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No pierdas los nervios al volante

Conducir y emprender un viaje puede ser una actividad amena y divertida. Sin embargo, hay diversas causas y condicionantes que pueden provocar la aparición de los nervios en el conductor, y que éste, por tanto, pueda actuar de forma irrespetuosa y violenta. ¿Crees que merece la pena perder la serenidad en un atasco o no ceder el paso a otro conductor que antes no te lo ha cedido? Sé solidario y disfruta al volante de forma tranquila.
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No pierdas los nervios al volante

La vida ya es demasiado complicada para añadirle más preocupaciones, y por tanto, más nervios y estrés a la situación personal que se pueden traducir en enfermedades y trastornos de cualquier tipo. El último estudio de Audi y Attitudes, por el que se fomenta la educación vial, analiza los condicionantes sociales en el tráfico que inciden de forma directa en el conductor. Este informe, que lleva como título La conducta en el tráfico, ¿prosocial o antisocial?, recoge las diversas variables que pueden provocar cambios en el comportamiento de los conductores y peatones.

Tener prisa mientras se conduce, disfrutar de la prioridad y que ésta no sea respetada y carreteras con mucho tráfico pueden poner muy nervioso a los conductores.

Los nervios y el estrés pueden provocar que el conductor adopte comportamientos antisociales, mostrando agresividad, en muchos casos, por diversas causas. Las principales son la prisa por llegar a un determinado sitio (cita o lugar de trabajo), la congestión en el tráfico y disfrutar de la prioridad en la conducción y presenciar que otro vehículo no respeta tu prioridad. Este cúmulo de circunstancias incide en el estrés del conductor, el cual puede crecer por momentos. Pero este estrés puede crecer por otro tipo de factores, ya sea por un medio externo (calor, frío, contaminación, ruido, etc.) o por un medio de los llamados psicosociales (situación en el trabajo, situación afectiva, temor, ansiedad, entorno social, etc.). Si todos estos factores negativos se van acumulando, nos encontramos ante una bomba de relojería a punto de estallar. Es el momento en el que aparecen los comportamientos antisociales o violentos de los conductores.

Diversos estudios médicos afirman que los nervios y el estrés no son nada buenos para nuestra salud. De hecho, la acumulación de estrés puede derivar en diversas afecciones y dolencias de todo tipo. El dolor de cabeza y las alteraciones en el apetito suelen ser los problemas de salud más usuales, aunque hay otro tipo de síntomas que son sumamente peligrosos cuando aparecen justo en el momento menos indicado, es decir, cuando estamos conduciendo. Al volante, pueden aparecer la falta de atención, el cansancio, la fatiga y el nerviosismo y con ellas, la mayor probabilidad de sufrir un accidente.

Teniendo en cuenta que los nervios y el estrés no son amigos de nadie, es preciso, por tanto, evitarlos a toda costa, y más cuando estamos a bordo de un automóvil. Evitar las carreteras atascadas y buscar vías alternativas así como la práctica de actividades que ayudan a contrarrestar el estrés (realizar algún deporte, pasear, leer, o sencillamente una actividad que te relaje) son algunas de las recomendaciones útiles para dejar los nervios a un lado y disfrutar de la conducción. El estudio Attitudes también nos da una serie de consejos que pretenden fomentar la llamada conducta prosocial de los conductores.

La llamada conducción prosocial o conducción social positiva implica una serie de prácticas que fomentan el respeto y la tolerancia de los conductores. Las más frecuentes son:dar las gracias a otro conductor cuando nos facilita el paso o nos permite la incorporación (en el 93,2 por ciento de los casos), ayudar a otro conductor cuando éste se encuentra con algún problema en su automóvil (un pinchazo, por ejemplo, o intentar arrancarlo empujando el vehículo) o pedir disculpas y aceptarlas cuando un conductor comete una pequeña imprudencia o no ha respetado la prioridad de paso.

A la hora ayudar al conductor en apuros, somos más proclives a prestar tal auxilio cuando conocemos al otro conductor (vecino, familiar o amigo, por ejemplo). No estaría mal que muchos de nosotros considerásemos a cualquier conductor en apuros como uno de esos conocidos, ya que un día puedes ser tú ese conductor al que el coche le deje tirado en el momento más inoportuno.

Todas las conductas prosociales en el tráfico responden a tres pautas de conducta: el altruismo, la empatía y la asertividad. El altruismo implica facilitar las maniobras de otros vehículos, respetar las normas de circulación o conductas como la práctica de una conducción ecológica; la empatía significa ponerse en la situación de la otra persona, mientras que la asertividad se relaciona con la defensa de nuestros derechos respetando los de los demás.

Los nervios y esltrés pueden tener diversos efectos negativos al volante: falta de atención, cansancio, fatiga y con ellos, la mayor probabilidad de sufrir un accidente.
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