Ford B de 1932

El modelo que les presentamos sabe lo duro que es vivir rodeado de mitos. Precedido por los modelos de Ford T y A, su coexistencia con el Ford V8 le condenó a figurar siempre en un segundo plano, por mucho que fuese un coche muy bien adaptado a su momento.
-
Ford B de 1932
Ford B de 1932

La ausencia de complicaciones innecesarias siempre fue una norma en Ford, algo que se percibe ya en el simple hecho de utilizar la única cerradura externa con llave, la que abre la puerta del conductor. Las otras tres puertas cuentan con un seguro que se tiene que accionar desde el habitáculo, salvo que las ventanillas estén bajadas.

Tras poner un pie en el estribo lateral y el otro ya en el suelo interior, ya podemos sentarnos sobre la butaca de escay, cuyo mullido asiento se debe a la acción oculta de unos muelles helicoidales bicónicos. El respaldo cae plano en vertical, sin la menor forma anatómica, por lo que involuntariamente se echan las manos al volante para sentirse algo sujeto. Otra llave se encarga de desbloquear la dirección y de accionar el encendido, que son los primeros pasos encaminados a poner el marcha el motor. ¡Cómo adelantan los tiempos!

A diferencia del Ford A, el Ford B lleva el depósito de gasolina atrás y a baja altura, por lo que utiliza una bomba de gasolina para llevar el combustible hasta el carburador. Tampoco tiene un mando manual de regulación del encendido, aunque sí exige un cierto orden para conseguir que el motor cobre vida. En el cuadro de instrumentación está a la derecha el pomo del estárter, que funciona como tal si tiramos de él hacia nosotros. En cambio, si lo vamos desenroscando irá enriqueciendo la mezcla. Con tiempo frío, dos vueltas serán más que suficientes para enriquecer y después habrá que sacar hacia afuera el mando del estárter.

El contacto se acciona mediante un interruptor instalado en la columna de la dirección, encima del tubo donde va alojada la llave, con lo que para poner el motor en marcha sólo nos faltará tirar del botón situado a la izquierda de la columna de la dirección.

A las primeras explosiones, será necesario quitar de inmediato el estárter, porque de lo contrario ahogaremos el motor, y daremos un leve toque de gas para afianzar un ralentí inicial un tanto revolucionado. En ese momento podemos colocar el estárter en su posición de reposo y comenzar a rodar, con la total confianza de que un minuto después deberemos prescindir por completo de un enrique-cedor de mezcla que ya habremos enroscado a fondo.

Mientras nos mantengamos en primera, que está situada a la izquierda y hacia atrás, el Ford B suena como un camión antiguo y la elasticidad del motor, cuyo par máximo se consigue al tranquilo régimen de 1.500 rpm, hace que sea preferible pasar a la segunda velocidad, a la derecha y arriba. En el tráfico denso de la ciudad y en las fuertes pendientes de los puertos, esta marcha aguanta muy bien y posee una fuerza considerable, además de poderse estirar hasta alrededor de los 70 km/h. Sin embargo, sobre asfalto liso, recto y llano dará buen resultado cambiar a tercera a poco más de 30 km/h, para lo que tendremos que llevar tranquilamente la palanca hacia atrás, esperar a que el motor baje de vueltas e insertar dicha relación, que aunque el cambio esté sincronizado en segunda y tercera, no es muy efectivo.

Con lo dura que resulta la dirección en parado, en marcha es bastante manejable y sus tres vueltas de volante entre topes permiten una conducción ágil siempre que estemos en movimiento y que el firme sea bueno. Pero si nos toca viajar por una carretera bacheada, comprobaremos que las sacudidas de la suspensión delantera afectan a la dirección de una manera un tanto sorprendente, ya que el coche se va hacia la derecha en el momento en que encare un bache la rueda delantera izquierda. Ya por entonces nuestro país tenía un extendida fama de que sus carreteras acostumbraban a estar en pésimo estado, razón por la que aún se instalaban en origen las llantas de 18 pulgadas para asegurar que, ni en la situación más crítica, llegase a tocar el cárter contra el suelo.

Este Ford B mantiene en llano un crucero de 80/90 km/h sin mayores dificultades y en su época estaba al alcance de un limitado grupo de usuarios españoles, sin que por eso pudiese considerársele como un coche de lujo. Tenía a su favor las ventajas de un proceso de producción que reducía notablemente su precio de compra, pero luego había que pagar unos impuestos y un combustible que jamás han sido baratos entre nosotros.

Con Ford llegaron unas formas innovadoras de promocionar la venta de automóviles, que en 1932 se plasmó en una gira promocional a cargo de Miss España, la señorita Teresa Daniel, que recorrió todo el país a bordo de un Ford V8 Sedán de color azul, muy similar en apariencia externa al modelo que les mostramos, salvo por la ausencia del distintivo cromado V8 en el centro de la barra que une ambos faros.

Galería relacionada

FordB_ext

Te recomendamos

Uno de los motivos principales a la hora de comprar un coche de segunda mano es el pr...

Un SUV a la última en tecnología y adaptado a los tiempos modernos. El MINI Countryma...

Bridgestone nos presenta su nuevo neumático Weather Control A005, que mantiene un ren...

Casi todo cuanto imaginas se puede comprar con dinero, menos tu tiempo, pero MINI te ...

El Jaguar E-PACE tiene el honor de ser el primer SUV compacto de la historia de la ma...

El Mitsubishi Eclipse Cross llegó rompiendo moldes entre los SUV compactos del mercad...