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Skoda Yeti vs Nissan Qashqai, Toyota Rav-4, Ford Kuga y VW Tiguan

Con estos coches podemos plantearnos una utilización diaria como si de un compacto con algo más de maletero se tratase. Tamaño, espacio, consumos, prestaciones o comportamiento, son muy parecidos. Su ventaja radica en que, además, nos permiten salir del asfalto ocasionalmente para llegar algo más lejos.
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Skoda Yeti vs Nissan Qashqai, Toyota Rav-4, Ford Kuga y VW Tiguan
Skoda Yeti vs Nissan Qashqai, Toyota Rav-4, Ford Kuga y VW Tiguan

Para poder establecer una comparativa lo más justa posible, dejamos de lado los acabados de los coches de las imágenes y nos centramos en las terminaciones básicas, igualando al máximo los equipamientos. De precio base el Nissan Qashqai se lleva el gato al agua con un costo mucho más bajo que el resto y un equipamiento completo. Quizá el reproche que hay que hacerle es que carece de extras, siendo necesario ir subiendo de acabado para aumentar las opciones. Con todo sigue teniendo un precio mejor que el resto.

 

Kuga, Yeti y Rav4 cuestan más o menos lo mismo de partida, aunque los europeos acaban subiendo su precio final, puesto que para igualar todo hay que añadirles el climatizador automático dual, la alarma y los sensores de lluvia, pasando a costar los dos poco más de los 30.000 euros —2.000 euros más que el Toyota— . Como viene siendo habitual, el Volkswagen Tiguan se desmarca con un precio elevado, quizá demasiado, aunque si bien es cierto que su terminación interior está, al menos por tacto y calidad visual de materiales, por encima de la de sus rivales aquí comparados. Para igualarle al resto, sólo hay que añadir los 285 euros de la alarma antirrobo, con lo que su precio final supera los 32.000 euros.

 

Tanto el Tiguan como, el Kuga o el Yeti admiten las posibilidad de ampliar su equipo de serie, ofreciendo una larga lista de extras para personalizarlos, entre los que destacan el asistente de parking asistido en los dos alemanes o los distintos paquetes que agrupan opciones el Ford Kuga. El resultado final se centra en la utilización que se vaya a dar al coche o, como ocurre en la mayoría de las ocasiones, los gustos estéticos. Cualquiera de ellos es lo suficientemente válido como para recomendarlo. Si no se va a salir del asfalto salvo en contadas ocasiones y por caminos, el Qashqai es una opción económica y el Kuga dinámica, mientras que el resto aportan el confort y la funcionalidad. Si lo que se busca es buen espacio interior, el Toyota Rav4 aporta unas cotas ligeramente superiores a las del resto, además de un buen maletero. El equilibrio lo encontramos en el Skoda y el VW; de los dos, el Tiguan nos parece mejor coche, además de ser más grande. Eso sí, muy caro.

 

En las plazas delanteras el espacio no plantea problemas en ninguno de los cinco, y es detrás donde surgen las grandes diferencias. Toyota, Skoda y Volkswagen disponen de mayor modularidad, con las banquetas traseras que se pueden desplazar longitudinalmente, en dos partes en el japonés y el alemán y en tres independientes en el checo. Los demás se limitan a abatir los respaldos cuando sea necesario. El espacio en estas plazas varía mucho; el que más anchura tiene es el Rav4 y el que menos el Tiguan, con 4 cm menos. Como era de esperar, el hueco para las piernas es mejor en los tres que pueden variar la posición de la banqueta, algo que nada tiene que envidiar el Qashqai, puesto que dispone del mismo espacio que un Yeti o un Rav4 a la vez que les supera en capacidad de maletero, que ellos tienen que sacrificar al echar hacia atrás la fila de asientos. El acceso a estas plazas cambia mucho de un coche a otro. Mientras que en el Tiguan o el Rav no plantean problemas, en el Kuga el asiento queda mucho más alto, lo que dificulta la entrada a personas mayores. Una vez sentados, a la hora de introducir los pies en el coche, nos encontramos con que en el Qashqai y Kuga hay que girar los tobillos, mientras que en el resto el pie entra de forma natural.

