Jeep Wrangler 2.8 CRD Sahara Aut. 5P

La llegada del motor 2.8 turbodiesel, junto a la carrocería de cinco puertas, renueva y amplia considerablemente el abanico de clientes a quienes se dirige un modelo que cuenta con un atractivo lúdico indudable, incluso dentro del ámbito de los usuarios más alejados del 4x4 extremo.
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Jeep Wrangler 2.8 CRD Sahara Aut. 5P
Jeep Wrangler 2.8 CRD Sahara Aut. 5P

Estamos seguros que la frase que sirve de titular a esta prueba la habrá gritado más de un amante del Jeep Wrangler que, por volumen de familia o tipo de motor, se veía imposibilitado de acceder a este «capricho». El descenso en las ventas y la necesaria actualización de un vehículo que contaba ya con 20 años de historia a sus espaldas sin apenas variaciones —el Wrangler fue presentado en el Salón de Ginebra de 1986—, han obligado a su fabricante a replantearse algunos de los pilares básicos en los que se sustentaba este especial concepto de coche.

Esa renovación, que no dejaba de ser un reto «delicado» para el fabricante, ya que si el nuevo modelo se alejaba demasiado de las señas de identidad del coche y como ocurrió en su día con el nuevo Cherokee, más que incrementar el interés por su compra podía generar rechazo entre los más puristas, ha sido resuelta a completa satisfacción. De hecho y tras haber pasado por nuestro banco de pruebas, hay que reconocer a Jeep el que sus ingenieros han acertado plenamente, porque aunque el Wrangler 2007 es un modelo completamente nuevo en prácticamente todos sus apartados, por estética, sensaciones y efectividad en campo, sigue siendo un auténtico Wrangler.

Aunque no son tan cortas como en la variante Rubicon, las reductoras de este Jeep le permiten afrontar rampas de considerable inclinación tanto para remontarlas como para bajarlas. Eso sí, descenderlas exige, en esta variante de cambio automático, bloquear el cambio en primera.

En este sentido, la modificación más significativa ha sido sin duda la llegada de la carrocería de cinco puertas. Respecto de ella, debemos alabar su estética, que pese al lógico alargamiento y modernización, sigue manteniendo intactos tanto la personalidad como el carácter aventurero de sus predecesores. De hecho y como consecuencia precisamente de ese buscado talante, el modelo presenta algunas peculiaridades que, sin ser demasiado criticables, hay que tener en cuenta. Así, se mantiene el elevado umbral inferior de las puertas, fruto de la gran distancia libre que presenta el coche respecto del suelo.

También el alargamiento ha sido comedido, concesión necesaria para no alargar en exceso la batalla del coche y limitar su movilidad en campo. Y este es un detalle que obliga a que las puertas traseras ofrezcan poca anchura al estar limitadas por los pasos de rueda posteriores. Lo uno con lo otro hace que las personas de cierta edad o con algún problema físico se enfrenten a un acceso al interior del coche algo complicado, especialmente a las plazas posteriores. La mayor longitud del coche hace que la enorme capota desmontable produzca más ruidos de torsión que la variante corta, ruidos que de todas formas no llegan a niveles excesivamente molestos.

Los buenos recorridos de suspensiones, en especial en el eje trasero, permiten afrontar cruces de puentes bastante grandes. De hecho, ha superado los de nuestro circuito de pruebas sin golpear en ningún sitio. No obstante, su efectividad ganaría muchos puntos con la incorporación del bloqueo del diferencial trasero que se ofrece en opción.

Una vez dentro del coche llama la atención el importante salto en la calidad de diseño y acabados respecto de anteriores generaciones Wrangler. Ciertamente el coche sigue teniendo mayoría de plásticos que de paños, pero este detalle, lejos de ser un defecto se convierte en una virtud, al facilitar considerablemente la limpieza interior del Jeep tras un recorrido por pistas polvorientas.

Por lo que respecta al confort, los ocupantes de las plazas delanteras están mejor tratados que los de las traseras. No en vano sus asientos ofrecen buenas dimensiones y los ajustes suficientes para que puedan adecuarlos a sus características físicas. Los de las plazas traseras, por el contrario, se encuentran con un asiento no solo muy plano de formas, lo que implica poco agarre, sino que tanto el respaldo, como especialmente la banqueta, son bastante cortos. Eso sí, al menos elespacio para sus piernas es correcto.

El que sí merece buena nota es el maletero. Por fin se puede viajar en un Wrangler con abundante equipaje sin tener que renunciar por ello a las plazas traseras, gracias a los 415 litros que cubica con todas las plazas utilizables; virtud a la que se añade además el que sus formas son muy cuadradas y aprovechables.

