Alfa Romeo 6C 1500 S Spider

Un conocido refrán dice: «Lo bueno, si breve, dos veces bueno». Revertido a conceptos automovilísticos, podría interpretarse como: «Lo rápido, si liviano, mucho más rápido.» Y al final llegaríamos al consabido axioma: «El peso es el enemigo», atribuido tanto a Ettore Bugatti como a Gabriel Voisin. Pero tampoco fueron los únicos que pensaron así.
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Alfa Romeo 6C 1500 S Spider
Alfa Romeo 6C 1500 S Spider

A este tipo, concretamente denominado 6C 1500 S (Sport), corresponde el bello ejemplar que ilustra nuestro reportaje. No es ningún fenómeno velocístico, pero la alegría con que sube de vueltas y la sensación de potencia que nos transmite, por encima de las frías cifras, le confieren todas las sensaciones de un purasangre, como corresponde a su raza. El manejo provoca impresiones agradables y divertidas, tanto por su dirección precisa y suave (aún a coche parado), como por su cambio dúctil, con cuatro relaciones bien escalonadas y unos recorridos de palanca muy cortos, guiados por una rejilla. Especial mención merecen los frenos, pues pese a ser mecánicos y sin ningún tipo de asistencia, resultan eficaces y paran el coche sin esfuerzos exagerados.

El conjunto se muestra muy equilibrado, y su estabilidad, sobre todo en carreteras viradas, sorprende para su tiempo. De hecho, iría admitiendo a posteriori sucesivos e importantes aumentos de potencia, y consecuentemente de prestaciones, sin necesidad de otras mejoras en la base. Tan sólo cabe criticar la anticuada situación del pedal del acelerador, colocado en el centro, entre los otros dos pedales. Es difícil entender por qué Alfa Romeo mantuvo este sistema tantos años, contra viento y marea. Hoy resulta mucho más desagradable que otros anacronismos, como la dirección a la derecha o las palancas de cambio al costado, que manejamos en diversos vehículos antiguos, ya que a estos nos adaptamos con facilidad, lo que no sucede en el caso del maldito acelerador central.

Un factor casual, pero determinante para el éxito y popularidad que llegarían a alcanzar los 6C, fue el nacimiento de las Mille Miglia, cuya primera edición tuvo lugar los días 26-27 de marzo de 1927. La aplastante victoria de los pequeños OM (1º,2º y 3º puestos) sobre grandes coches, entre los que se hallaban varios Alfa Romeo del tipo RLSS, demostró sin lugar a dudas que en aquellas carreteras italianas el porvenir sería para los coches ligeros.

Por lo tanto, la famosa competición llegaba como anillo al dedo para los nuevos Alfa Romeo 6C y, con vistas a ella, Jano se puso a trabajar sin pérdida de tiempo en versiones más potenciadas, los 1.500 SS (Super Sport), de los que llegó a construir 25 ejemplares entre 1928 y 1929. Diez incorporaban ya la sobrealimentación por medio de compresores Roots, y uno de ellos, pilotado por el tándem Campari-Ramponi, se alzó con la victoria absoluta en la segunda edición de las Mille Miglia celebrada entre los días 31 de marzo y 1 de abril de 1928.

Animado por este clamoroso triunfo, el 14 de abril de 1929 Jano alineó en Brescia otro numeroso equipo dispuesto a pelear por la tercera edición, pero con nuevos 6C cuya cilindrada había subido a 1.750 cc. El triunfo fue de nuevo para el equipo Campari-Ramponi, mientras sus compañeros Varzi-Colombo entraban en 3ª posición y otros 6C 1.750 acaparaban el 6º,7º,8º,9º y 10º puesto entre un total de 42 participantes.

También en 1930 la victoria fue nuevamente para un 6C 1.750 (Nuvolari-Guidotti), aunque al siguiente año Alfa Romeo habría de conformarse con el segundo lugar, tras un Mercedes (Caracciola-Sabastian). Nuevas versiones, extrapoladas ya a ocho cilindros con 2.300 cc, volverían a vencer en 1932 (1º Borzacchini-Bignani, 2º Trossi-Brivio)...). En fin, que el romance entre Alfa Romeo y las Mille Miglia continuaría durante muchos años tan apasionado como apasionante, y contribuyó en gran medida a la estela de gloria que dejaron esos geniales coches de la marca milanesa.

Alguien ha dicho que con los 6C, Vittorio Jano inventó el gran turismo a la italiana, el coche familiar rápido, y en ello puede radicar no sólo la popularidad que alcanzaron, sino también la longevidad de su fórmula. Desde la venta de los primeros 6C 1500 en 1927, hasta el último 6C 2500 de 1951 hay casi un cuarto de siglo, aunque, eso sí, a través de los años estos coches tuvieron continuas variantes, mejoras e incrementos de cilindrada: 6C 1750 (1929-1933); 6C 1900 (1933); 6C 2300 (1934-1939) y 6C 2500 (1939-1951). Hay también un 6C 3.000 de 1950 que quedó en prototipo, y además están los 8C 2.300 (1932-1934) y 8C 2.900 (1936-1938) que pueden considerarse extrapolaciones dentro de la misma familia, ya que compartían el mismo planteamiento e incluso muchos elementos mecánicos con sus hermanos de seis cilindros.

No puede decirse que fuesen coches baratos, pero estaban lejos de los altísimos precios de los grandes deportivos de altas cilindradas, y estos, en la práctica, no solían lograr mejores prestaciones, ya que los Alfa les superaban en agilidad y facilidad de manejo. Una fórmula que ha mantenido en candelero a la marca de la cruz y el culebrón hasta casi nuestros días.

Agradecemos a la firma Coupé la cesión de este Alfa Romeo y la colaboración prestada en este reportaje.

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