 

También hay que fijarse en los portones traseros a la hora de comprar el coche, sobre todo por cuestiones de altura. Por ejemplo, en el Kuga hay que conseguir una altura mínima con la mano de 1,94 m para alcanzar el portón cuando este está abierto, 1,93 m en el Yeti y 1,90 el Tiguan y unos magníficos 1,77 en el Qashqai. En el Toyota este problema no existe, puesto que el portón se abre lateralmente, ventaja para los menos altos -además hay que hacer menos fuerza para cerrarlo- pero más pensado para ciudades japonesas o británicas, ya que se abre a izquierdas, obligando al usuario a afrontarlo desde el lado por el que pasan los coches; por no hablar que cuando un coche se pega detrás no podremos abrirlo.

 

El Ford es el único de los cinco que permite abrir la luna trasera independiente, con lo que se puede cargar el coche cuando detrás tiene un coche pegado y sin necesidad de abrir el enorme portón; muy inteligente. A la hora de cargar el maletero optamos por abatir los asientos y meter una misma bicicleta de montaña con la premisa de no desmontar la rueda delantera y ¡cabe en todos! Eso sí, en Kuga, Qashqai y Rav4 -que el portón vuelve a molestar más que en los otros- con algunas dificultades pero al final entra y sin necesidad de arañar el guarnecido de los laterales. Los asientos abatidos quedan con fondo plano con dos niveles en el Toyota y se abaten rápidamente, al igual que en el Tiguan, que sí deja el fondo completamente plano. En el Nissan queda la parte de los respaldos un poco inclinada, mientras que en el Kuga esta operación se resuelve con sólo apretar un botón.

 

Seguridad total
Comportamiento off-road

Para poder establecer una comparativa lo más justa posible, dejamos de lado los acabados de los coches de las imágenes y nos centramos en las terminaciones básicas, igualando al máximo los equipamientos. De precio base el Nissan Qashqai se lleva el gato al agua con un costo mucho más bajo que el resto y un equipamiento completo. Quizá el reproche que hay que hacerle es que carece de extras, siendo necesario ir subiendo de acabado para aumentar las opciones. Con todo sigue teniendo un precio mejor que el resto.

 

Kuga, Yeti y Rav4 cuestan más o menos lo mismo de partida, aunque los europeos acaban subiendo su precio final, puesto que para igualar todo hay que añadirles el climatizador automático dual, la alarma y los sensores de lluvia, pasando a costar los dos poco más de los 30.000 euros —2.000 euros más que el Toyota— . Como viene siendo habitual, el Volkswagen Tiguan se desmarca con un precio elevado, quizá demasiado, aunque si bien es cierto que su terminación interior está, al menos por tacto y calidad visual de materiales, por encima de la de sus rivales aquí comparados. Para igualarle al resto, sólo hay que añadir los 285 euros de la alarma antirrobo, con lo que su precio final supera los 32.000 euros.

 

Tanto el Tiguan como, el Kuga o el Yeti admiten las posibilidad de ampliar su equipo de serie, ofreciendo una larga lista de extras para personalizarlos, entre los que destacan el asistente de parking asistido en los dos alemanes o los distintos paquetes que agrupan opciones el Ford Kuga. El resultado final se centra en la utilización que se vaya a dar al coche o, como ocurre en la mayoría de las ocasiones, los gustos estéticos. Cualquiera de ellos es lo suficientemente válido como para recomendarlo. Si no se va a salir del asfalto salvo en contadas ocasiones y por caminos, el Qashqai es una opción económica y el Kuga dinámica, mientras que el resto aportan el confort y la funcionalidad. Si lo que se busca es buen espacio interior, el Toyota Rav4 aporta unas cotas ligeramente superiores a las del resto, además de un buen maletero. El equilibrio lo encontramos en el Skoda y el VW; de los dos, el Tiguan nos parece mejor coche, además de ser más grande. Eso sí, muy caro.

