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Mercedes Clase G

Lleva más de 30 años surcando todo tipo de terrenos, y no descansa. Con el diseño de siempre, pero con un equipamiento más exclusivo y una nueva puesta a punto mecánica, el icono del mundo 4x4 sigue sólido como una roca. Eso sí, ahora estrena dos nuevas versiones AMG, con motores V8 y V12 de hasta 612 CV; tan poderosas… como desproporcionadas.
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Mercedes Clase G
Mercedes Clase G

Su historia arrancó en 1979, y desde entonces no ha habido quien le pare. Sobre todo por los terrenos más exigentes. Hablamos del inconfundible Mercedes Clase G, hoy toda una leyenda viva del universo off road y que, casi 33 años después, se mantiene prácticamente invariada. Al menos desde el punto de vista estético y de estructura.

Y es que la fisonomía del Mercedes Clase G es prácticamente la misma desde su nacimiento. Superficies verticales y líneas muy angulosas que le otorgaron desde su origen  un carácter muy práctico, casi de vehículo profesional. Y para eso nació. Claro que con los años se ha ido adaptando con nueva tecnología, mayor confort y un equipamiento de primera, prácticamente de berlina de lujo. En ese valor, precisamente, vuelve a incidir ahora Mercedes, con una actualización que, en diseño exterior, únicamente repercute en nuevas luces de LED diurnas y retrovisores remodelados. Por dentro, sí hay más cambios.

Porque nada más entrar al habitáculo observamos un mejor ambiente. Para empezar se rediseña el tablero de instrumentos, ahora también con pantalla central a color. Nueva es también la consola central, los más ergonómicos mandos y hasta una nueva unidad de control electrónica del aire acondicionado.

Y un nuevo paso más llega en el equipamiento del Mercedes Clase G. De clásico y rudo todo terreno a 4x4 de auténtico lujo. Ahora, por ejemplo, se estrena de serie el sistema Comand Online que incluye, además de un navegador con funciones off road adicionales, conexión a Internet, Bluetooth, control por voz Linguatronic o cargador para 6 DVD’s. Y, ya como opción, también son novedad dos sistemas controlados por radar: el control de ángulo muerto y el control de velocidad con regulación de distancia.

Mecánicamente no hay muchas modificaciones en el Mercedes Clase G… al menos en cuanto a sus versiones convencionales. En su variante Station Wagon de batalla larga (mide 4,66 metros de longitud y tiene una distancia entre ejes de 2,85 m), mantiene dos motores como alternativa.

La gama se abre con el Mercedes G 350 BlueTec, dotado de un propulsor V6 Diésel de 3,0 litros de cilindrada y 211 CV. Capaz de acelerar de 0 a 100 km/h en 9,1 segundos, ofrece un consumo de 11,2 l/100 km y trabaja con el aditivo AdBlue, una solución de urea que minimiza las emisiones de óxidos de nitrógeno y mejora el rendimiento. Por encima, vuelve a aparecer el potente Mercedes G 500, con motor de gasolina V8 de 5,5 litros y 387 CV: 0 a 100 km/h en 6,1 segundos y 14,9 l/100 km de consumo. Motor, por cierto, encargado también de impulsar a la única variante de batalla corta (4,26 m de largo y 2,40 de distancia entre ejes), relegada hoy al Mercedes G 500 Cabrio, un descapotable de 3 puertas con un techo de lona que cubre la zona trasera.

Ambas motorizaciones llegan junto a un cambio automático 7G-Tronic Plus de 7 velocidades, ahora revisado para una mayor eficiencia. Y también el control de estabilidad ESP ofrece nueva puesta a punto, ya con sistema de ayuda al arranque en cuesta y función Hold.

Lo que no cambia en la renovada Mercedes Clase G es su capacidad para avanzar fuera de asfalto. Si en carretera, a pesar hoy de un mejor aislamiento y perceptibles mejoras en calidad de materiales y confort, sigue mostrándose como un vehículo pesado y aparatoso (conviene anticipar bien los giros por una dirección más bien lenta), en campo es una auténtica locomotora.

