OSCA MT4 Siluro Spider

Los hermanos Maserati perdieron el control de su marca justo antes de la II Guerra Mundial. Tras diez años de inactividad fundaron OSCA. El MT4 fue su coche estrella, un sport de pequeña cilindrada que lo ganó todo en su tiempo.
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OSCA MT4 Siluro Spider
OSCA MT4 Siluro Spider

Una vuelta a Le Mans
Conozco el circuito de La Sarthe desde hace más de veinte años. Lo he recorrido hasta sus confines por caminos intransitables, buscando el mejor ángulo para una foto. He circulado muchas veces por las carreteras abiertas al tráfico y hasta he girado en el circuito Bugatti, pero nunca había corrido en el gran "Circuit 24 Heures". Era una gran responsabilidad, sobre todo porque el coche no era mío y porque había otros sesenta pilotos en pista, algunos con aún menos experiencia que yo.

Por fin me llegó el turno y salté al interior del habitáculo con una agilidad que aún no me creo. "Lo principal es no calarlo" pensé, así que aceleré un poco y solté despacio el embrague. Arranqué como un rayo oyendo un ligero chirrido. Al parecer dejé dos marcas negras en el asfalto y algún ceño fruncido por detrás... A final de boxes había bandera verde, así que tomé la línea interior de la primera curva mirando por el retrovisor. Olía a chuletas y el humo de las barbacoas inundaba la pista. "¡Vaya cuesta!; andando no parece que haya tanta pendiente en la chicane del puente Dunlop", me dije. Al coronar no recordaba hacia dónde tira la nueva "S" estrenada este año. "¡Ah!, es a izquierdas", y le sigue un serpentín rápido que enlaza con las "eses" del Tertre Rouge.

Ya estaba en mi terreno: atajé las dos por dentro del arcén, como lo he visto hacer tantas veces en las 24 Horas. Poco más allá está la entrada a Hunnaudières, más cerrada de lo que creía. En cuarta me fui de arcén a arcén sin quitar ojo a dónde empieza la grava. "Mejor en tercera".

Comienza la recta con la fila de árboles a la izquierda y compruebo que la velocidad punta no es muy punta. Los comisarios me agitaban sus banderas azules como si me conocieran de toda la vida, mientras otros coches me pasaban de dos en dos por la izquierda. Veo de lejos la primera chicane. "Haz memoria, ¿para dónde va ésta? Para la derecha". Me sitúo a la izquierda, freno en los 300 metros... y tengo que volver a acelerar. Ojo que engaña, la curva de la chicane es muy larga. Hay que entrar despacio para salir deprisa o te vas a la grava. La aceleración se hizo eterna y volvieron a pasarme más coches, como si estuviera parado. Un rato más y la otra chicane: lo mismo pero en dirección contraria. Por fin, Mulsanne. "¡Caramba! es más cerrada de lo que parece". Cuarta y pedal a fondo: es la zona más rápida del circuito, una carretera serpenteante hacia Indianápolis. Me situé a la izquierda para trazar…, pero no hacía falta, aunque casi metí dos ruedas en la hierba.

Veo manchas azules por todos lados: son los gendarmes. La llegada a la peraltada de Indianápolis es vertiginosa. Toqué el freno por precaución, pero no hacía falta. Inmediatamente tercera y el coche giró sólo con un golpe de volante. Se estira la tercera antes de la frenada de Arnage. Pero en tercera el motor sale "muerto". Hay que meter segunda la próxima vez para salir alto de vueltas. Oí vítores a mi espalda, porque estaba lleno de gente. Era importante salir rápido para llegar holgado a las curvas Porsche. La primera puede hacerse en cuarta porque es muy abierta, pero es mejor poner tercera y negociarlas todas con el motor alegre. Esta parte no la conocía: es muy virada y con muros amenazadores a ambos lados. Me tocará adelantar varias veces en carrera y por fuera: ¡qué escalofrío!. A la salida, máxima aceleración y hasta cuarta antes de la frenada de la Chicane Ford. Ya veo al fondo las tribunas y los boxes. Esta zona es divertida. La primera "ese" tiene bordillos altos, pero la segunda los tiene planos y pueden cortarse por el medio, para no perder giros de motor en la recta. El escape retumbaba entre los edificios y desde boxes me hacían señas. Me quedé en la línea exterior para trazar la primera curva: comenzaba una nueva vuelta.

Cuando al fin cayó la bandera a cuadros la alegría fue indescriptible. Era como ganar las 24 Horas de verdad. Los comisarios saltan a la pista y hacen pasillo agitando sus banderas multicolores. No hay diferencia con la "Plus Grande Course du Monde".

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