Jeep Grand Cherokee 3.0 CRD vs Land Rover Discovery 3.0 SDV6 y Toyota Land Cruiser 3.0 D-4D

Cuesta ya verlos, y no será por tamaño. La fiebre SUV los ha arrasado, pero se resisten todavía a desaparecer. Protegidos por sus fabricantes, los últimos iconos del verdadero mundo 4x4 buscan hoy sobrevivir con más refinamiento y su imbatible capacidad para rodar, de verdad, por todo terreno. No cambian su imagen de tipos duros, pero hoy con más lujo y confort.
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Jeep Grand Cherokee 3.0 CRD vs Land Rover Discovery 3.0 SDV6 y Toyota Land Cruiser 3.0 D-4D
Jeep Grand Cherokee 3.0 CRD vs Land Rover Discovery 3.0 SDV6 y Toyota Land Cruiser 3.0 D-4D

Entre la densa selva que puebla ya las carreteras con coches cada día más eficientes y contenidos en peso y tamaño, los tipos duros parecen caminar hoy por vías, más que de tierra, de extinción. Distintos hábitos, más y mejores calzadas, poco aparcamiento, estrictas leyes ambientales… No parece haber lugar para ellos, acosados e, incluso, socialmente hasta mal vistos. A veces acercar en marcha esos enormes «morros» entre el tráfico nos ha conllevado más de una reprimenda, considerados de base ejemplares agresivos.

Es, por tanto, una nueva era, la misma que ha llevado a la desaparición a Kodak, o a las cabinas de teléfono. Aun así, todavía hay fabricantes, pocos, que confían en ellos por historia y tradición, a pesar de encontrarse también en fase de transición. Jeep, por ejemplo, se dulcifica; Land Rover hasta comienza ya a vender versiones 4x2 (en el Freelander y en el Range Rover Evoque) y Toyota obtiene hoy más reconocimiento por sus híbridos que por sus tradicionales 4x4. Pero justo es reconocer que, muy avanzadas, las últimas generaciones de sus respectivos Grand Cherokee, Discovery y Land Cruiser se domestican, resultando, aún con lagunas, mucho más cómodas, satisfactorias y hasta lujosas, sin perder tampoco su histórica capacidad para avanzar por toda superficie. Estos no son Mercedes ML o BMW X5: aquí no hay miedo al arañazo o a la trialera… y sí reductoras para subir, cual gorila, hasta casi por los árboles.

De momento, el mejor ejemplo de espíritu de supervivencia llega de Land Rover y la campiña inglesa. Descomunal por volumen (supera las 2,6 toneladas, hasta 300 kg más que sus rivales) y fiel a su imagen, el Discovery se ha vuelto a los mandos más Range que nunca. Por su gran acabado y firme tacto pero, sobre todo, gran refinamiento mecánico adquirido en su última evolución. Tan próximo a la berlina de lujo que hasta toma el conjunto mecánico de un Jaguar XF. Desde el gran motor Diesel 3.0 V6, ahora con 256 CV y dos turbos soplando secuencialmente (uno a bajo régimen y otro desde 2.800 rpm), al exclusivo cambio automático ZF de 8 relaciones (el mismo de BMW).

Claro que Land Rover también adapta todo su bloque al uso extremo, con componentes impermeabilizados, cárter de aceite de más capacidad y nueva lubricación que impida acumulaciones en las inclinaciones de carrocería; una delicia lo bien que empuja ya desde la arrancada, enlazando suavemente marchas para no superar las 2.000 rpm en autopista hasta casi 140 km/h. Poco sonido, mucho confort… pero altos consumos: demasiado peso y mala aerodinámica. Eso sí, esta asociación le permite entrar en lo razonable. Es curioso, pero a veces sólo el conjunto mecánico condiciona todos los resultados. Como luego en Jeep y Toyota.

Y es que, todavía con mucho aroma americano, una legión de seguidores y mejor acabado aunque aún detrás de Land Rover y Toyota, el Jeep Grand Cherokee regresa ahora con Fiat. Imposible ser cazado con su nuevo motor VM de aluminio y 241 CV, también 3.0 y V6. Su gran respuesta desde bajo régimen le embarca en prestaciones casi de deportivo, pero al que, sin embargo, no acompaña la transmisión, aún Mercedes.

El cambio del Jeep Grand Cherokee sólo tiene cinco relaciones automáticas, con mucho salto entre ellas (las últimas se alargan para no disparar consumos) y demasiado resbalamiento frente a estándares actuales. Lento, genera además mucho sobre régimen (en frío parece un variador), por lo que, a pesar del gran rendimiento de motor, el Jeep pierde con él mucho agrado. En 2013 prometen cambiarlo.