Después de 33 años, el Mercedes Clase G sigue apostando hacia un duro bastidor de largueros y travesaños, y a ejes rígidos para la suspensión. También a una buena altura libre al suelo de 21centímetros, grandes cotas TT (ángulo de ataque de hasta 36º y de salida de hasta 27) y mucho recorrido de suspensión. Y como no, a una excelente motricidad.

El Mercedes Clase G cuenta de serie con un sistema de tracción integral permanente, capaz de distribuir la fuerza en proporción 50/50 entre los ejes delantero y trasero. Además siempre incluye caja reductora y tres diferenciales con acción de bloqueo del 100%, que se pueden activar en marcha y junto a la reductora. No extraña así que el Clase G, apoyado en dos motores con gran bajo régimen y mucha potencia, sea capaz de avanzar por los terrenos más escarpados con una solvencia absoluta.

Además de sus TT de lujo, Mercedes ofrece en su Clase G la variante Profesional. Creado para uso extremo, se trata de una versión con equipamiento reducido para un uso más práctico e idónea para servicios de salvamento.

Bestiales AMG
Quizás, por este imperturbable carácter off road, sorprende más aún la llegada de dos nuevas y más excesivas variantes AMG… claro que Mercedes las justifica en una cuota de ventas para la gama superior al 40% en los últimos años. Increíble: puede que la explicación haya que buscarla en Oriente Medio.

Abre en este caso la gama un Mercedes G 63 AMG que, con motor V8 biturbo de 5,5 litros y 544 CV, sustituye ya al anterior G 55 AMG Kompressor de 507 CV. La nueva versión ofrece aún mejores prestaciones (5,4 segundos en el 0 a 100 km/h y 210 km/h de velocidad máxima) y menor consumo: 13,8 l/100 km y sistema Stop/Start de serie.

Pero aún más extremo es el nuevo Mercedes G 65 AMG, con motor V12 biturbo de 6,0 litros, 612 CV y… ¡102 mkg de par máximo! Se trata del TT de serie más potente hoy en el mundo… ¡Y el Mercedes más caro del momento! Una verdadera salvajada de casi 300.000 euros, capaz de acelerar de 0 a 100 km/h en 5,3 segundos a pesar de sus más de 2,5 toneladas de peso. El consumo, en este caso, es de 17,0 l/100 km.

Ambas variantes Mercedes G AMG se distinguen estéticamente del resto de la gama por una parrilla de radiador AMG, de lomas dobles, por los paragolpes acentuados, mayores entradas de aire y pinzas de freno rojas. Además, equipan la revisada transmisión automática AMG Speedshift Plus 7G-Tronic (más rápida), neumáticos sobredimensionados 275/50 R20 y cuentan con puesta a punto específica del tren de rodaje, adaptado al mayor dinamismo.

En carretera de montaña, donde los hemos podido conducir durante unos pocos kilómetros, estos AMG nos han parecido tan sumamente rápidos como inestables. Por mucho ajuste que tenga, el bastidor no está a la altura del motor, con mucho balanceo de carrocería y excesivo peso: los controles electrónicos entran continuamente en acción para no perder trayectorias. En faena, cuesta pararlo y también meterlo en curva con una dirección no demasiado rápida y directa. La Clase G no nació para esto.

Como siempre, fiable y muy efectivo para el trato más duro y exigente, aunque ahora con mejor equipamiento y más confort. Eso sí, sigue siendo muy caro. Al AMG no le encuentro sentido: dadas sus posibilidades y limitaciones, no se puede ir más rápido que con un G 500… a pesar de contar con 225 CV más.

  • Mercedes G 350 BlueTEC: 97.600 euros
  • Mercedes G 500: 112.700 euros
  • Mercedes G 63 AMG: 153.800 euros
  • Mercedes G 65 AMG: 295.000 euros
  • Mercedes G 500 Cabrio: 113.000 euros

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