 

En las plazas delanteras el espacio no plantea problemas en ninguno de los cinco, y es detrás donde surgen las grandes diferencias. Toyota, Skoda y Volkswagen disponen de mayor modularidad, con las banquetas traseras que se pueden desplazar longitudinalmente, en dos partes en el japonés y el alemán y en tres independientes en el checo. Los demás se limitan a abatir los respaldos cuando sea necesario. El espacio en estas plazas varía mucho; el que más anchura tiene es el Rav4 y el que menos el Tiguan, con 4 cm menos. Como era de esperar, el hueco para las piernas es mejor en los tres que pueden variar la posición de la banqueta, algo que nada tiene que envidiar el Qashqai, puesto que dispone del mismo espacio que un Yeti o un Rav4 a la vez que les supera en capacidad de maletero, que ellos tienen que sacrificar al echar hacia atrás la fila de asientos. El acceso a estas plazas cambia mucho de un coche a otro. Mientras que en el Tiguan o el Rav no plantean problemas, en el Kuga el asiento queda mucho más alto, lo que dificulta la entrada a personas mayores. Una vez sentados, a la hora de introducir los pies en el coche, nos encontramos con que en el Qashqai y Kuga hay que girar los tobillos, mientras que en el resto el pie entra de forma natural.

 

También hay que fijarse en los portones traseros a la hora de comprar el coche, sobre todo por cuestiones de altura. Por ejemplo, en el Kuga hay que conseguir una altura mínima con la mano de 1,94 m para alcanzar el portón cuando este está abierto, 1,93 m en el Yeti y 1,90 el Tiguan y unos magníficos 1,77 en el Qashqai. En el Toyota este problema no existe, puesto que el portón se abre lateralmente, ventaja para los menos altos -además hay que hacer menos fuerza para cerrarlo- pero más pensado para ciudades japonesas o británicas, ya que se abre a izquierdas, obligando al usuario a afrontarlo desde el lado por el que pasan los coches; por no hablar que cuando un coche se pega detrás no podremos abrirlo.

 

El Ford es el único de los cinco que permite abrir la luna trasera independiente, con lo que se puede cargar el coche cuando detrás tiene un coche pegado y sin necesidad de abrir el enorme portón; muy inteligente. A la hora de cargar el maletero optamos por abatir los asientos y meter una misma bicicleta de montaña con la premisa de no desmontar la rueda delantera y ¡cabe en todos! Eso sí, en Kuga, Qashqai y Rav4 -que el portón vuelve a molestar más que en los otros- con algunas dificultades pero al final entra y sin necesidad de arañar el guarnecido de los laterales. Los asientos abatidos quedan con fondo plano con dos niveles en el Toyota y se abaten rápidamente, al igual que en el Tiguan, que sí deja el fondo completamente plano. En el Nissan queda la parte de los respaldos un poco inclinada, mientras que en el Kuga esta operación se resuelve con sólo apretar un botón.

 

Seguridad total
Comportamiento off-road

Para poder establecer una comparativa lo más justa posible, dejamos de lado los acabados de los coches de las imágenes y nos centramos en las terminaciones básicas, igualando al máximo los equipamientos. De precio base el Nissan Qashqai se lleva el gato al agua con un costo mucho más bajo que el resto y un equipamiento completo. Quizá el reproche que hay que hacerle es que carece de extras, siendo necesario ir subiendo de acabado para aumentar las opciones. Con todo sigue teniendo un precio mejor que el resto.

 

Kuga, Yeti y Rav4 cuestan más o menos lo mismo de partida, aunque los europeos acaban subiendo su precio final, puesto que para igualar todo hay que añadirles el climatizador automático dual, la alarma y los sensores de lluvia, pasando a costar los dos poco más de los 30.000 euros —2.000 euros más que el Toyota— . Como viene siendo habitual, el Volkswagen Tiguan se desmarca con un precio elevado, quizá demasiado, aunque si bien es cierto que su terminación interior está, al menos por tacto y calidad visual de materiales, por encima de la de sus rivales aquí comparados. Para igualarle al resto, sólo hay que añadir los 285 euros de la alarma antirrobo, con lo que su precio final supera los 32.000 euros.

 

Tanto el Tiguan como, el Kuga o el Yeti admiten las posibilidad de ampliar su equipo de serie, ofreciendo una larga lista de extras para personalizarlos, entre los que destacan el asistente de parking asistido en los dos alemanes o los distintos paquetes que agrupan opciones el Ford Kuga. El resultado final se centra en la utilización que se vaya a dar al coche o, como ocurre en la mayoría de las ocasiones, los gustos estéticos. Cualquiera de ellos es lo suficientemente válido como para recomendarlo. Si no se va a salir del asfalto salvo en contadas ocasiones y por caminos, el Qashqai es una opción económica y el Kuga dinámica, mientras que el resto aportan el confort y la funcionalidad. Si lo que se busca es buen espacio interior, el Toyota Rav4 aporta unas cotas ligeramente superiores a las del resto, además de un buen maletero. El equilibrio lo encontramos en el Skoda y el VW; de los dos, el Tiguan nos parece mejor coche, además de ser más grande. Eso sí, muy caro.

