Audi Q7 V12 6.0 TDI

Cuando hablamos de motor V12 y 500 CV lo primero que normalmente nos viene a la cabeza son modelos deportivos de altos vuelos; jamás un SUV, y mucho menos Diesel, pero Audi querido demostrar hasta dónde puede llegar con su Q7.
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Audi Q7 V12 6.0 TDI
Audi Q7 V12 6.0 TDI

Sube de vueltas tan rápido que el cambio automático parece que no va a insertar a tiempo la siguiente velocidad. En 350 metros —apenas 12 segundos— se acaban las cuatro primeras marchas, da igual que el Audi Q7 V12 6.0 TDI pese casi 2.800 kilos, hay empuje de sobra para lo que haga falta, incluso para hacer patinar las cuatro ruedas cuando arrancamos pisando a fondo el acelerador.

El V12 Diesel que hay bajo el capó es el auténtico protagonista aquí. Con medio millar de caballos, se trata del TDI más potente jamás montado en un automóvil de producción. Pero más impresionante aún es el par motor disponible, capaz de mover la sexta con total soltura desde unas 1.500 rpm, sin necesidad de reducir. Tampoco importa la resistencia aerodinámica, ni el lastre que suponen los desmesurados neumáticos de la medida 295/40 R20, vayamos a la velocidad que vayamos, basta con hundir un poco más el pie derecho para que la aguja del velocímetro —tarado hasta 310 km/h— siga subiendo de manera infatigable hasta sobrepasar holgadamente los 250 km/h de punta que declara Audi, como pudimos comprobar atónitos en circuito cerrado. La precisión y estabilidad lineal del Audi Q7 V12 6.0 TDI es comparable a la de un tren de alta velocidad, sólo el ruido mecánico y de rodadura, bastante elevado a dicho ritmo, delata que estamos a bordo de un coche y no del AVE. El sonido del motor no es especialmente bonito, ni deportivo, pero bajo carga es más silencioso que uno de gasolina.

Parece claro que el terreno natural de este monstruo de más de cinco metros de largo y dos de ancho son las autopistas. Para confirmarlo, afrontamos la primera curva cerrada a más velocidad de lo que nos dicta la lógica, esperando una entrada torpe seguida de un espectacular desmande del eje delantero, y quién sabe si del trasero. Sin embargo, para nuestra sorpresa, nada de esto ocurre, ¡ni siquiera ha tenido que actuar el ESP! El agarre del Audi Q7 V12 6.0 TDI es altísimo y el coche no se ha desviado ni un milímetro de la forzada trazada; si queremos buscar sus límites tendremos que armarnos de valor, porque cuesta asimilar un comportamiento tan ágil, noble y eficaz.

Ni que decir tiene que los imponentes frenos cerámicos de serie son un elemento indispensable en el Audi Q7 V12 6.0 TDI, habida cuenta de que las rectas desaparecen en cuestión de instantes. Este Audi Q7 se detiene en escasos 71 metros desde 140 km/h; eso sí, una vez que discos y pastillas han alcanzado su temperatura óptima de funcionamiento, pues en frío la distancia se alarga unos 3 metros. Son casi infatigables y hasta el último momento mantienen el buen tacto. En el raro caso de que empiecen a aparecer síntomas de "fading" tras frenar sin piedad demasiado seguido, su recuperación es muy inmediata y estarán otra vez como nuevos tras recorrer unos poco cientos de metros. Pero detener al Audi Q7 V12 6.0 TDI no es el único trabajo al que tendrá que hacer frente este equipo cerámico. Pese a que la gestión del motor interviene férreamente cortando gas para evitar sobresaltos en pleno giro, las ayudas electrónicas al chasis también castigan los frenos duramente, entre otras cosas para mitigar excesos de deportividad de un tren trasero relativamente fácil de provocar sobre asfaltos poco adherentes. En ocasiones también se frena una de las ruedas posteriores para hacer más incisiva la entrada en curvas lentas, algo que apenas es perceptible por el conductor, pero de lo que pudimos percatarnos durante una pausa en nuestro recorrido al ver salir humo del freno trasero izquierdo; una ligerísima pérdida de presión en el neumático delantero del lado opuesto le había hecho trabajar más de la cuenta. El ESP dispone de un modo "off road" que en circuito se muestra algo más permisivo, pero no es posible desconectarlo completamente.

No pudimos comprobar cómo funciona el "modo remolque" de la suspensión neumática, pero suponemos que irá como la seda. La única pega que hemos encontrado es que no hay sitio para colocar la bandeja del maletero cuando se hace uso de la 3ª fila de asientos.