Algo similar sucede a un inmortal Toyota que, cuando celebra justo sus 60 años de vida, llega más completo y avanzado que nunca, pero sin superar tampoco su caja también de cinco velocidades, eso sí más equilibradas y sin tanto salto como en Jeep. Aquí, sin embargo, la respuesta se agrava al montarse sólo un «pequeño» Diesel de 4 cilindros y 190 CV, elástico pero mermado ante los dos poderosos V6… y sin contribuir finalmente tampoco a rebajar consumos en la práctica. Todos rondan aquí altos 10 l/100 km de media, cuando, apunta, un nuevo Mercedes ML no sube hoy, por ejemplo, de 8 l/100 km.

¿Qué opinas de esta noticia? Debate en los foros con otros aficionados al mundo del motor.

- On y Off Road

Entre la densa selva que puebla ya las carreteras con coches cada día más eficientes y contenidos en peso y tamaño, los tipos duros parecen caminar hoy por vías, más que de tierra, de extinción. Distintos hábitos, más y mejores calzadas, poco aparcamiento, estrictas leyes ambientales… No parece haber lugar para ellos, acosados e, incluso, socialmente hasta mal vistos. A veces acercar en marcha esos enormes «morros» entre el tráfico nos ha conllevado más de una reprimenda, considerados de base ejemplares agresivos.

Es, por tanto, una nueva era, la misma que ha llevado a la desaparición a Kodak, o a las cabinas de teléfono. Aun así, todavía hay fabricantes, pocos, que confían en ellos por historia y tradición, a pesar de encontrarse también en fase de transición. Jeep, por ejemplo, se dulcifica; Land Rover hasta comienza ya a vender versiones 4x2 (en el Freelander y en el Range Rover Evoque) y Toyota obtiene hoy más reconocimiento por sus híbridos que por sus tradicionales 4x4. Pero justo es reconocer que, muy avanzadas, las últimas generaciones de sus respectivos Grand Cherokee, Discovery y Land Cruiser se domestican, resultando, aún con lagunas, mucho más cómodas, satisfactorias y hasta lujosas, sin perder tampoco su histórica capacidad para avanzar por toda superficie. Estos no son Mercedes ML o BMW X5: aquí no hay miedo al arañazo o a la trialera… y sí reductoras para subir, cual gorila, hasta casi por los árboles.

De momento, el mejor ejemplo de espíritu de supervivencia llega de Land Rover y la campiña inglesa. Descomunal por volumen (supera las 2,6 toneladas, hasta 300 kg más que sus rivales) y fiel a su imagen, el Discovery se ha vuelto a los mandos más Range que nunca. Por su gran acabado y firme tacto pero, sobre todo, gran refinamiento mecánico adquirido en su última evolución. Tan próximo a la berlina de lujo que hasta toma el conjunto mecánico de un Jaguar XF. Desde el gran motor Diesel 3.0 V6, ahora con 256 CV y dos turbos soplando secuencialmente (uno a bajo régimen y otro desde 2.800 rpm), al exclusivo cambio automático ZF de 8 relaciones (el mismo de BMW).

Claro que Land Rover también adapta todo su bloque al uso extremo, con componentes impermeabilizados, cárter de aceite de más capacidad y nueva lubricación que impida acumulaciones en las inclinaciones de carrocería; una delicia lo bien que empuja ya desde la arrancada, enlazando suavemente marchas para no superar las 2.000 rpm en autopista hasta casi 140 km/h. Poco sonido, mucho confort… pero altos consumos: demasiado peso y mala aerodinámica. Eso sí, esta asociación le permite entrar en lo razonable. Es curioso, pero a veces sólo el conjunto mecánico condiciona todos los resultados. Como luego en Jeep y Toyota.

Y es que, todavía con mucho aroma americano, una legión de seguidores y mejor acabado aunque aún detrás de Land Rover y Toyota, el Jeep Grand Cherokee regresa ahora con Fiat. Imposible ser cazado con su nuevo motor VM de aluminio y 241 CV, también 3.0 y V6. Su gran respuesta desde bajo régimen le embarca en prestaciones casi de deportivo, pero al que, sin embargo, no acompaña la transmisión, aún Mercedes.

El cambio del Jeep Grand Cherokee sólo tiene cinco relaciones automáticas, con mucho salto entre ellas (las últimas se alargan para no disparar consumos) y demasiado resbalamiento frente a estándares actuales. Lento, genera además mucho sobre régimen (en frío parece un variador), por lo que, a pesar del gran rendimiento de motor, el Jeep pierde con él mucho agrado. En 2013 prometen cambiarlo.

Algo similar sucede a un inmortal Toyota que, cuando celebra justo sus 60 años de vida, llega más completo y avanzado que nunca, pero sin superar tampoco su caja también de cinco velocidades, eso sí más equilibradas y sin tanto salto como en Jeep. Aquí, sin embargo, la respuesta se agrava al montarse sólo un «pequeño» Diesel de 4 cilindros y 190 CV, elástico pero mermado ante los dos poderosos V6… y sin contribuir finalmente tampoco a rebajar consumos en la práctica. Todos rondan aquí altos 10 l/100 km de media, cuando, apunta, un nuevo Mercedes ML no sube hoy, por ejemplo, de 8 l/100 km.

