Prueba: Opel Mokka 1.4 Turbo 4x4, resultón

Como acostumbra Opel, la puesta en escena del nuevo Mokka resulta muy llamativa. Pero el Mokka no solo impone presencia. Bajo esa imagen de moda, en esta versión 1.4 Turbo 4x4 también hay buenas sensaciones de Sport Utility Vehicle.
Lorenzo Alcocer -
Prueba: Opel Mokka 1.4 Turbo 4x4, resultón
Prueba: Opel Mokka 1.4 Turbo 4x4, resultón

Resulta pura rutina hablar de nuevos SUV cada día. Llegan por todas partes y de todos los tamaños y no extra­ñaría que se convirtieran en el formato convencional del futu­ro, por ese plus de imagen y ergonomía (altura de asientos) que suman a la funcionalidad bá­sica de una berlina. En estos tiempos de crisis, se escucha decir que el segmento medio de los SUV es el que menos está sufriendo las conse­cuencias y si haces un repaso a los SUV com­pactos anunciados para los próximos años... hasta Porsche y Lexus se sumarán con inéditos Macan y NX, respectivamente.


Opel
no es nueva por estos lares. Dispone des­de hace años de un corpulento Antara, que por lo que sea, no ha sido partícipe del éxito. En su caso, por muchas de sus cualidades, el Mokka apunta, si no directamente, al segmento más po­pular de los SUV, seguro que instigado por el éxito del Nissan Qashqai, pero Opel habla también del Nissan Juke y del Skoda Yeti como sus rivales... como también del Mitsubishi ASX, justificado por sus atípicos 4,28 metros de longitud.


Mucha presencia

Los centímetros físicos que le pudieran faltar al Mokka los suple con centímetros visuales y creo que también con su bonita imagen, donde tampoco faltan genero­sas llantas de 18 pulgadas. Por proporciones, es más alto que largo y ancho y esto mismo perci­bes por dentro. Pero solo parecen criticables, si lo ves como rival del Qashqai, los 325 litros verificados de maletero.


El Mokka te ofrece un acceso muy cómodo, una posición elevada bien ajustada al habitácu­lo y un puesto de conducción impecable en esta cuidada unidad probada. Los asientos opciona­les AGR (405 euros) son un lujo por formas, ta­maño y reglajes en un coche de esta categoría, como el equipamiento del que puede disponer (sensores de colisión, de pérdida de carril, reco­nocimiento de señales, faros inteligentes, etc). Además, la presentación material y visual del salpicadero también hace de este Mokka un co­che muy vistoso y de elevada calidad percibida.


La categoría que transmite también aparece en su rodar. Lo sientes más Qashqai que Juke, muchísimo más Astra que Corsa. Su pisada pa­rece muy buena por su equilibrio general, algo que no siempre sucede en un coche dispuesto a rodar por variadas superficies. Pisa con aplomo, con poco balanceo, sin sensación de aparatosi­dad, pero de la misma manera, afronta baches y badenes (y alcantarillas, bordillos y reductores de velocidad) sin sequedad. En este sentido, he frecuentado carreteras muy rotas y pistas de tie­rra y el Mokka lleva a despreocuparte por dónde pisas, por esa buena filtración de unas suspen­siones más largas que hace que no sientas estar castigando al coche. Quizás por esta "especiali­zación", me han sorprendido las dinámicas ma­neras del Mokka sobre su otro hábitat, las carre­teras normales.


4x4 y algo más

Sobre el papel, las versio­nes 4x4 del Mokka tienen una puesta a punto de suspensión y dirección diferente a las 4x2. Es evidente que cuentan con una mejor capa­cidad de tracción, pero creo que también impli­ca una actitud dinámica más deportiva y hasta cierto punto "estimulante" por su intensidad en un vehículo así. Destacaba líneas arriba su pre­cisión. Recuerdo en mis primeros kilómetros un Mokka muy direccional, de excelente guiado, rápido y sin "tolerancias", y especialmente reac­tivo de eje trasero al cambio de masas en curva. Indagando, descubrí que llevaba presiones muy altas en los neumáticos (2,7 y 2,8 bar), las reco­mendadas como ecológicas por Opel para favo­recer el consumo de combustible. Pero con es­tas presiones y una conducción rápida, se exalta el dinamismo trasero del Mokka hasta unos niveles quizá desconcertantes, también por la permisividad del control de estabilidad.


Probé con las presiones normales recomendadas (2,2 bar en ambos ejes) y el Mokka no disimula su acti­tud, pero se vuelve más progresivo, más adecua­do para todos los públicos. No es una advertencia sobre el dinamismo del Mokka 4x4, sino una re­flexión de lo mucho que pueden influir las presio­nes de los neumáticos. Y la combinación que pue­de suponer la recomendación ecológica con una conducción rápida.


En cualquier caso, la tracción integral es una herramienta de eficacia y seguridad en el Mokka. El sistema utilizado monta un diferencial central electromagnético que reacciona y también se an­ticipa a pérdidas de motricidad. Tiene en cuenta la velocidad de las ruedas, la posición del acelerador, el giro de la dirección, etc, y varía el reparto au­tomáticamente. En condiciones normales, desvía todo el par al tren delantero, pero nunca lo satu­rarás por la rapidez del sistema a variar el reparto. El Mokka es más agradecido tra­zando la curva acelerando, que descargándole, y por su eficacia y seguridad te permite ir muy rápi­do con mucha naturalidad.


Su tracción integral quizá se amortice los días de lluvia y nieve, pero también tenemos una he­rramienta para salir del asfalto. Por tracción, el Mokka avanza sobre barro, tierra y hierba sin es­pecial atención por tu parte, pero por su bajo fal­dón delantero encontrarás límites para ir un poco más allá. Y su embrague tampoco está dispuesto a participar en pasos complicados.


1.4 turbo de gasolina

Si la tracción in­tegral puede suponer un "plus" dinámico en el Mokka, su motor 1.4 Turbo de gasolina se suma a esta percepción. En nuestro mundo Diesel, recu­perar las sensaciones de un motor Turbo de gaso­lina siempre se agradece, especialmente en Opel. Siempre miro con recelo los Opel Diesel por lo rui­dosos que siguen siendo a día de hoy y encontrar­me un Opel refinado como este es toda una noticia. El 1.4 Turbo no es especialmente potente, pero sus 140 CV y 20 mkg aseguran buenas prestaciones y agrado de conducción. Su naturaleza turbo hace fácil el empuje y si bien por debajo de 2.000 rpm no permite descuidar el cambio, siempre recibes la agradable respuesta de ganar velocidad. Es suave y progresivo, tanto que por encima de 4.500 rpm hasta el corte a 6.000 rpm, te puede resultar algo plano.


Tiene, por tanto, una doble personalidad, la de refinado propulsor aprovechando un bajo/medio régimen que te garantiza buenas prestaciones y agrado. Y la de deportivo, explorando un alto régimen olvidado con los Diesel. La caja de cambio de 6 velocidades funciona muy bien. Se siente suave en los desplazamientos y precisa en las inserciones. El conjunto se combina con un dispositivo Stop-Start que funciona correctamente, parando a menudo el motor en las detenciones y rearrancándolo con rapidez apenas acariciamos el embrague. No sirve para equiparar los consumos a los de un Diesel equivalente y en este sentido el 1.4 Turbo poco puede hacer. Pero sí parece razonable un consumo medio de 7,8 litros, cuando disponemos de un SUV 4x4, en el que peso, rozamientos y aerodinámica influyen sobremanera.

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