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Toyota Auris Hybrid: que la lluvia no te detenga

Una tarde de lluvia intensa que no nos dejó escalar, pero nos sirvió para comprobar la seguridad y el confort del Toyota Auris Hybrid con este tipo de clima.
Carlos Cuesta -
Toyota Auris Hybrid: que la lluvia no te detenga

La escalada es adictiva. Muy adictiva. Por eso, los aficionados a este deporte aprovechamos la mínima excusa para atarnos la cuerda y empolvarnos las manos de magnesio. Una de las pocas cosas que nos frena es la lluvia, que convierte esta actividad en algo verdaderamente peligroso.

Y ayer había excusa, y era perfecta. Me dejan un Toyota Auris Hybrid en el trabajo, tengo que hacerle unos cuantos kilómetros para después escribir algo dándole un enfoque especial. Solo tuve que hacer una llamada y, poco después de las tres de la tarde, ya estamos un amigo y yo en el silencioso habitáculo de camino a Patones (Madrid) –junto con la Pedriza, el sitio preferido por los escaladores madrileños-, ignorando las gotillas que empezaban a caer del cielo: -Bah, son cuatro gotas, seguro que se puede escalar.

Pero no eran cuatro gotas, al poco rato ya estaba cayendo pero bien. No hay problema: ya que estamos, llegamos hasta allí y ya veremos lo que hacemos.

Y es que no es de extrañar que, a bordo del Toyota Auris híbrido, se menosprecie la lluvia. Es que no se siente. No tienes ni que encender el limpiaparabrisas, si lo tienes programado así. Lo mismo con las luces. El coche se desenvuelve muy bien en suelo mojado y, en cuanto te familiarizas con el freno, te sientes muy seguro conduciendo bajo la lluvia. También ayuda su cambio automático, que, cuando lo necesitas, te da la potencia exacta o retiene el motor en la justa medida, según la situación.

Así que, con mi compañero ya dormido –mucho estaba tardando- y con la tranquilidad que me transmite el coche, me pongo a disfrutar de la lluvia: Radio Clásica en el dial y el techo panorámico abierto para sentir las gotas caer. ¡Qué paz! Y además, ¡el coche no suena NADA! Una terapia perfecta para relajarse después del trasiego del trabajo.

Llegamos a Patones: llueve a mares. Imposible escalar, sería una locura. Pero ‘la cabra va hacia el monte’ y, viéndonos en nuestro entorno, decidimos dar un paseo bajo la lluvia. Recorremos el cañón donde se yerguen las paredes en las que solemos escalar, recordando escaladas pasadas y fichando nuevas líneas para próximos días. Se va la luz, y nosotros también nos vamos.

Es un gusto volver a entrar al coche: la calefacción lo calienta enseguida, y el habitáculo tiene un diseño que lo hace muy acogedor. Además, sabiendo que vas en un coche que contamina y consume mucho menos que la mayoría, es difícil resistirse a darle una buena intensidad a la calefacción.

Entre la ida y la vuelta ya llevamos recorridos unos 130 kilómetros, pero todavía me falta ver cómo se comporta el coche en el que dicen que es el entorno por excelencia de los híbridos: la ciudad. Al llegar a Madrid, la ciudad me regala la ocasión perfecta: un atasco interminable en el acceso a la M-30 desde la carretera de Burgos, lloviendo a cántaros y a eso de las seis de la tarde, la hora a la que la gente vuelve a casa. Quienes vivan por aquí no necesitarán saber más para imaginarse la magnitud del atasco.

Me concentro en ver cómo va el coche: rápidamente me doy cuenta de que, después de detenerme, el Toyota Auris Hybrid reanuda la marcha mucho más rápido que los coches de alrededor, y me da por pensar que, si todos fuéramos en coches así, quizá iría la cosa un poco más rápida. Además, a esas velocidades, va casi todo el rato en modo eléctrico, y es una satisfacción avanzar viendo el piloto que te lo indica encendido, y da un poco de rabia cuando empieza a intervenir el motor de combustión. Te lo tomas casi como un juego, y te hace el trayecto más llevadero.

Es cierto que el Toyota Auris Hybrid no tiene nada que envidiar a cualquier otro coche en carretera abierta, y eso me aparta un poco de la idea de que los híbridos son para las ciudades, pero, después de haber dejado a mi amigo en casa, y ya aparcando frente a la mía, no puedo evitar pensarlo: ¡cómo se mueven estos híbridos por la ciudad!

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