luego, pasaremos al apartado mecánico procurando lubricar todas las piezas antes de desmontarlas y extraer "órganos completos": motor, caja de cambios, árbol de transmisión, tubo de escape, mandos del acelerador y el embrague, conexiones del combustible...

Llega el momento de acondicionar la chapa, detectar los deterioros de la carrocería y eliminar el óxido. Después de "seccionar" las zonas dañadas, lijaremos los bordes y soldaremos las nuevas planchas. Es un trabajo digno de orfebres -cada pieza tiene que ser moldeada para encajar a la perfección con el resto-, por lo que debemos conseguir un buen yunque y un juego de martillos.

El salpicadero es una de las piezas más difíciles de conservar en un automóvil y una de las más caras de recuperar si buscamos recambios. No obstante, si está en muy mal estado, podemos encargar que nos lo cubran de fibra de vidrio, utilizando el original como molde. Lo más probable es que también tengamos que tapizar el vehículo, ya que la tela original no estará para muchos trotes.

Ahora entenderemos el porqué de tantas notas y fotografías. Hay que montar el vehículo con total exactitud.

Prepararemos las superficies lijándolas y eliminaremos cualquier rastro de grasa. Posteriormente, daremos una ligera capa de imprimación (una sustancia que permite que la pintura se adhiera mejor), volveremos a lijar (con una lija más fina), si fuera necesario, y... a pintar: se dará una capa uniforme de pintura y, por último, se puede aplicar una laca brillante. Cuando la pintura esté completamente seca, es aconsejable pulir la superficie con un pulimento y algodón.

Cualquiera de estos apartados -como ya hemos dicho- precisa una gran minuciosidad. Muchos resultan, por lo menos, "delicados". Además, las piezas de recambio no se encuentran en los supermercados. Ante cualquier duda, lo mejor es acudir a un especialista, aunque esto último no resulta tampoco fácil: en España hay muy pocas instalaciones que se dediquen de manera exclusiva a esta actividad. Por eso, hemos recopilado un listado de talleres especializados que nos podrán ser muy útiles.

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