Fiat 514 Spider

No es un automóvil superpotente ni muy veloz, pero tiene unos aires de lo más deportivos. Sus líneas son atractivas y resulta agradable de conducir. Una eficaz combinación que Fiat ofertaba en su día para colmar las aspiraciones de los deportistas más modestos.
Autopista -
Fiat 514 Spider
Fiat 514 Spider

Mucha gente piensa que un descapotable es un coche muy veloz. Asocian instintivamente la idea de la capota con la velocidad. A veces es cierto, como en el caso de algunos Hispano, Bugatti, Talbot, Jaguar, Maserati, etc. Sin embargo no siempre es así. Los descapotables suelen ser, desde luego, coches deportivos, pero no tienen por que ser necesariamente muy veloces. Es más, el conductor que quiera hacer altas velocidades haría mejor en elegir un coupé, porque el viento puede ser un verdadero azote si pretendemos caminar muy fuerte en un descapotable.

Entonces, el neófito se sentirá desilusionado: ¿Pero el descapotable no es un coche deportivo?. Sí, claro que sí, pero es que un deportivo es un coche ágil, lo cual no quiere decir que sea necesariamente muy veloz. En realidad son conceptos diferentes. Los venerables hijos de la Gran Bretaña, que siempre han encumbrado la deportividad, parece que tenían esto muy claro. Ahí nos han dejado una larga tradición de pequeños deportivos que son una verdadera delicia; desde los Seven Ulster, los MG tipos J, P y A, Wolseley Hornet, Singer Le Mans, etcétera, de los años treinta, hasta los Austin Sprite, Triumph Spitfire y MG Midget de la posguerra. Ninguno de ellos alcanza velocidades de vértigo, pero responden con alegría al acelerador. Eran coches de pequeña cilindrada (rondando el litro) que aún a pesar de la doble carburación y otras zarandajas, disponían de potencias muy limitadas. Entonces la única solución era ponerles carrocerías livianas.

También los italianos, quizá por aquello del "quore sportivo", tienen su veteranía cuando se trata de autos descapotables, potentes y menos potentes. Es más, si nos centramos en Fiat podemos observar que desde siempre ha venido sacando "versiones deportivillas" de sus autos utilitarios. Y sin ir más lejos ahí tenemos el 850 Spider Bertone, un precioso ejercicio estilístico nacido del humilde 850 de los años sesenta.

En fin, el caso que hoy nos ocupa es otro de estos simpáticos coches, el Fiat 514 Spider. Con su carrocería descapotable de dos plazas no era sino una versión estándar entre las muchas que ofrecía el catálogo de este popular modelo. Mas allá del spider estaban los más especiales 514 S y 514 CA "Coppa delle Alpi", a base de chasis rebajados y motores retocados para participar en las competiciones de su categoría.

El 514 fue lanzado en 1929 para relevar al 509 en el puesto inferior de la gama Fiat, y, a su vez, sería reemplazado a partir de 1932 por el 508, más conocido por su sobrenombre de "Balilla". El 509, pese tener como todos ellos una vocación eminentemente utilitaria, poseía una mecánica bastante sofisticada, con árbol de levas en cabeza. Sin embargo, en el 514 podemos observar una clara tendencia a la simplicidad, más lógica tratándose de un coche de este tipo, y que habría de continuar en el 508. Tanto el 514 como el Balilla llevaban propulsores de válvulas laterales con bloque y culata de hierro fundido y 3 puntos de apoyo para el cigüeñal. Motores elementales que buscaban la economía y la fiabilidad, pues a menos piezas en movimiento menor posibilidad de avería. De hecho, pronto se ganaron la fama de resistentes y consiguieron gran popularidad.

No obstante, si comparamos las cifras de producción veremos que el 509 alcanzó un total de 92.143 unidades, sumando los tipos 509, 509 A, y las versiones deportivas 509 S y SM, producidos todos ellos entre 1925 y 1929. De su sucesor, el 514, se vendieron 38.355 ejemplares entre 1929 y 1932, y luego tenemos 113.165 Balilla (508 y 508 A) realizados de 1932 a 1937. Evidentemente, el balance resulta muy desfavorable para el 514, y ello puede inducirnos a pensar que sufrió cierto rechazo por parte del público, aunque en verdad no hubo tal cosa. Lo que ocurrió es que al 514 le tocó bailar con la más fea, pues coincidió justamente con la gran depresión económica que sufrió el mundo tras el crack de la bolsa neoyorquina, ocurrido a finales de 1929. En tales circunstancias, esa cifra de 38.355 unidades vendidas del tipo 514, lejos de considerarse un fracaso constituye una pica en Flandes y contribuyó en gran manera a que la gran fábrica de Turín lograse superar la crisis.

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