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Técnicas de conducción

Como en cualquier actividad, también en la conducción el aprendizaje y la experiencia van proporcionando al que las realiza una cierta maestría. Se trata de aplicar una serie de técnicas: desde la manera correcta de empuñar el volante hasta la realización ordenada de una serie de gestos que optimizan los movimientos y permiten la máxima precisión de éstos.
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Técnicas de conducción
La conducción está definida por los psicólogos como una actividad compleja. Sin embargo, casi nunca nos sentamos al volantes con la predisposición y capacidad de alerta que requiere la conducción de un automóvil.

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Técnicas de conducción

Circulamos habitualmente con una actitud equivalente a la de cualquier actividad rutinaria y la conducción se convierte en una sucesión de costumbres que hemos ido adquiriendo con el tiempo y que en muchos casos se han convertido en “vicios” bastante perniciosos. Es importante que cambiemos esos “vicios” por buenas costumbres. De la misma manera que un tenista coge la raqueta de una manera determinada para el revés y de otra para el “drive”, un conductor debe procurar preparar todos sus movimientos antes de llevar a cabo una acción. La base de una buena técnica está en la posición que adoptemos al volante porque es la que nos condiciona el acceso a los diferentes mandos y la que nos permite disponer de una mejor o peor percepción y una mayor o menor visibilidad. Debemos sentarnos de manera que nos sintamos cómodos, pero sin descuidar que la postura nos deje plena libertad de movimientos. Para colocarnos correctamente, primero mediremos la distancia de las piernas, regulando la banqueta hasta que con el embrague pisado a fondo tengamos la rodilla ligeramente flexionada. Ahora actuaremos sobre el respaldo, para regular la distancia de las manos al volante. Aquí la referencia que utilizaremos es que con la espalda bien apoyada en el asiento seamos capaces de apoyar la muñeca en el centro de la parte superior del volante, con objeto de que, al empuñar el volante con la mano en ese punto, el codo también quede ligeramente flexionado. Ir demasiado lejos en una zona de curvas nos obliga a despegar la espalda del asiento para llegar bien al volante, con lo que acabamos usando el volante más para no caernos que para conducir.

Ya que la naturaleza nos ha dotado de dos manos, no tiene sentido que nos empeñemos en manejar el volante sólo con una. Igual que en el colegio nos decía el profesor que no se nos iba a caer la cabeza cuando la apoyábamos en una mano, mientras con la otra escribíamos, ahora podemos aplicar un principio similar. La palanca de cambios no va a salir disparada por la ventanilla si la soltamos. Las manos, en línea recta, deben colocarse en una posición enfrentada y siempre por encima de la línea media del volante. Tampoco debemos empuñar el volante como si se tratara del mango de una pala. Nunca debemos meter el pulgar por dentro del aro. Antes de abordar una curva, debemos establecer una secuencia de los movimientos lógica y eficaz. Lo correcto sería: frenar, cambiar de marcha si es necesario, preparar las manos y comenzar el giro. ¿Qué significa “preparar la manos”? Pues muy sencillo, situarlas en la posición que nos permita ahorrar movimientos y que éstos sean lo más eficaces posible. Las curvas rápidas no requieren ninguna preparación especial. Sin embargo, en curvas que os exijan un giro de volante cercano o superior a media vuelta las cambiaremos de postura para ahorrar gestos. Por ejemplo, si la curva es a derechas, subiremos la mano derecha a la parte superior del aro del volante, comenzando a tirar con esta hacia abajo, mientras la izquierda acompaña el movimiento descendente resbalando sobre el volante. Una vez que la mano derecha alcanza aproximadamente la posición de las “cuatro”, toma el relevo la izquierda que empuja hacia arriba, hasta que lleguemos con ella a las “doce”. La mano derecha habrá seguido un camino paralelo a la izquierda, hasta encontrarse ambas arriba, volviendo a empezar si el giro requiriese más vueltas de volante.

El campo de visión humano es muy amplio. Ver, vemos con un ángulo de casi 180º, pero mirar, sólo miramos a un punto concreto y ésa es la clave. Inconscientemente siempre llevamos el coche a donde miramos; es por eso por lo que la vista del conductor debe centrarse siempre en el punto más lejano posible y en la dirección que vayamos a tomar. Cuando circulamos en caravanas rápidas por carretera, es tentador fijar la vista en la matricula del coche que nos precede, con lo que cualquier retención brusca nos dejara sin tiempo de reacción. Si, por el contrario, buscamos el punto más lejano posible, las luces de freno que se enciendan doscientos o trescientos metros delante nos pondrán en guardia y podremos anticiparnos a cualquier incidente. Ante un obstáculo en la carretera, una retención brusca o la irrupción de un peatón en nuestra trayectoria, sin distancia suficiente para detenernos, debemos inmediatamente pasar a buscar una trayectoria alternativa fijando la mirada en ese punto alternativo. Es la única manera de evitar la colisión o el atropello. El automóvil es la máquina más vengativa que existe, todo lo que le hagamos nos lo acaba devolviendo. Es importante por ello que todos nuestros gestos con volante y pedales sean suaves y progresivos. Frenazos, acelerones y volantazos no hacen sino provocar bruscas transferencias de masas longitudinales y laterales, que descomponen la estabilidad y comprometen la adherencia de los neumáticos. Las transiciones entre la frenada antes de la curva, el inicio del giro y la aceleración a la salida deben hacerse de manera ordenada y lo más progresiva posible.
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