Ciertamente la distancia entre ejes de este Wrangler largo es grande, pero también lo es la altura libre. Esta característica es la que permite afrontar crestas no espectaculares, pero sí notables, sin que los bajos arrastren demasiado por el suelo.

Estamos seguros que la frase que sirve de titular a esta prueba la habrá gritado más de un amante del Jeep Wrangler que, por volumen de familia o tipo de motor, se veía imposibilitado de acceder a este «capricho». El descenso en las ventas y la necesaria actualización de un vehículo que contaba ya con 20 años de historia a sus espaldas sin apenas variaciones —el Wrangler fue presentado en el Salón de Ginebra de 1986—, han obligado a su fabricante a replantearse algunos de los pilares básicos en los que se sustentaba este especial concepto de coche.

Esa renovación, que no dejaba de ser un reto «delicado» para el fabricante, ya que si el nuevo modelo se alejaba demasiado de las señas de identidad del coche y como ocurrió en su día con el nuevo Cherokee, más que incrementar el interés por su compra podía generar rechazo entre los más puristas, ha sido resuelta a completa satisfacción. De hecho y tras haber pasado por nuestro banco de pruebas, hay que reconocer a Jeep el que sus ingenieros han acertado plenamente, porque aunque el Wrangler 2007 es un modelo completamente nuevo en prácticamente todos sus apartados, por estética, sensaciones y efectividad en campo, sigue siendo un auténtico Wrangler.

Aunque no son tan cortas como en la variante Rubicon, las reductoras de este Jeep le permiten afrontar rampas de considerable inclinación tanto para remontarlas como para bajarlas. Eso sí, descenderlas exige, en esta variante de cambio automático, bloquear el cambio en primera.

En este sentido, la modificación más significativa ha sido sin duda la llegada de la carrocería de cinco puertas. Respecto de ella, debemos alabar su estética, que pese al lógico alargamiento y modernización, sigue manteniendo intactos tanto la personalidad como el carácter aventurero de sus predecesores. De hecho y como consecuencia precisamente de ese buscado talante, el modelo presenta algunas peculiaridades que, sin ser demasiado criticables, hay que tener en cuenta. Así, se mantiene el elevado umbral inferior de las puertas, fruto de la gran distancia libre que presenta el coche respecto del suelo.

También el alargamiento ha sido comedido, concesión necesaria para no alargar en exceso la batalla del coche y limitar su movilidad en campo. Y este es un detalle que obliga a que las puertas traseras ofrezcan poca anchura al estar limitadas por los pasos de rueda posteriores. Lo uno con lo otro hace que las personas de cierta edad o con algún problema físico se enfrenten a un acceso al interior del coche algo complicado, especialmente a las plazas posteriores. La mayor longitud del coche hace que la enorme capota desmontable produzca más ruidos de torsión que la variante corta, ruidos que de todas formas no llegan a niveles excesivamente molestos.

Los buenos recorridos de suspensiones, en especial en el eje trasero, permiten afrontar cruces de puentes bastante grandes. De hecho, ha superado los de nuestro circuito de pruebas sin golpear en ningún sitio. No obstante, su efectividad ganaría muchos puntos con la incorporación del bloqueo del diferencial trasero que se ofrece en opción.

Una vez dentro del coche llama la atención el importante salto en la calidad de diseño y acabados respecto de anteriores generaciones Wrangler. Ciertamente el coche sigue teniendo mayoría de plásticos que de paños, pero este detalle, lejos de ser un defecto se convierte en una virtud, al facilitar considerablemente la limpieza interior del Jeep tras un recorrido por pistas polvorientas.

Por lo que respecta al confort, los ocupantes de las plazas delanteras están mejor tratados que los de las traseras. No en vano sus asientos ofrecen buenas dimensiones y los ajustes suficientes para que puedan adecuarlos a sus características físicas. Los de las plazas traseras, por el contrario, se encuentran con un asiento no solo muy plano de formas, lo que implica poco agarre, sino que tanto el respaldo, como especialmente la banqueta, son bastante cortos. Eso sí, al menos elespacio para sus piernas es correcto.

El que sí merece buena nota es el maletero. Por fin se puede viajar en un Wrangler con abundante equipaje sin tener que renunciar por ello a las plazas traseras, gracias a los 415 litros que cubica con todas las plazas utilizables; virtud a la que se añade además el que sus formas son muy cuadradas y aprovechables.

Ciertamente la distancia entre ejes de este Wrangler largo es grande, pero también lo es la altura libre. Esta característica es la que permite afrontar crestas no espectaculares, pero sí notables, sin que los bajos arrastren demasiado por el suelo.

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