Alta Two Seater Sport

Escasos, rápidos y codiciados hoy por los coleccionistas, los Alta británicos gozaban antes de la II Guerra Mundial de una tecnología muy adelantada a su tiempo. Hoy son rara avis, piezas exclusivas de la historia del automovilismo deportivo.
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Alta Two Seater Sport
Alta Two Seater Sport

Si algo destaca al situarse al volante, en una cómoda butaca tapizada en cuero, es lo bajo que va el puesto de conducción. Frente a otros coches de sport de los años 30, los Alta tenían el centro de gravedad muy rebajado y el piloto quedaba prácticamente oculto bajo el capó delantero visto de frente. Taylor sabía lo que hacía y de ahí la buena estabilidad general del conjunto. En Alta Cars se fabricaba artesanalmente todo, salvo la caja de cambios y los carburadores, motor incluido. De hecho, Geoffrey Taylor fue más motorista que constructor de automóviles. Su obra maestra fue este cuatro cilindros de dos litros de cilindrada sobrealimentado por un compresor Roots. Relativamente compacto, proporcionaba de 160 a 210 CV -según versiones- muy fiables y elásticos.

Instalados detrás del gran volante Ashby de radios de cable y ante los grandes relojes de cuentavueltas y velocímetro, la sensación es totalmente evocadora de aquellos tiempos. El motor arranca con facilidad y el silbido del compresor puede identificarse claramente. Hasta más allá de 6.000 rpm gana en potencia con suavidad, pero aportando un par notable. El puesto de conducción pronto comienza a volverse caluroso: motor y cambio rodean las piernas del piloto, pero ¿a quién le importaba eso en la fría Inglaterra?.

La tracción trasera aporta una magnífica motricidad, pero el tren delantero parece que flota, debido ello a varios factores. Uno es la falta de rigidez del chasis (algunas unidades llevaban vigas de madera de roble como refuerzo) y otro, la suspensión delantera de ballestas semielípticas. Las últimas unidades de Alta equipaban ya una suspensión independiente de pivote deslizante parecida a la de los Morgan. Para paliar este problema de aplomo, nuestro Alta lleva instalados unos lastres de buceo sobre la traviesa más adelantada del chasis. A grandes males, grandes remedios. Lo cierto es que el coche se vuelve mucho más predecible a alta velocidad (registrados más de 190 Km/h en Hunaudiéres).

El Sport Two Seaters dispone, realmente, de un segundo habitáculo trasero. Es un maletero donde se alojan el depósito de combustible y la rueda de repuesto. Para ahorrar peso, la tapa de metal queda sustituida por otra de lona, lo que da una presencia más rácing. De hecho, todo el coche, desde su característica parrilla delantera de seis barras hasta su redondeada cola, pasando por las aerodinámicas y exclusivas aletas, rezuma aspecto deportivo.

La marca británica Alta representa a la innovadora industria británica de los años 30. El creador de la firma fue Geoffrey Taylor, que la fundó en 1931 y la mantuvo hasta 1958, aunque sólo fabricó automóviles con su marca de 1932 a 1940, con el obligado paréntesis de la II Guerra Mundial.

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p> El nombre proviene de una contracción de la ciudad canadiense de Alberta, que el técnico había conocido ¡en una novela! Su primer motor fue montado en un chasis Frazer-Nash, el Horton Special, a finales de los 20, pero la primera carrera de un Alta se demoró hasta las 24 Horas de Le Mans de 1932. Taylor diseñó después su primer motor sobrealimentado, que obtuvo muchos éxitos en los primeros años 30, con Cormack al volante. A mediados de la década, construyó un nuevo chasis de competición, al que dotó de dos motores diferentes, en función de la categoría donde participasen: 1.500 ó 2.000 cc. En 1936 se vendieron cinco coches, de los que uno fue el primer monoplaza de la marca. Los Alta comenzaron a acumular éxitos, especialmente en Gran Bretaña, y Geoffrey Taylor decidió apostar fuerte por un motor V8 de 3 litros... pero la II Guerra Mundial vino a impedirle acabar su proyecto. Realmente raro era el año en que salían más de dos o tres coches nuevos de la fábrica. Problemas de suministro de combustible de alto octanaje obligaron a suprimir el compresor de algunos motores, lo que produjo los primeros motores Alta atmosféricos, de los que un par de ellos aún se conserva.

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p> Tras la guerra, Taylor se concentró en su actividad motorística, trabajando para las marcas HWM y Connaught, dejando que fueran ellas las que construyeran los coches, permitiendo a Moss, Macklin, Broocks o Salvadori conseguir abundantes triunfos.

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