Goodwood Festival of Speed

La presencia de pilotos ya consagrados como Stirling Moss y la celebración de aniversarios señalados del BTCC, Cosworth, Land Rover y del Ford Escort protagonizaron esta fiesta.
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Goodwood Festival of Speed
Goodwood Festival of Speed

El lema de esta edición –“De Hawthorn (primer inglés campeón de F-1) a Hamilton”- no dejaba lugar a dudas. Este año el “FoS” rendía tributo a quienes han llevado la bandera británica a lo más alto de los podios de los circuitos de todo el mundo. Moss, Clark, Surtees, Hunt, Stewart, Bell, McRae, Sheen, Redman y Watson, entre muchos, lo hicieron sobre dos y cuatro ruedas. Unos ya han desaparecido, pero otros están aún en el candelero y se dejaron ver por la pradera.

Alrededor de ellos y de las marcas locales que los auparon (con especial presencia de los equipos de F-1 cuyas sedes deportivas se hallan en las islas) giró un fin de semana que volvió a congregar (según la organización) a unos 140.000 entusiastas. Lástima que muchos –espectadores, participantes y foráneos en especial- se viesen obligados a elegir entre ésta y otra cita ineludible como Le Mans Classic, en Francia.

Pero este primer Festival en Goodwood tiene una idiosincrasia muy definida. Exhibición, lucimiento y cercanía conforman una “hoguera de las variedades” no competitiva donde la llama la ponen pilotos conocidos y monoplazas de Gran Premio –desde principios de la automoción hasta hoy-, Le Mans, CanAm, Nascar, Indy, Grupo B de rallye, Turismos de circuito, Dragsters, superdeportivos actuales y prototipos de futuro. El otro plato fuerte de Goodwood, el Revival –del 19 al 21 de septiembre- es diferente. En él la competición, las carreras en estado puro y sólo los coches y las motos históricos adquieren el papel principal.

Pero si algo caracteriza al “FoS” es que supone un agotador peregrinaje en torno a la “Goodwood House” de la vasta finca de Lord March. Alrededor de ella se concentran la pista principal –en realidad una estrecha subida de apenas un kilómetro y ochocientos metros-, un circuito de rallye diseñado por el propio Hannu Mikkola en medio de un frondoso bosque, los diferentes paddocks para cada motivo automovilístico, el “Autojumble” central, el Concurso de Elegancia Cartier y la subasta de Bonhams. Mil y un focos que reclaman sin cesar igual atención. Hasta del cielo suele sumarse al espectáculo con el constante vuelo rasante de aviones de otros tiempos como los cazas Spitfire de la R.A.F.

Al margen de los jóvenes que como Hamilton, De la Rosa, Gené, McNish y Minassian estuvieron sujetos –los deberes promocionales obligan- a los volantes de sus actuales McLaren MP4, Ferrari F2008, Audi R10 y Peugeot 908, respectivamente, no faltaron aquellos que tuvieron y aún retienen. Stirling Moss lo demostró llevando el Vanwall de Gran Premio, Jackie Stewart hizo lo propio primero con un Matra MS80 y luego con un Tyrrell 001, John Watson con un Porsche 962, Hannu Mikkola con el siempre espectacular Audi Quattro S1 y Rauno Aaltonen con sendos Mini Cooper y Opel Manta 400.

Más nombres y apellidos legendarios vistos allí, escuchados y hasta tocados: Auto Union tipo D, Star Gordon Bennett, Ferrari 625, McLaren-Chevrolet M10, Williams-Cosworth FW07, Lola T70, Toyota Celica “Pikes Peak”, Mirage GR7, Porsche 917K, Sauber C9, Mercedes SLR, Lancia Stratos... Y motos como las Honda RC, Norton, BMW, DKW... No ha lugar continuar con una lista tan larguísima.

Cambio de tercio: el Concurso de Elegancia Cartier, otro plato fuerte. Esta vez los jueces miraron, examinaron con lupa y finalmente dieron como ganador a un Mercedes-Benz 710 SSK Roadster de 1930, un exuberante descapotable encargado por el conde Trossi y en la actualidad una de las piezas más cotizadas de la colección estadounidense Ralf Lauren. La elección no resultó fácil dado el nivel de los restantes candidatos: un Tucker Torpedo, un Dino 206 Competizione, un Frazer Nash Le Mans, un Ferrari 250 California e, incluso, el auténtico Aston Martin DB5 –el de los “gadgets”- de James Bond.

El tintero sigue a rebosar de instantáneas y, lamentablemente, muchas quedarán ahí. Otras no, como la escultura central dedicada este año a Land Rover y a sus 60 años construyendo todo-terrenos; los AC que recordaban el centenario pasado de la marca londinense; y los 44”19 segundos del piloto que hizo la ascensión más rápida, Justin Law, al volante de uno de los Jaguar-Silk Cut XJR9 grupo C ganador de Le Mans en 1988.

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