El día que domamos al Jeep Wrangler (la verdadera historia)

Hace dos décadas los todoterreno causaban furor. Modelos tan míticos como el Jeep Wrangler nos dejaron momentos imborrables. Como este auténtico caballo loco.
Juan Collín y Jordi Moral.

Twitter: @autopista_es Fotos: Pacheco. -

El día que domamos al Jeep Wrangler (la verdadera historia)
El día que domamos al Jeep Wrangler (la verdadera historia)

Seguimos con la serie de reportajes y momentos míticos en nuestra editorial Motorpress Ibérica: un patrimonio que forma parte ya de la historia española del automóvil, en color y en blanco y negro. Si el otro día os mostramos tanto la prueba original, como sobre todo las espectaculares fotografías, del siempre recordado Fiat Uno Turbo de 1986, hoy es momento de recordar una de las sesiones más divertidas, peligrosas y locas que hemos realizado: la del Jeep Wrangler 4.0 Laredo de 1993.

A lomos de este Jeep Wrangler siempre tan especial se subía nuestro compañero de la revista Automóvil Juan Collín. En su revista siempre han intentado que las sesiones de fotos no sólo sirvan para enseñar cómo es el coche. En cierta manera, siempre han intentado buscar algo más. Y así nos cuenta hoy el propio Juan Collín lo que inventaron hace ya más de dos décadas.

 

“Pretendemos siempre que las fotos tengan un cierto sentido y representen, de alguna manera, lo que se quiere decir en la prueba y, por supuesto, que el lector disfrute cuando hojea las páginas de la revista. Una de las sesiones de fotos en las que recuerdo haberme divertido más, fue en la prueba del Jeep Wrangler 4.0 Laredo realizada en diciembre de 1993.

Al tratarse este Jeep Wrangler de un vehículo off road americano se nos ocurrió hacer una sesión de fotos basada en las películas de vaqueros. El Wrangler, equipado con el potente motor de seis cilindros y 4 litros de cilindrada, se convertía en un auténtico potro salvaje y esto es algo que intentábamos hacer ver en las fotografías que realizamos durante la prueba.

No dudamos pues en disfrazarnos de vaqueros del lejano oeste para dar ambiente, también intentando hacer fotos de acción bastante salvajes, espectaculares saltos e impresionantes derrapadas. Pero, sin duda, la foto más controvertida y compleja en su realización fue en la que simulábamos que el Jeep era una diligencia guiada por un vaquero que viajaba en el techo. Todavía recuerdo lo que nos pudimos reír realizando la escena, si bien es verdad que aquello no estuvo exento de cierto riesgo.

El Jeep Wrangler lo conducía nuestro antiguo compañero del Centro Técnico Anselmo Sanchez, historia viva. Era por un camino y para que no se le viera en las fotos, iba literalmente tumbado sin apenas divisar la pista por la que transitaba. El que suscribe estas líneas tuvo el valor de viajar en el techo sujeto a las riendas revolver en mano, si bien es verdad que también empleamos una correa de seguridad que conseguimos que no se viera en las fotos.

Jeep WranglerAun así, lo cierto es que no daba mucha confianza viajar de esa guisa. Conseguimos la foto que buscábamos, pero desgraciadamente la directora de arte de la revista no autorizó su publicación entonces al considerarla poco seria. Una pena después de tanto esfuerzo, aunque ahora, dos décadas después, por fin hemos encontrado una excusa perfecta para publicarla.

Hay alguna anécdota de esta sesión que permanece aún en nuestra memoria. Todavía recuerdo la cara del operario de la gasolinera cuando, al bajarme a repostar, se me olvidó que llevaba puesto el disfraz de vaquero, cartuchera y pistola incluidas. El hombre no se pudo resistir a preguntarme si veníamos de rodar una película… Y, para probar el Wrangler, me recorrí los caminos de media sierra madrileña. En la actualidad, con tanta prohibición, me hubiera convertido en un delincuente ecológico. Lo cierto es que nunca tuve la sensación de estar haciendo ningún daño al medio ambiente. Una verdadera pena.  

El Jeep Wrangler 4 litros era un sin duda un vehículo tan lúdico como divertido. Una máquina que llamaba mucho la atención por aquel entonces, como ocurre hoy en día con el modelo actual que, en apariencia, es prácticamente igual. El veterano Jeep ofrecía un manejo muy gratificante cuando se abandonaba el asfalto. Las cualidades off road eran sobresalientes, mientras que sobre caminos y pistas resultaba muy divertido, pero su manejo exigía pericia y modular bien con el gas para no ir siempre de lado. Mucho mejor si se insertaba la tracción total y la reductora para atacar las trialeras más difíciles, donde el veterano Jeep se encontraba en su salsa.

Eso sí, todo tiene un límite y por aquel entonces éramos bastante dados a sobrepasarlos. No es de extrañar que nos quedáramos atrancados en un paso complicado, en medio de la nada y tardáramos varias horas en rescatar el coche por nuestros propios medios, justo a tiempo antes de caer la noche, evitando así tener que dormir dentro del coche. Por aquellos tiempos, lo del teléfono móvil era casi ciencia ficción.

Por carretera el Jeep Wrangler 4.0 gracias a los casi 180 CV que desarrollaba su propulsor seis cilindros de 4 litros, era capaz de rodar a un ritmo bastante elevado, y prueba de ello es que superaba con facilidad los 170 km/h. Evidentemente el veterano Jeep no estaba pensado para estos menesteres; las suspensiones mediante eje rígido guiados por ballestas, además de incómodas, no ofrecían demasiada precisión en las trayectorias, lo que obligaba a realizar con el volante correcciones constantes en la trayectoria.

Mucho mejor era tomarse las cosas con calma y disfrutar del viaje con el Jeep Wrangler, sobre todo rodando a cielo descubierto. No conviene olvidar que la aerodinámica resultaba absolutamente nefasta y que el motor seis cilindros resultaba especialmente glotón, con lo que los consumos podían ser extraordinariamente altos a poco que uno se animara con el pedal del gas. En conducción más tranquila un consumo medio en torno a los 13 litros se podía considerar normal, pero no había que rodar muy por encima del límite legal para superar con holgura los 15 litros cada 100 kilómetros. Evidentemente, eran otros tiempos y la gasolina tenía otro precio”.

 

Otro documento histórico de uno de los mejores probadores que ha habido nunca en Motorpress Ibérica, y del que afortunadamente seguimos todavía disfrutando. ¡Gracias, Juan!

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