Auburn V12 Roadster de 1932

La verdad es que, después de haber probado tantos coches americanos, no pensábamos que otro de ellos pudiera sorprendernos, y mucho menos un Auburn. Pero este roadster mostró un carácter muy especial.
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Auburn V12 Roadster de 1932
Auburn V12 Roadster de 1932

El poderoso motor deja oír su bonito concierto en el tono justo. No tan silencioso como un auto de lujo ni tan alto como para molestar. Fabricado por la empresa Lycoming, filial del grupo Cord, bajo el proyecto de George Kublin, director técnico de la Auburn Automobile Company, resulta un propulsor muy notable. Sus 12 cilindros forman una V a 90 grados y cubican 6,4 litros, desarrollando una potencia máxima de 160 CV a 3.400 rpm con un par extraordinario a bajo régimen.

Pero lo más chocante es su distribución, que el conocido historiador Michael Sedgwick llamó "de válvulas laterales en cabeza". Se trata en realidad de válvulas colocadas horizontalmente en la cámara de explosión. Una disposición extraña, aunque no única, pues ya había sido comercializada anteriormente por los hermanos Duesenberg en algunos motores que fabricaron tras la Gran Guerra.

La alimentación corre a cargo de dos carburadores verticales Stromberg de tiro invertido. Los dos colectores de escape salen hacia arriba por las caras interiores de los bloques, y tienen recorridos independientes hasta llegar cada uno a su propio silencioso.

Las novedades no terminan en el motor. Tras una caja de cambio tradicional de tres marchas, tenemos un puente trasero Columbia con otras dos relaciones, que, al combinarse con las de la caja, nos permiten disponer en total de 6 velocidades hacia adelante. Fue el primer Auburn que montó este tipo de transmisión, aunque luego continuarían con ella los posteriores modelos de 8 cilindros, hasta los famosos 851 y 852 que en algunos casos fueron sobrealimentados por compresores mecánicos.

Desde el primer momento nos encanta el tacto de este automóvil. Se mueve con la agilidad de un buen deportivo europeo y se maneja con la suavidad de un americano. La suspensión, por ejemplo, está en ese grado medio. Basada en los tradicionales ejes rígidos con ballestas, no resulta tan dura como en los coches de sport británicos ni tan blanda como en los lujosos estadounidenses. El balanceo en las curvas es bastante menos acusado que en estos últimos. En cierto sentido recuerda al famoso Stutz, aunque la ventaja de su doble cambio le confiere aún mayores aceleraciones en las marchas cortas y más velocidad punta rodando con las largas.

En carreteras accidentadas o en el tráfico complicado podemos disfrutar de unas reacciones asombrosas por su gran poder de respuesta a cualquier régimen, que se complementa con unos frenos hidráulicos muy aceptables. Con las cortas, es uno de esos coches que te pega al asiento cuando le das un pisotón al acelerador, un buen exponente de la famosa "fuerza elástica" que mencionaba la Hispano-Suiza. Sin embargo, para rodar en carreteras rectas o en modernas autopistas pasamos a las marchas largas, y así podemos mantener los 120 ó 130 km/h con menos de 3.000 rpm. ¿Hay quién de más?.

Ustedes pensarán que, en definitiva, estas opciones son similares a las que posteriormente ofrecerían los overdrive, pero la diferencia entre cortas y largas parece bastante más acusada en nuestro Auburn, hasta el punto de conferirle una doble personalidad; algo así como lo del Dr.Jekill y Mr. Hyde. Al introducir las marchas largas pierde gran parte de su rabia, se vuelve más tranquilo, aunque la contrapartida es que puede circular indefinidamente en altas velocidades sin esfuerzo ni fatiga.

En alguna ocasión nos han recriminado (con cariño) por omitir las críticas negativas en estas pruebas, y hay algo de razón en ello. Posiblemente, nos dejamos llevar con frecuencia de nuestra pasión por las viejas reliquias rodantes y tendemos a ensalzar sus cualidades, dejando a un lado los defectos. Hemos tomado nota y prometemos enmendarnos. Sin embargo, créanme cuando les digo que es difícil encontrarle aspectos negativos a este Auburn, si se exceptúa, claro está, el consumo, que se acerca a los 30 litros.

Este modelo nos ha sorprendido hasta el punto de considerarle uno de los mejores exponentes del coche deportivo americano. Decíamos al principio que es el gran desconocido, y sin embargo, en nuestra opinión, podría superar ampliamente a otros coches que han pasado a la historia con el mayor renombre. Sin duda, la falta de éxito que padeció en su día no puede achacarse a escasez de méritos, sino a los malos tiempos que le tocó vivir. Para los EEUU -y gran parte del mundo civilizado- fueron los años de la gran depresión y de la miseria, magistralmente descritos por John Steinbeck en su novela "Las uvas de la ira"; en fin, cuando las bandas de forajidos motorizados como Dillinguer, Bony & Clyde o "mamá Baker" sembraban el terror a lo largo y ancho de aquel gran país.

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