Prueba: Subaru Forester 2.0 TD AWD, el original menos original

Que técnica y funcionalmente el nuevo Forester pueda resultar un SUV intachable, no quita para que aquél exclusivo modelo originario haya ido paulatinamente evolucionando hacia una imagen y dinámica tan asépticas, que particularmente creo que ha sido en detrimento de su originalidad.
Lorenzo Alcocer -
Prueba: Subaru Forester 2.0 TD AWD, el original menos original
Prueba: Subaru Forester 2.0 TD AWD, el original menos original

Por sus atípicos motores de cilindros tumbados y opuestos (como en los Porsche 911), inseparablemente asociados a la tracción integral, técnicamente los Subaru han sido y son coches muy exclusivos y especialmente atractivos para los amantes de la mecánica. Sobre esta base técnica, Subaru se ha labrado una excelente imagen deportiva con sus Impreza y otra de especialista SUV o crossover, con sus Outback y Forester. La originalidad del Forester también ha estado determinada por su atípica carrocería, un formato de berlina familiar con techo sobreelevado que sirvió para que la propia marca se refiriera a él, como un Sport Utility Van. Además, aquellos primeros Forester rodaban por asfaltos rotos o pistas con una suavidad, comodidad y despreocupación increíble. En definitiva, eran coches muy exclusivos.

 

Así, mientras todo Forester me ha transmitido siempre ser un vehículo diferente con personalidad o ventajas intrínsecas, en esta nueva generación no encuentro ningún valor añadido, ni a su cada vez más impersonal carrocería, ni a una mecánica Diesel, bóxer por supuesto, que llegó en 2008, de la que ya no me vale que consuma poco. Dinámicamente, también me parece que el Forester ha optado por adecuarse al uso mayoritario de estos coches, al buen asfalto, pero sin ofrecer la calidad de rodadura de los SUV rivales (continuamente me acuerdo de sus contemporáneos, Honda CR-V, Mazda CX-5 y Mitsubishi Outlander) y perdiendo esa extraordinaria capacidad para circular cómodamente por asfaltos bacheados o pistas de tierra.

 

Ahora, siento al Forester el SUV más retenido de amortiguación entre sus rivales y parece incapaz de filtrar las ondulaciones del asfalto a baja velocidad. Su tacto parece hasta de coche deportivo, por como "bota" la carrocería, pero a cambio, según ganas velocidad, no te encuentras un Forester que te impresione por su dinámica, porque tampoco lo pretende. Al menos con los neumáticos Yokohama Geolander de serie, sigue muy presente y es algo que le define, su clara tendencia subviradora, lo que pide moderación en la entrada en curva. Siempre han sido así los Forester, pero de algún modo su aceptación a sobrevirar después, lo compensaba, y para los entusiastas del volante podía resultar hasta estimulante. Pero el nuevo Forester es muy disciplinado: no quiere entrar rápido en curva y todas sus reacciones son ejemplarmente neutras, para no "inquietar" lo más mínimo a su conductor. Con este nuevo planteamiento, ha perdido lo que para mi era un enorme plus: su confort de pisada sobre todo tipos de asfaltos y pistas de tierra y suavidad general. Ahora incluso parece un modelo comparativamente rudo, frente al "berlinizado" tacto y pisada de los SUV de última generación.

 

Único en su género

En esta "rudeza" entra en juego también su mecánica. Con el título honorífico de ser el único motor bóxer Diesel del mundo y la felizmente "dieselización" del anterior Forester, todo fue parabienes, pero hoy día todo continúa igual. Comprobando que sigue siendo una extraordinaria referencia en consumos, quizás sirva para mantener su vigencia tal cual, también por su muy buena respuesta en general, pletórico desde 1.500 rpm en cualquier marcha, pero le doy más importancia a su nula evolución en su refinamiento en general. No sé si es achacable al propio motor o al trabajo de insonorización. O a las dos cosas. Pero este potente y económico bóxer si no se deja escuchar mucho (en la puesta en marcha sí), la calidad de su ruido y finura de giro está muy lejos de lo alcanzado por los refinadísimos 2.2 del Honda CR-V y Mazda CX-5. La caja de cambios tampoco suma refinamiento al conjunto. Aun correcta y precisa en las inserciones, te exige marcar a veces los guiados de 3ª y 5ª para no equivocarse.

 

Como decía, que no se le pueda reprochar al 2.0 TD nada vistos sus consumos en este Forester de 1.607 kilos y tracción AWD permanente, no quita para que eche en falta un dispositivo Stop-Start, hoy día presente en toda novedad. Estrena un sensor de nivel de aceite y soportes hidráulicos pero igualmente me pregunto por los planes de evolución que Subaru tiene programados para este motor, cuando sus ventas en Europa (testimoniales para un fabricante global), deben ralentizar la amortización de su desarrollo y evolución.

 

En su otro equipamiento no faltan los estándares más habituales y algún que otro gadget, como la apertura eléctrica del portón trasero. Según versiones, puede disponer de serie de calefacción en los asientos, apertura por llave electrónica o pantalla de marcha atrás. A donde no llega es a los últimos sistemas de seguridad que empiezan a generalizarse en el segmento, como el asistente de carril, los faros direccionales, los sistemas de precolisión o los avisadores de los ángulos muertos.

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