 

En las plazas delanteras el espacio no plantea problemas en ninguno de los cinco, y es detrás donde surgen las grandes diferencias. Toyota, Skoda y Volkswagen disponen de mayor modularidad, con las banquetas traseras que se pueden desplazar longitudinalmente, en dos partes en el japonés y el alemán y en tres independientes en el checo. Los demás se limitan a abatir los respaldos cuando sea necesario. El espacio en estas plazas varía mucho; el que más anchura tiene es el Rav4 y el que menos el Tiguan, con 4 cm menos. Como era de esperar, el hueco para las piernas es mejor en los tres que pueden variar la posición de la banqueta, algo que nada tiene que envidiar el Qashqai, puesto que dispone del mismo espacio que un Yeti o un Rav4 a la vez que les supera en capacidad de maletero, que ellos tienen que sacrificar al echar hacia atrás la fila de asientos. El acceso a estas plazas cambia mucho de un coche a otro. Mientras que en el Tiguan o el Rav no plantean problemas, en el Kuga el asiento queda mucho más alto, lo que dificulta la entrada a personas mayores. Una vez sentados, a la hora de introducir los pies en el coche, nos encontramos con que en el Qashqai y Kuga hay que girar los tobillos, mientras que en el resto el pie entra de forma natural.

 

También hay que fijarse en los portones traseros a la hora de comprar el coche, sobre todo por cuestiones de altura. Por ejemplo, en el Kuga hay que conseguir una altura mínima con la mano de 1,94 m para alcanzar el portón cuando este está abierto, 1,93 m en el Yeti y 1,90 el Tiguan y unos magníficos 1,77 en el Qashqai. En el Toyota este problema no existe, puesto que el portón se abre lateralmente, ventaja para los menos altos -además hay que hacer menos fuerza para cerrarlo- pero más pensado para ciudades japonesas o británicas, ya que se abre a izquierdas, obligando al usuario a afrontarlo desde el lado por el que pasan los coches; por no hablar que cuando un coche se pega detrás no podremos abrirlo.

 

El Ford es el único de los cinco que permite abrir la luna trasera independiente, con lo que se puede cargar el coche cuando detrás tiene un coche pegado y sin necesidad de abrir el enorme portón; muy inteligente. A la hora de cargar el maletero optamos por abatir los asientos y meter una misma bicicleta de montaña con la premisa de no desmontar la rueda delantera y ¡cabe en todos! Eso sí, en Kuga, Qashqai y Rav4 -que el portón vuelve a molestar más que en los otros- con algunas dificultades pero al final entra y sin necesidad de arañar el guarnecido de los laterales. Los asientos abatidos quedan con fondo plano con dos niveles en el Toyota y se abaten rápidamente, al igual que en el Tiguan, que sí deja el fondo completamente plano. En el Nissan queda la parte de los respaldos un poco inclinada, mientras que en el Kuga esta operación se resuelve con sólo apretar un botón.

 

Seguridad total
Comportamiento off-road

Para poder establecer una comparativa lo más justa posible, dejamos de lado los acabados de los coches de las imágenes y nos centramos en las terminaciones básicas, igualando al máximo los equipamientos. De precio base el Nissan Qashqai se lleva el gato al agua con un costo mucho más bajo que el resto y un equipamiento completo. Quizá el reproche que hay que hacerle es que carece de extras, siendo necesario ir subiendo de acabado para aumentar las opciones. Con todo sigue teniendo un precio mejor que el resto.

 

Kuga, Yeti y Rav4 cuestan más o menos lo mismo de partida, aunque los europeos acaban subiendo su precio final, puesto que para igualar todo hay que añadirles el climatizador automático dual, la alarma y los sensores de lluvia, pasando a costar los dos poco más de los 30.000 euros —2.000 euros más que el Toyota— . Como viene siendo habitual, el Volkswagen Tiguan se desmarca con un precio elevado, quizá demasiado, aunque si bien es cierto que su terminación interior está, al menos por tacto y calidad visual de materiales, por encima de la de sus rivales aquí comparados. Para igualarle al resto, sólo hay que añadir los 285 euros de la alarma antirrobo, con lo que su precio final supera los 32.000 euros.

