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Nissan Murano dCi

Como siempre, pero como nunca. Ahora se escucha un tintineo al arrancar que delata la gran novedad que esconde el Murano. Sí, un Diesel, 190 CV y mucho par salen al rescate para europeizar aún más a este elegante SUV que, desde ahora, combina su típica elegancia con unos más que aceptables consumos.
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Nissan Murano dCi
Nissan Murano dCi

Peculiar entre sus semejantes por más que, desde 2005 que convive entre nosotros, el segmento se haya alimentado de las más exóticas propuestas —X6 de BMW, sin ir más lejos, el SUV coupé—. Singular aún hoy por su diseño, elegante porte y refinada propuesta en gasolina. Ahora —en concreto, desde el cambio generacional—, más cerca de Infiniti que nunca. Se abre puertas a golpe de Diesel. Llega el motor esperado, tal vez no es el que deseábamos, pero no cabe duda de se trata de un motor que aporta una más que razonable economía de consumos y le va a dar nuevas alas al Murano. Lástima que llegue en el peor momento: el mercado tiende a ir a la baja —en categoría comercial, tamaño, etc— y el coche grande y alto no está demasiado bien visto en muchos países, pero ni el Murano representa esa ostentación de otros semejantes —aunque sí la esconde en su interior— ni su diseño es, socialmente, demasiado agresivo. SUV parece, tal vez más de lo que aparenta ser, pero este nuevo cambio de imagen —modificaciones en el frontal— que acompaña a la incorporación del Diesel parece recortar sus grandes proporciones y vuelve a refinar su estilo.

Opción de peso entre los grandes SUV. Quien busque esa sensación de seguridad, ya sea por activa —por ser un coche de tracción total— o por pasiva —por el mero hecho de ir dominando el tráfico desde arriba— la encontrará en el Murano. Alternativa a la clásica berlina, sumando, por encima de todo, un excelente confort, calidad interior y amplitud. Los cambios estéticos mejoran la aerodinámica —baja de 0,37 a 0,34— aunque el Murano Diesel no destaca por ser un coche silencioso; punto débil, tal vez por se excepcionalmente ancho. A alta velocidad se siente el susurro aerodinámico —por sus grandes espejos, fundamentalmente—, y al acelerar a fondo el motor se deja oír nítidamente en el interior, aunque ‘desaparece’ cuando se acaricia el acelerador para mantener la velocidad de crucero. Del gasolina al Diesel, un mundo, para bien o para mal. O fina seda al volante o consumos asumibles, para eso llega el dCi, al rescate.

Ese motor V6 del que presumen Navara o Infiniti, con su inexorable convertidor hidráulico de par, sencillamente no cabe en posición transversal a bordo del Murano. Se suma al carro, por tanto, el conocido 2.5 dCi de cuatro cilindros. Mejorado, adaptado a su nueva condición de refinado ‘turismo’, evoluciona tanto como puede: nueva culata con mayor permeabilidad, conducto común con más presión en la rampa, turbo de geometría variable con álabes de control electrónico. Suficiente… Al menos en dinámica ofrece lo que se esperan de 190 CV siempre y cuando entendamos al Murano como el amable rodador que es. No es ágil de reacciones en parte porque su elevado peso cuesta ponerlo en movimiento desde parado, porque el convertidor de par acusa un más que ligero resbalamiento y porque el trasiego de marchas no es demasiado rápido. Pero este Murano tampoco es ni lento ni perezoso.

Muestra su mejor cara en vías amplias, su trazado favorito, donde enclava fácilmente una velocidad de giro y el motor pasa a un segundo plano en sonoridad, tacto y consumos, mientras que en trazado exigente y complicado, cuesta más seguir un ritmo no ya rápido, pero sí vivo para relanzarlo de nuevo entre curva y curva, aparece un tacto algo tosco al apurar sus marchas cortas y el consumo comienza a elevarse. Está claro que no es el motor más redondo, pero dos, tres y hasta cuatro litros menos que la variante de gasolina valen su peso en oro aunque nos tengamos que olvidar de la extraordinaria dulzura del Murano que hasta ahora conocemos. Incuantificable el papel que podría haber hecho el 3.0 dCi… Aunque la referencia del Navara en un primer plano y el Infiniti FX en un segundo nos hace la boca agua: por un lado, el TT de Nissan con el motor Renault rebaja la aceleraciones en unos considerables dos segundos a la versión 2.5 dCi, y sin llegar a marcar referencias en su clase, el refinamiento del FX Diesel es netamente mejor.

Claro que, tampoco hay muchos coches de su categoría que puedan ofrecer tanto como éste y cuesten no ya lo mismo, sino sólo un poquito más. ¿Diferencias? Las suficientes como para perdonar que el 2.5 dCi suene demasiado en frío y no sea un rayo. Piel a granel, asientos eléctricos y calefactables, sistema de navegación, faros bixenón, portón del maletero eléctrico, cámara de marchas atrás, techo solar y un largo etc de elementos que en la competencia se suelen pagar en opción. Todo de serie en el acabado más alto de gama, equipado con la llanta de 20 pulgadas.

Cómodo, mejoró la segunda generación y el Diesel no llega a enturbiar el excelente tacto de amortiguación y calidad de rodadura, incluso con semejantes rodillos apisonando el asfalto. Amplio, muy ancho, sin túnel central, de los mejores coches para viajar en compañía. Funcional, casi medio metro cúbico de maletero y, para rozar el rizo, asientos plegables que vuelve a su posición original a golpe de botón. Y eficaz, fácil de conducir, sin aparatosas reacciones aunque el Murano tienda a subvirar pronto y la tracción total sólo salga en nuestro auxilio cuando existe una evidente pérdida de tracción en el tren delantero, algo que respecto al 3.5 V6, se ha mejorado notablemente en esta versión Diesel… Demasiadas razones como para que, después de todo, lo menos bueno de este recién llegado motor pueda pasar a un segundo plano.

  • Ajustes y acabados
  • Equipamiento y precio
  • Habitabilidad
  • Refinamiento mecánico
  • Consumos a alta velocidad
  • Sin luces automáticas

Cunden sus 190 CV para que nos frían a multas, pero el Murano es un peso pesado. Grande, aunque mejorado aerodinámicamente, cuesta relanzarle y moverse de forma ágil por trazado exigente. El cambio, mejorable en rapidez.

Era bueno y mejoró notablemente con el cambio generacional, aunque se nota que el Diesel se suma al carro, no siendo tan gratificante y refinado como la versión de gasolina. Suspensiones e interiores, excepcionales.

Su extenso equipamiento deja inexplicablemente fuera de juego las luces automáticas o los airbag laterales traseros y de rodilla. Por lo demás, cumple por activa, por pasiva y por facilidad de manejo y conducción.

El coste de utilización será sensible a cómo y cuánto se pise el acelerador: de los poco más de 10 l/100 km registrados de media podemos irnos fácilmente por encima de 12. Su relación valor/equipamiento/precio, insuperable.

Inmejorable posición económica aún cuando hay que dejarse 50.000 euros —lo justifica su equipamiento—, gran confort rutero y amplitud a prueba de viajero. Ahora, el Diesel, añade algo de lógica a la compra para hacer del Murano un rodador incansable.

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