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- On y Off Road

Entre la densa selva que puebla ya las carreteras con coches cada día más eficientes y contenidos en peso y tamaño, los tipos duros parecen caminar hoy por vías, más que de tierra, de extinción. Distintos hábitos, más y mejores calzadas, poco aparcamiento, estrictas leyes ambientales… No parece haber lugar para ellos, acosados e, incluso, socialmente hasta mal vistos. A veces acercar en marcha esos enormes «morros» entre el tráfico nos ha conllevado más de una reprimenda, considerados de base ejemplares agresivos.

Es, por tanto, una nueva era, la misma que ha llevado a la desaparición a Kodak, o a las cabinas de teléfono. Aun así, todavía hay fabricantes, pocos, que confían en ellos por historia y tradición, a pesar de encontrarse también en fase de transición. Jeep, por ejemplo, se dulcifica; Land Rover hasta comienza ya a vender versiones 4x2 (en el Freelander y en el Range Rover Evoque) y Toyota obtiene hoy más reconocimiento por sus híbridos que por sus tradicionales 4x4. Pero justo es reconocer que, muy avanzadas, las últimas generaciones de sus respectivos Grand Cherokee, Discovery y Land Cruiser se domestican, resultando, aún con lagunas, mucho más cómodas, satisfactorias y hasta lujosas, sin perder tampoco su histórica capacidad para avanzar por toda superficie. Estos no son Mercedes ML o BMW X5: aquí no hay miedo al arañazo o a la trialera… y sí reductoras para subir, cual gorila, hasta casi por los árboles.

De momento, el mejor ejemplo de espíritu de supervivencia llega de Land Rover y la campiña inglesa. Descomunal por volumen (supera las 2,6 toneladas, hasta 300 kg más que sus rivales) y fiel a su imagen, el Discovery se ha vuelto a los mandos más Range que nunca. Por su gran acabado y firme tacto pero, sobre todo, gran refinamiento mecánico adquirido en su última evolución. Tan próximo a la berlina de lujo que hasta toma el conjunto mecánico de un Jaguar XF. Desde el gran motor Diesel 3.0 V6, ahora con 256 CV y dos turbos soplando secuencialmente (uno a bajo régimen y otro desde 2.800 rpm), al exclusivo cambio automático ZF de 8 relaciones (el mismo de BMW).

Claro que Land Rover también adapta todo su bloque al uso extremo, con componentes impermeabilizados, cárter de aceite de más capacidad y nueva lubricación que impida acumulaciones en las inclinaciones de carrocería; una delicia lo bien que empuja ya desde la arrancada, enlazando suavemente marchas para no superar las 2.000 rpm en autopista hasta casi 140 km/h. Poco sonido, mucho confort… pero altos consumos: demasiado peso y mala aerodinámica. Eso sí, esta asociación le permite entrar en lo razonable. Es curioso, pero a veces sólo el conjunto mecánico condiciona todos los resultados. Como luego en Jeep y Toyota.

Y es que, todavía con mucho aroma americano, una legión de seguidores y mejor acabado aunque aún detrás de Land Rover y Toyota, el Jeep Grand Cherokee regresa ahora con Fiat. Imposible ser cazado con su nuevo motor VM de aluminio y 241 CV, también 3.0 y V6. Su gran respuesta desde bajo régimen le embarca en prestaciones casi de deportivo, pero al que, sin embargo, no acompaña la transmisión, aún Mercedes.

El cambio del Jeep Grand Cherokee sólo tiene cinco relaciones automáticas, con mucho salto entre ellas (las últimas se alargan para no disparar consumos) y demasiado resbalamiento frente a estándares actuales. Lento, genera además mucho sobre régimen (en frío parece un variador), por lo que, a pesar del gran rendimiento de motor, el Jeep pierde con él mucho agrado. En 2013 prometen cambiarlo.

Algo similar sucede a un inmortal Toyota que, cuando celebra justo sus 60 años de vida, llega más completo y avanzado que nunca, pero sin superar tampoco su caja también de cinco velocidades, eso sí más equilibradas y sin tanto salto como en Jeep. Aquí, sin embargo, la respuesta se agrava al montarse sólo un «pequeño» Diesel de 4 cilindros y 190 CV, elástico pero mermado ante los dos poderosos V6… y sin contribuir finalmente tampoco a rebajar consumos en la práctica. Todos rondan aquí altos 10 l/100 km de media, cuando, apunta, un nuevo Mercedes ML no sube hoy, por ejemplo, de 8 l/100 km.

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