— Comportamiento
— Motor y prestaciones
— Equipamiento

— Maniobrabilidad
— Sin rueda de repuesto
— Precio elevado

Sube de vueltas tan rápido que el cambio automático parece que no va a insertar a tiempo la siguiente velocidad. En 350 metros —apenas 12 segundos— se acaban las cuatro primeras marchas, da igual que el Audi Q7 V12 6.0 TDI pese casi 2.800 kilos, hay empuje de sobra para lo que haga falta, incluso para hacer patinar las cuatro ruedas cuando arrancamos pisando a fondo el acelerador.

El V12 Diesel que hay bajo el capó es el auténtico protagonista aquí. Con medio millar de caballos, se trata del TDI más potente jamás montado en un automóvil de producción. Pero más impresionante aún es el par motor disponible, capaz de mover la sexta con total soltura desde unas 1.500 rpm, sin necesidad de reducir. Tampoco importa la resistencia aerodinámica, ni el lastre que suponen los desmesurados neumáticos de la medida 295/40 R20, vayamos a la velocidad que vayamos, basta con hundir un poco más el pie derecho para que la aguja del velocímetro —tarado hasta 310 km/h— siga subiendo de manera infatigable hasta sobrepasar holgadamente los 250 km/h de punta que declara Audi, como pudimos comprobar atónitos en circuito cerrado. La precisión y estabilidad lineal del Audi Q7 V12 6.0 TDI es comparable a la de un tren de alta velocidad, sólo el ruido mecánico y de rodadura, bastante elevado a dicho ritmo, delata que estamos a bordo de un coche y no del AVE. El sonido del motor no es especialmente bonito, ni deportivo, pero bajo carga es más silencioso que uno de gasolina.

Parece claro que el terreno natural de este monstruo de más de cinco metros de largo y dos de ancho son las autopistas. Para confirmarlo, afrontamos la primera curva cerrada a más velocidad de lo que nos dicta la lógica, esperando una entrada torpe seguida de un espectacular desmande del eje delantero, y quién sabe si del trasero. Sin embargo, para nuestra sorpresa, nada de esto ocurre, ¡ni siquiera ha tenido que actuar el ESP! El agarre del Audi Q7 V12 6.0 TDI es altísimo y el coche no se ha desviado ni un milímetro de la forzada trazada; si queremos buscar sus límites tendremos que armarnos de valor, porque cuesta asimilar un comportamiento tan ágil, noble y eficaz.

Ni que decir tiene que los imponentes frenos cerámicos de serie son un elemento indispensable en el Audi Q7 V12 6.0 TDI, habida cuenta de que las rectas desaparecen en cuestión de instantes. Este Audi Q7 se detiene en escasos 71 metros desde 140 km/h; eso sí, una vez que discos y pastillas han alcanzado su temperatura óptima de funcionamiento, pues en frío la distancia se alarga unos 3 metros. Son casi infatigables y hasta el último momento mantienen el buen tacto. En el raro caso de que empiecen a aparecer síntomas de "fading" tras frenar sin piedad demasiado seguido, su recuperación es muy inmediata y estarán otra vez como nuevos tras recorrer unos poco cientos de metros. Pero detener al Audi Q7 V12 6.0 TDI no es el único trabajo al que tendrá que hacer frente este equipo cerámico. Pese a que la gestión del motor interviene férreamente cortando gas para evitar sobresaltos en pleno giro, las ayudas electrónicas al chasis también castigan los frenos duramente, entre otras cosas para mitigar excesos de deportividad de un tren trasero relativamente fácil de provocar sobre asfaltos poco adherentes. En ocasiones también se frena una de las ruedas posteriores para hacer más incisiva la entrada en curvas lentas, algo que apenas es perceptible por el conductor, pero de lo que pudimos percatarnos durante una pausa en nuestro recorrido al ver salir humo del freno trasero izquierdo; una ligerísima pérdida de presión en el neumático delantero del lado opuesto le había hecho trabajar más de la cuenta. El ESP dispone de un modo "off road" que en circuito se muestra algo más permisivo, pero no es posible desconectarlo completamente.

No pudimos comprobar cómo funciona el "modo remolque" de la suspensión neumática, pero suponemos que irá como la seda. La única pega que hemos encontrado es que no hay sitio para colocar la bandeja del maletero cuando se hace uso de la 3ª fila de asientos.

— Comportamiento
— Motor y prestaciones
— Equipamiento

— Maniobrabilidad
— Sin rueda de repuesto
— Precio elevado

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