Bond Equipe GT 4S

Después de haber fabricado millares de triciclos motorizados, la firma británica Bond Cars Ltd lanzó en 1964 este coupé con carrocería de fibra de vidrio. Su bastidor y su motor están tomados del Triumph Herald, pero a bordo del Equipe se puede disfrutar de sensaciones muy personales.
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Bond Equipe GT 4S
Bond Equipe GT 4S

Ha llegado Arturo, el dueño del Bond, al lugar convenido para iniciar la sesión fotográfica. Terminó la restauración hace apenas un año, tras haber recurrido al Bond Owners Club para obtener información y localizar en Madrid a un chapista especializado en trabajar la fibra de vidrio. Visto de frente, llama la atención en el Bond Equipe el gran espacio que ocupan los faros dobles, sobre todo por estar enmarcados dentro de un perfil ovalado que forma parte de la carrocería. Además, al restaurar esta unidad se ha prescindido del elemento central de fibra que caracteriza a la calandra de los Equipe GT 4S.

Su silueta lateral de coupé también posee un estilo inconfundible, con un parabrisas casi tan vertical como el de cualquier berlina de su época y una línea curva que desciende hasta la base de la luneta trasera. Completan el panorama unos parachoques delanteros y traseros a diferente altura, siguiendo y exagerando en este apartado el diseño de los Triumph Spitfire de primera generación, aparecidos en 1962, y unas llantas de radios con palomilla central que también tienen su origen en el mencionado Spitfire, en tanto que los anclajes laterales de sujeción del capó son similares a los utilizados en los Triumph Herald.

A modo de remate, desde la boca de llenado del depósito de gasolina hasta el corte final, la zona del maletero casi recupera la horizontalidad, tal vez buscando un buen perfil aerodinámico. Y nos queda la extraña parte posterior, en la que la placa de matrícula tiene por encima el característico trazo redondeado de la tapa del maletero y por debajo, a cada lado, las lucecitas de intermitencia y de posición, así como los catadióptricos. Estos últimos están ya dentro de una tapa del portaequipajes, en la que destaca su contorno irregular y que al girar la manecilla de apertura nos sorprenderá con un maletero inesperadamente voluminoso para tratarse de un automóvil con carrocería coupé.

Cuando abrimos la puerta del conductor, calcada de la que utilizaban los Triumph Herald y Vitesse, nos esperan dentro unos asientos tapizados con símil cuero que pueden considerarse de tipo baquet y un salpicadero de madera barnizada en color claro, exactamente igual que el de los Triumph Vitesse. Arturo nos dice que va a abrir el capó para que veamos el motor y al instante parece que ha desmontado todo el tercio delantero de la carrocería: como en los Triumph Herald, Vitesse y Spitfire, se eleva el conjunto formado por el frente, las aletas y el capó, dejándonos a la vista no sólo el motor, sino también el bastidor y toda la suspensión delantera. Sin duda, cualquier aficionado podrá trabajar sin dificultad sobre esta mecánica.

Más que subir al Equipe, lo propio sería decir que bajamos, ya que la escasa altura de la banqueta nos obliga a buscar puntos de agarre antes de dejarnos caer, muy en la línea de cualquier clásico deportivo británico, aunque con una distancia desde la cabeza hasta el techo que casi permite conducir con chistera. Un poco más allá del bello volante de madera con brazos de aluminio reposa la instrumentación de la marca Jaeger, formada por un velocímetro, un cuentavueltas, un reloj de temperatura del agua y otro del nivel de gasolina, destacando el brillante cerquillo cromado que rodea a cada una de las esferas. Como accesorio añadido por Arturo, posee también una consola auxiliar de madera que da cabida a un reloj horario Jaeger, un aparato de radio y un encendedor eléctrico.

Lo primero que llama la atención al acomodarnos a bordo es lo bajo y algo lejano que está el aro del volante en su parte inferior, que prácticamente nos roza los muslos y obliga a extender los brazos casi como si pilotásemos un monoplaza. En cuanto giramos la llave de contacto –situada en el centro del salpicadero- para accionar el motor de arranque, del escape llega un sonido bronco, deportivo a la clásica usanza, que invita a emprender la marcha cuanto antes. El volante tan bajo se va controlando mejor según pasan los kilómetros, pero hará falta una buena temporada para acostumbrarse al pedalier, con un acelerador tipo armonio situado enfrente, lejos de un pedal de freno a su izquierda y de un mando del embrague a su vez muy alejado. Esta forma de colocar los pedales hace que al principio sea frecuente pisar el freno creyendo que es el embrague, lo cual suponemos que sólo afecta a las muy escasas unidades con volante a la izquierda. Desde el primer momento se aprecia lo mucho que gira la dirección, cuyo diámetro de giro es de sólo 7,70 metros.

Además de sonar a clásico, el motor tira desde abajo con notable elasticidad y se crece en la zona alta del cuentavueltas, haciéndonos pensar en un primer momento que se trata de la posterior versión 1300, presentada en 1967. Buena parte de esa respuesta se debe a unos desarrollos más cortos que en los Herald/Spitfire y a tratarse de un coupé, con una mejor aerodinámica que empieza a contar por encima de los 90-100 km/h. En carreteras de buen firme, el Bond resulta confortable y supera cualquier tipo de curvas con destacable agilidad, y ayudado por unos frenos de disco con potencia más que suficiente para el peso y las aspiraciones del Bond. De hecho, Arturo lo suele utilizar con su esposa para realizar viajes largos, de unos 400/500 km. Otra cuestión distinta será adentrarse con él por tramos con asfalto en muy mal estado, donde empezarán a oírse ruiditos y crujidos para recordarnos que el bastidor Triumph y la carrocería Bond son independientes, aunque para acabar construyendo el Bond Equipe se hayan unido entre sí.

En definitiva, el Bond Equipe armoniza dos épocas, la de los años cincuenta, con deportivos ingleses con bastidor independiente y motor de hierro alimentado por carburadores SU, y la de los años sesenta, en la que proliferaron deportivos que se fabricaban en pequeña serie, cuya carrocería de fibra de vidrio, por ser más económica de realizar, convertía en proyectos viables.

Nuestro agradecimiento a Arturo Pujalte por la ayuda prestada en la realización de este reportaje.

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