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Isuzu D-Max 3.0 CRDi DC

Una comparativa no es nada nuevo, pero si lo que encontramos es una comparativa de toda una gama valorados por los propios usuarios, la cosa empieza a ser distinta. Y eso es lo que os ofrecemos en esta ocasión, el juicio a todas las Pick-Up realizado por lectores, con resultados bastante curiosos.
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Isuzu D-Max 3.0 CRDi DC
Isuzu D-Max 3.0 CRDi DC

Con una configuración tan brillante cuando menos como sus hermanos de nacionalidad el Isuzu D-Max es un gran desconocido en nuestro mercado. La reciente renovación experimentada y el aumento de los puntos de venta vendrán a mejorar su comportamiento comercial en nuestro país..

Isuzu es posiblemente la marca japonesa menos conocida en nuestro país, a pesar de lo cual, tenemos bastantes referencias de sus modelos, como por ejemplo el Opel Frontera que no era sino la versión europea del Isuzu Amigo. y es que los acuerdos con General Motors han llevado a que los modelos desarrollados por Isuzu hayan sido comercializados bajo denominaciones de otras marcas pertenecientes al gigante norteamericano.

Especialista en el desarrollo de motores Diesel desde su creación en 1938, Isuzu fabrica propulsores de esta tecnología para todo tipo de actividades industriales, lo que representa una garantía ya en sí misma. El nuevo motor de tres litros que incorpora el D-Max es una de sus últimas realizaciones. Bajo la denominación interna 4JJ1-TC este propulsor incorpora un sistema de alimentación common rail de última generación, con presión de alimentación de 1.800 bares y turbocompresor de geometría variable, que ha obtenido una reducción de consumo cifrada por el fabricante en un 19 por ciento. Al margen de cifras lo cierto es que su rendimiento se encuentra a la altura de los mejores de la categoría y aunque no alcanza los 170 CV, listón que por ahora parece ser la meta de la mayoría de los fabricantes, en la práctica, no presenta carencias que merezcan reproche alguno.

La configuración de suspensiones es bastante convencional y se ajusta a los cánones impuestos en la categoría. Tren delantero con suspensión independiente y eje posterior con un eje rígido y ballestas longitudinales. Sin embargo, el Isuzu muestra una particularidad que pocos modelos incorporan. Se trata de que en el tren delantero se han elegido barras de torsión longitudinales en lugar de muelles como elemento elástico. La ventaja de este sistema es que ahorra espacio en el eje delantero y suele traer aparejado una mayor progresividad. En la práctica el D-Max muestra, efectivamente, una suspensión algo menos firme que la de sus rivales equivalentes, lo que le permite una excelente capacidad de absorción y un mayor grado de confort en pistas y zonas bacheadas.

En cuanto a la transmisión se ha optado por una caja manual de cinco velocidades, con los desarrollos bastante ajustados, tirando a cortos, con objeto de sacar el máximo partido al motor. La velocidad punta oficial se obtiene ligeramente por encima del régimen de potencia máxima, lo que si por una parte garantiza una excelente respuesta en quinta, también perjudica las cifras de consumo en carretera a velocidad constante. En todo caso, el D-Max se encuentra en línea con sus rivales en este aspecto. Pero el D-Max tiene un “Gadget” adicional en la transmisión que se agradece y es la posibilidad de pasar de dos a cuatro ruedas motrices sin tener que detener el vehículo, siempre que circulemos por debajo de 95 km/h. Se denomina Shift on de fly y aunque no llega al refinamiento del Super Select de Mitsubishi, ya que en este caso no incorpora diferencial central, es un rasgo técnico diferenciador a valorar.

En el interior se pone de manifiesto un cierto cuidado en la presentación y aunque no llega al refinamiento que transmiten modelos como el L200, el resultado en este sentido es más que correcto. También la calidad percibida puede calificarse de elevada. Sí llama la atención su instrumentación, presidida por un velocímetro de generosas dimensiones y con adornos en azul claro, que destaca sobre el gris oscuro que predomina en el interior. Los asientos son correctos desde el punto de vista anatómico y bastante confortables, aunque se echa en falta un punto más de sujeción lateral. El equipamiento es correcto y dispone de todo lo necesario sin lujos excesivos. Así, tenemos aire acondicionado pero sin climatizador, un buen equipo de sonido, pero sin mandos en el volante y todos los sistemas imprescindibles en seguridad activa y pasiva como ABS; compensador de frenada electrónico y airbags para el conductor y el pasajero.

El habitáculo es bastante amplio y, como en la mayoría, los cinco ocupantes posibles no tendrán el menor problema de espacio. La zona reservada a la carga no ofrece un panorama tan brillante. Los algo más de ochocientos decímetros cúbicos dejan al D-Max lejos de los más capaces y la plataforma de 1,32 m tampoco permite el transporte de objetos de gran longitud.

La reductora es bastante potente, lo que unido a los 163 CV de potencia y al abundante par disponible, hace que los recorridos más extremos de todo terreno no sean un problema para el D-Max. Como en el resto de sus oponentes sólo los neumáticos mixtos marcan el límite de adherencia en barro, y consecuentemente, la limitación de avance en este tipo de superficie. Buen comportamiento en carretera y confortables suspensiones como apuntábamos al principio.

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