Skoda Yeti 2.0 TDI 4x4

Marcando distancias con la competencia gracias a una estética distintiva, el Skoda Yeti hace acopio de tecnología germana para configurar un modelo de excelente rendimiento general. Sin embargo, su bondad acaba apareciendo en la tarifa a pagar.
-
Skoda Yeti 2.0 TDI 4x4
Skoda Yeti 2.0 TDI 4x4

El Yeti no deja insensible a quien se acerca a él por vez primera. Como la mítica criatura de la que toma nombre, el Skoda Yeti luce una imagen poco convencional, aunque no tan arriesgada como la del Roomster. Sus formas prismáticas posteriores pueden hacer a algún despistado imaginar una especie de furgoneta -¡qué obsesión de los diseñadores por abandonar los convencionalismos!- pero nada más lejos de la realidad. Los detalles, algunos visibles y otros no tanto, lo delatan. Las llantas de aleación de 17 pulgadas, calzadas con Pirelli PZero -¿pero no era un todocamino?- no impiden atisbar una elevada distancia al suelo -ni tampoco demasiados elementos de la suspensión, que afean la estética-, ni una suspensión trasera bastante elaborada, bien lejos de lo habitual en modelos destinados a la carga. Las barras en el techo ya no dejan lugar a dudas, este Yeti es un lejanísimo pariente del Touareg que gana en las polvorientas rutas del desierto.

Tan lejanísimo que, traspasado el umbral de sus puertas, en lugar de los esquemáticos "cockpits" de los coches de competición nos encontramos un interior dogmáticamente diseñado y bien rematado, tanto en calidad visual de materiales como en ajuste. Bien es cierto que el espacio no sobra y que no es difícil rozar con la pierna, tanto conductor como acompañante, los laterales de la consola central. Los asientos delanteros demuestran poseer un excelente diseño, porque sin necesidad de reglaje lumbar -opcional- garantizan un magnífico confort y más que correcta sujeción lateral.

El conductor se asienta frente a los mandos con una posición muy vertical, que recuerda a monovolumen compacto, obligada por un aprovechamiento excepcional del espacio longitudinal. Por ello, no es extraño que el volante no acabe de estar en el sitio ideal que a algunos nos gustaría, pese a que su reglaje en dos direcciones facilite al máximo la resolución de este problema. Al final, se obtiene un compromiso más que razonable, pudiendo hacer kilómetros en el Yeti sin cansancio especial. De la habitabilidad destaca, sobre todo, su cota de altura, tanto delante como atrás, siendo un coche ideal para personas de talla elevada.

Hacer kilómetros en el Yeti no resulta afectado por su condición de todocamino. Es verdad que los neumáticos con que estaba equipada nuestra unidad de pruebas no son los más adecuados para un rodar confortable, sino para obtener el mejor agarre sobre asfalto, pero el amplio recorrido de suspensión acaba minimizando la firmeza de los flancos de los neumáticos. Por ello, incluso sobre carreteras en estado mejorable, este Yeti no maltrata a sus ocupantes. Tampoco el nivel sonoro es un problema, porque aunque su calidad no resulta ejemplar, la intensidad del sonido que llega a los ocupantes es limitada y, a nivel de rodadura, no se transmite prácticamente nada de lo que generan los inmensos 225/50 sobre los que se sustenta.

El habitáculo hace gala de unas cotas de altura excepcionales, facilitando el acomodo de personas de alta talla.

Como algunas de las montañas donde habitaría el personaje mítico, este Yeti dispone de un motor de altura. Y no por conocido y "multiutilizado" conviene dejar de alabarlo. Y más en el caso de esta unidad en concreto, donde parece que los vientos oxigenados le han dado un segundo aliento. Lamentablemente, la existencia de un sistema de tracción total nos ha impedido obtener la curva de par y potencia extraída de nuestro banco de potencia con que reflejar nuestras percepciones.

Decimos esto porque este TDI de 140 homologados caballos nos ha demostrado un vigor tras superar el medio régimen que no habíamos sentido en ningún otro ejemplar conducido anteriormente....y son bastantes. Este TDI arranca desde poco más allá del ralentí con suficiente fuerza como no obligar al conductor a estar obsesionado con el cambio de marchas. El empuje es creciente hasta las 3.000 rpm y, a partir de ahí, en lugar del habitual estancamiento del par en un turbodiésel hasta la zona alta del cuentavueltas, en nuestro Yeti, aparecía un "segundo aliento" que permitía llegar a las 5.000 rpm con rapidez en las primeras marchas. La quinta y la sexta son marchas largas, más adecuadas a controlar el consumo a velocidades medias y altas y, sobre todo la última, no permite unas recuperaciones brillantes, ni siquiera adelantamientos, porque no hay que olvidar que estamos ante un coche de proporciones contenidas pero un peso en báscula de casi 1.550 kg, sin conductor y con el depósito lleno.

Este detalle, junto con una aerodinámica más que discreta -Cx de 0,37-, los gruesos neumáticos y el sistema de tracción total conectable, son responsables de que las cifras de consumo no destaquen en comparación con otros modelos dotados de este mismo motor. Superar los 7 l/100 km en autopista demuestra lo mucho que se frena el Yeti en su confrontación con el aire, siendo, en sí misma, una cifra nada exagerada.

La visión del Yeti, con la carrocería muy elevada sobre el suelo, dejando a la vista buena parte de sus elementos de suspensión, nos podrían hacer pensar en un coche con mucha tendencia al balanceo y, en consecuencia, poco vivo en su agilidad de comportamiento. Nada de eso. El Yeti es tan maniobrero y esquivo sobre el asfalto como un turismo medio de su peso. Sobre todo, gracias a un tren trasero de rápida pero contenida respuesta. Esto es, acompaña al delantero en su protagonismo direccional, pero no lo sobrepasa, por lo que sobreviraje no aparece en circunstancias límites.

En eso también participa una excelente puesta a punto del ESP, que nivela la conducta del Yeti de manera efectiva pero no exagerada. Los frenos son magníficos compañeros de ruta, como queda demostrado en las mediciones de detención desde alta velocidad. Pero es que, también, poseen buena mordiente al primer pisotón, algo, reconozcámoslo, en lo que la gran cantidad de goma sobre el asfalto ayuda de manera considerable. Con todo, este todocamino de Skoda se demuestra fácil de conducir, sin reacciones desmedidas pero con una eficacia que en nada tiene que envidiar a los mejores del segmento...superior, al menos en tamaño.

  • Comportamiento dinámico

  • Motor

  • Practicidad

  • Plaza central trasera

  • Posición del volante

  • Precio

Galería relacionada

Skoda Yeti, la prueba

Te recomendamos

Con un diseño deportivo, el mayor espacio de su clase, los motores con menor consumo ...

Nuevo rival en circuito para el Kia Stinger GT, la versión más deportiva de la berlin...

El Ford Focus siempre ha sido un compacto de retos y récords, y su cuarta generación ...

El fabricante japonés sigue buscando los límites de su compacto y parece no hallarle ...