 

Tanto el Tiguan como, el Kuga o el Yeti admiten las posibilidad de ampliar su equipo de serie, ofreciendo una larga lista de extras para personalizarlos, entre los que destacan el asistente de parking asistido en los dos alemanes o los distintos paquetes que agrupan opciones el Ford Kuga. El resultado final se centra en la utilización que se vaya a dar al coche o, como ocurre en la mayoría de las ocasiones, los gustos estéticos. Cualquiera de ellos es lo suficientemente válido como para recomendarlo. Si no se va a salir del asfalto salvo en contadas ocasiones y por caminos, el Qashqai es una opción económica y el Kuga dinámica, mientras que el resto aportan el confort y la funcionalidad. Si lo que se busca es buen espacio interior, el Toyota Rav4 aporta unas cotas ligeramente superiores a las del resto, además de un buen maletero. El equilibrio lo encontramos en el Skoda y el VW; de los dos, el Tiguan nos parece mejor coche, además de ser más grande. Eso sí, muy caro.

 

En las plazas delanteras el espacio no plantea problemas en ninguno de los cinco, y es detrás donde surgen las grandes diferencias. Toyota, Skoda y Volkswagen disponen de mayor modularidad, con las banquetas traseras que se pueden desplazar longitudinalmente, en dos partes en el japonés y el alemán y en tres independientes en el checo. Los demás se limitan a abatir los respaldos cuando sea necesario. El espacio en estas plazas varía mucho; el que más anchura tiene es el Rav4 y el que menos el Tiguan, con 4 cm menos. Como era de esperar, el hueco para las piernas es mejor en los tres que pueden variar la posición de la banqueta, algo que nada tiene que envidiar el Qashqai, puesto que dispone del mismo espacio que un Yeti o un Rav4 a la vez que les supera en capacidad de maletero, que ellos tienen que sacrificar al echar hacia atrás la fila de asientos. El acceso a estas plazas cambia mucho de un coche a otro. Mientras que en el Tiguan o el Rav no plantean problemas, en el Kuga el asiento queda mucho más alto, lo que dificulta la entrada a personas mayores. Una vez sentados, a la hora de introducir los pies en el coche, nos encontramos con que en el Qashqai y Kuga hay que girar los tobillos, mientras que en el resto el pie entra de forma natural.

 

También hay que fijarse en los portones traseros a la hora de comprar el coche, sobre todo por cuestiones de altura. Por ejemplo, en el Kuga hay que conseguir una altura mínima con la mano de 1,94 m para alcanzar el portón cuando este está abierto, 1,93 m en el Yeti y 1,90 el Tiguan y unos magníficos 1,77 en el Qashqai. En el Toyota este problema no existe, puesto que el portón se abre lateralmente, ventaja para los menos altos -además hay que hacer menos fuerza para cerrarlo- pero más pensado para ciudades japonesas o británicas, ya que se abre a izquierdas, obligando al usuario a afrontarlo desde el lado por el que pasan los coches; por no hablar que cuando un coche se pega detrás no podremos abrirlo.

 

El Ford es el único de los cinco que permite abrir la luna trasera independiente, con lo que se puede cargar el coche cuando detrás tiene un coche pegado y sin necesidad de abrir el enorme portón; muy inteligente. A la hora de cargar el maletero optamos por abatir los asientos y meter una misma bicicleta de montaña con la premisa de no desmontar la rueda delantera y ¡cabe en todos! Eso sí, en Kuga, Qashqai y Rav4 -que el portón vuelve a molestar más que en los otros- con algunas dificultades pero al final entra y sin necesidad de arañar el guarnecido de los laterales. Los asientos abatidos quedan con fondo plano con dos niveles en el Toyota y se abaten rápidamente, al igual que en el Tiguan, que sí deja el fondo completamente plano. En el Nissan queda la parte de los respaldos un poco inclinada, mientras que en el Kuga esta operación se resuelve con sólo apretar un botón.

 

Seguridad total
Comportamiento off-road

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