Ferrari 275 GTS

Al volante de un 275 GTS, uno se halla ante la disyuntiva de disfrutar un descapotable discreto y elegante, firmado por un artista como es Pininfarina, o bien sentir el poderío de una máquina Ferrari que te puede hacer sufrir dulcemente.
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Ferrari 275 GTS
Ferrari 275 GTS

La paz y la calma del ambiente enlaza con la discreción de la línea de carrocería. Frente a las voluptuosas curvas de la berlineta, en este predominan la homogeneidad y la fluidez de los trazos. No hay sobresaltos. Sólo las branquias laterales de aireación rompen esa armonía. Con ligeras modificaciones, Pininfarina aplicó un estilo bastante parecido al Fiat 124 Spider dos años después. Pero ahí acaban las comparaciones. Salvo el origen transalpino y que ambas pertenecen al mismo grupo empresarial, entre un Fiat y un Ferrari existe un abismo.

La paz y la calma del ambiente enlaza con la discreción de la línea de carrocería. Frente a las voluptuosas curvas de la berlineta, en este predominan la homogeneidad y la fluidez de los trazos. No hay sobresaltos. Sólo las branquias laterales de aireación rompen esa armonía. Con ligeras modificaciones, Pininfarina aplicó un estilo bastante parecido al Fiat 124 Spider dos años después. Pero ahí acaban las comparaciones. Salvo el origen transalpino y que ambas pertenecen al mismo grupo empresarial, entre un Fiat y un Ferrari existe un abismo.

Acomodarse en la butaca es fácil; hallar el compromiso adecuado entre posición de asiento, volante y pedales, no tanto. El baquet apenas tiene unos centímetros de regulación longitudinal, el diámetro del volante es grande y los pedales se encuentran adelantados y demasiado pegados entre sí. Esta postura tan encima del volante, que en principio puede parecer incómoda, una vez en marcha se torna menos molesta. Motivo: toda acción en el Ferrari requiere cierto esfuerzo. El embrague, el freno, la dirección y la palanca del cambio van duros. No como para ir peleándose con ellos y acabar agotados, pero sí lo justo para sentir cada uno de los movimientos que realizamos y experimentar la grata sensación de controlar, guiar y mandar sobre la máquina.

Porque es fácil que ella te domine, sobre todo si uno se deja atrapar por el siempre hechizante sonido del V12. Sin embargo, en absoluto debemos interpretar que responde siempre de manera brusca. De hecho, permite rodar en marchas largas a 2.000 rpm sin el menor tirón y síntoma de ahogo, y acelerar con suavidad hasta donde nuestra prudencia sea capaz de llevarnos. Margen hay suficiente.

Porque es fácil que ella te domine, sobre todo si uno se deja atrapar por el siempre hechizante sonido del V12. Sin embargo, en absoluto debemos interpretar que responde siempre de manera brusca. De hecho, permite rodar en marchas largas a 2.000 rpm sin el menor tirón y síntoma de ahogo, y acelerar con suavidad hasta donde nuestra prudencia sea capaz de llevarnos. Margen hay suficiente.

¿Cuáles son las pegas entonces? Vaya por delante que la principal es el mal conductor. A partir de ahí, en trazados virados, llendo a un ritmo fuerte, el reparto de pesos y la potencia disponible condicionan claramente su comportamiento: subvirador a la entrada en curva y sobrevirador a la salida. Para quien sepa utilizar con agilidad la mente, las manos y los pies (por cierto, la maniobra punta-tacón no es fácil), este carácter le reportará enormes satisfacciones. No obstante, al poco avezado e impetuoso, las cosas se le pueden complicar en exceso, máxime cuando la principal tacha que puede ponérsele a este coche es el equipode frenos. Los cuatro discos (de 280 y 275 mm de diámetro, delante y detrás respectivamente), aun con ayuda de un servo, no dan la confianza necesaria cuando se circula tan rápido como invita a hacerlo.

Muchos pensarán que un descapotable de este porte no es para ir de carreras, sino para pasear elegante y tranquilamente. ¡Cierto! Podemos viajar a ritmo sosegado, sintiendo como el aire roza suave nuestra cabeza, como el sol da brillo a los pensamientos, y de fondo, música blues de los sesenta... Sí, muy poético, pero perdonen mi indisciplina: yo me quedo con el hechizo del espíritu Ferrari. Prefiero sufrir, escuchar y sentir el brío del doce cilindros que me precede... con todo lo que ello conlleva.

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