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Una buena puesta a punto, esencial

Antes de enfrentarte a un largo trayecto es fundamental realizar una puesta a punto de tu automóvil. La desidia en este aspecto puede ser nuestro peor compañero de viaje. Por eso es recomendable revisar todos y cada uno de los elementos del coche e, incluso, pasar por el taller si no hemos realizado una revisión recientemente.
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Una buena puesta a punto, esencial
No debemos olvidar que el automóvil es una máquina bastante compleja y, como tal, requiere cierto mantenimiento, atención y cuidados para que funcione siempre en perfectas condiciones. Por ello, es necesario revisar los frenos, la batería, las bujías, los neumáticos, los amortiguadores, los filtros, el aceite, el líquido anticongelante o la iluminación. Ahorrarás en sustos y dolores de cabeza.
Las ruedas, elemento indispensable: los neumáticos son el único punto de contacto entre nuestro coche y la carretera, de ahí la importancia de su mantenimiento. El dibujo debe tener una profundidad de entre 1,6 y 2 milímetros, para que el agarre sea óptimo y para que evacue el agua correctamente. Recuerda que, aunque sea verano, las tormentas estivales pueden sorprendernos y más si circulamos por el norte de España. La presión es otra de las asignaturas pendientes. Comprueba siempre los niveles siempre antes de salir de viaje, en frío y con la carga ya dispuesta dentro del coche. Si no llevamos la presión adecuada, el agarre del neumático puede verse comprometido. Asimismo, debes inspeccionar la alineación de las ruedas a fin de conseguir una mejor direccionalidad del vehículo.

Los frenos son vitales: ni que decir tiene que los frenos y su correcto funcionamiento son vitales para nuestra seguridad. Si las pastillas o los discos de freno están desgastados, así como si tenemos pérdidas del líquido de frenos o si éstos no están reglados adecuadamente, nos exponemos más a sufrir un accidente. En el taller exige que revisen las pastillas, los discos, la bomba, el nivel del líquido de frenos y los conductos. De igual manera, tú mismo puedes comprobar una posible pérdida de eficacia a consecuencia del envejecimiento de los componentes del sistema de frenado. Por ejemplo, un líquido “caducado” propicia la formación de burbujas en el circuito, lo que alarga la detención. Amortiguadores: unos amortiguadores gastados afectan negativamente a la estabilidad del vehículo, aumentan las distancias de frenado y provocan que sea más difícil mantener la trayectoria deseada. Aunque te parezca increíble, son muchos los conductores que desconocen cómo detectar un amortiguador deteriorado, por lo que es recomendable hacer una revisión en el taller cada 20.000 kilómetros aproximadamente, tal y como advierten los fabricantes. - Niveles correctos: comprueba el líquido refrigerante, el aceite o la carga de la batería. Es vital revisar que todo está en sus niveles adecuados antes de salir de viaje. - Luces, OK: debemos verificar el reglaje de los faros, así evitaremos el deslumbramiento de otros conductores. El envejecimiento de las lámparas y de las ópticas, reduce el nivel de luz y el alcance de las mismas. - El estado de las escobillas de los limpiaparabrisas y los difusores de agua también es importante. Unas escobillas en mal estado provocan mala visibilidad en caso de lluvia y propician el cansancio de la vista.

- Por supuesto, es indispensable comprobar que llevamos el equipamiento que nos exige la ley: rueda de repuesto (en buen estado y con su presión correcta), juego de luces de recambio, dos triángulos de señalización y un chaleco reflectante. - El depósito combustible debe ir lleno: hay que tener en cuenta que en determinadas zonas puede haber cierta ‘carencia’ de estaciones de servicio. Por eso es importante planificar le viaje y elegir en qué momento de la ruta vas a repostar.

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