¿Te acuerdas del Cadillac Cyclone? Probamos el "coche cohete"

En 1959, General Motors presentó el Cadillac Cyclone, una especie de "coche cohete", el último de sus prototipos que era una mezcla de automóvil y avión.
Dani Heyne / Fotos: D. Heyne -
¿Te acuerdas del Cadillac Cyclone? Probamos el "coche cohete"
¿Te acuerdas del Cadillac Cyclone? Probamos el "coche cohete"

¿Preparados para un viaje al futuro del pasado? Vais a alucinar con lo que es capaz de hacer este cohete que responde al nombre de Cadillac Cyclone. GM lo presentó en 1959, una época en que el Porsche 911 no existía más que en bocetos. 

Despegamos hacia un viaje en el tiempo hasta los años 50, en Detroit. Y aquí estamos. Por las anchas e impolutas carreteras ruedan los Ford Thunderbird, Chrysler New Yorker en versión Town & Country y coloridos Chevy Bel Air; y Marilyn Monroe es el sex symbol. Dean Martin resume la atmósfera de aquella época con la canción "Memories Are Made of This", un número uno en la lista de éxitos. Por aquel entonces los números uno también eran el ámbito de trabajo de un tal Harvey J. Earl, cuyo cometido consistía en mirar al futuro para General Motors. Con este objetivo, el presidente de GM, Alfred P. Sloan, lo había puesto a la cabeza de su recién inaugurado departamento "Art and Color Section" a finales de los años treinta, cuyo equivalente actual sería un centro de diseño. Aquel Harley J. Earl tuvo el honor de dirigir el primero. Efectivamente: hasta entonces, ningún fabricante de coches contaba con un departamento de este tipo. 

Mientras tanto, queremos poner el foco en su proyecto más importante: el XP74. No sólo habría de ser el legado de Earl, que se jubiló con él, sino que el XP74 debía mostrar el modo claro y visionario en que el mayor fabricante de automóviles se figuraba el futuro del coche. Por si alguien no se acuerda: estamos a finales de los años cincuenta. Por las carreteras europeas país pululan los "escarabajos", el 911 es una cifra sin sentido, y en los EE.UU. muchos de los semáforos siguen llevando revestimientos de madera. 

Cadillac CycloneAparece el Cadillac Cyclone

Para su presentación, Harley J. Earl eligió el templo del motor de Daytona, en el que quería sorprender a los aficionados a los automóviles con su última vanguardia automovilística y dejar miles de bocas abiertas. Como escenario, la feria automovilística "Motorama", realizada exclusivamente para los vehículos de General Motors, le venía como anillo al dedo, y allí es donde decidió aterrizar personalmente con el Cadillac Cyclone. El público no daba crédito a sus ojos. Conteniendo el aliento, no querían perderse detalle de aquella nave espacial sobre ruedas de color nacarado, cinco metros de largo y tan solo 1,12 de alto. Desde debajo de la cúpula de vidrio les contemplaba a su vez una cara conocida, pero ni siquiera repararon en ella. Sus miradas escrutaban incrédulas cada milímetro de aquel plano objeto volante. Llevaba puntas de cohete negras en la parte delantera, una ancha rendija de ventilación en el capó, un minúsculo parabrisas y cuatro aletas enormes en la parte trasera que se unían formando dos toberas de jet del tamaño de platos. 

Cadillac Cyclone: hecho para el futuro

No había duda: debía de ser un coche-cohete del futuro. ¿De qué futuro? Antes de que alguien pueda dar respuesta a esa pregunta en Daytona, la cúpula se levanta, y una puerta deslizante se desplaza hacia atrás con un zumbido. Del Cyclone sale un tipo con un rostro conocido que se presenta como el padre de la criatura. No es un extraterrestre: es Harley J. Earl. El público prorrumpe en aplausos. 

56 años más tarde, sabemos que la historia tenía otros planes para el futuro del automóvil. Por el momento (y salvo un par de excepciones) todavía no vuela, a pesar del Cyclone. Pero, en realidad, eso no es lo que Earl pretendía. A pesar de su pasión por los aviones, no paraba de dar nuevos impulsos a General Motors con sus extrovertidos prototipos. De este modo, no era de extrañar que la marca estuviese decenas de años por delante de sus competidores en algunos aspectos. Lo que es más: Earl diseñó piezas únicas como el Cyclone de modo que fuesen perfectamente aptas para el día a día, empleando para ello tecnologías que no se vieron en la producción en serie hasta muchos años después. 

Cadillac CycloneCadillac Cyclone: lo conducimos

El coche cohete espera en una calle cortada junto al lago. Probablemente, el hecho de que el Cadillac Cyclone esté hoy en día pintado de color plata le moleste menos que ver lo que han hecho con sus aletas, mandadas acortar por su sucesor, William L. Mitchell. Y, ¿qué hay del resto? Intacto. Por tanto, tras las puntas de cohete negras de la parte delantera se oculta un sistema de radar para la detección de obstáculos, comparable a los sistemas de prevención de impactos de hoy en día. Si el Cyclone detecta una posible colisión, avisa al conductor mediante señales ópticas y acústicas. Las toberas de cohete de la parte trasera, por el contrario, no son más que grandes luces de freno, pues de la propulsión se encarga un V8 de 6,4 litros y 325 CV

Parte del sistema de escape se encuentra alojada bajo el capó, lo que obligó a Earl a retrasar la caja de cambios. Este principio de diseño, denominado transeje, no era ya nuevo por aquel entonces, pero se empleaba raras veces. Otro tanto podría decirse de las puertas corredizas laterales y de la cúpula de plexiglás. Pulsando un botón podía recogerse automáticamente hacia atrás, sobre un colchón de aire. 

Para que el habitáculo no se recalentara con el techo cerrado, este último disponía de un recubrimiento especial. En lugar de ventanillas laterales, Earl hizo instalar un sistema de altavoces que permitía al conductor comunicarse con el mundo exterior. Mudos aún de asombro, damos un par de vueltas en torno al Cyclone, que con su futurista diseño y sus adelantos técnicos sigue recordando hoy en día a una nave espacial. Es difícil imaginarse la impresión que causaría hace 56 años. 

La puerta corrediza se cierra limpiamente, y el motor de arranque ronronea. "Ready when you are!", nos dice una voz. En las profundidades del coche, el pie palpa el pedal del acelerador. Primera marcha. El Cyclone se abalanza hacia adelante sin pensarlo, desplazándose con ligereza y demostrando su dominio de la recta. Las marchas se engranan limpiamente, el delgado volante se deja dirigir bien y nos informa sobre el estado de la carretera. En la ordenada cabina hay un espejo retrovisor bajo en el que se pueden observar las aletas que enmarcan la enorme zaga. 

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