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7 plazas y Diesel

Además de un monovolumen, hay muchas más formas de conseguir un coche de 7 plazas con motor Diesel. Sin ir más lejos, aquí hemos reunido cuatro ejemplos: un compacto familiar, un crossover e incluso un par de SUVs.
14/01/2009
7 plazas y Diesel
7 plazas y Diesel

A veces pensamos que necesitamos un 7 plazasde verdad cuando nos sobra con un «cinco más dos». También la moda SUV nos hace pensar que la tracción 4x4 es imprescindible, pero no siempre es así. Amplitud, modularidad, cualidades dinámicas, equipamiento… ¿qué hay que poner realmente en la balanza para acertar en la elección?

De las cuatro opciones que aquí presentamos, lo más parecido a un monovolumen —a pesar de sus formas exteriores— es el Dodge Journey. La carrocería o la generosa altura libre al suelo pueden hacernos pensar que estamos ante un SUV, pero su estructura monocasco y la ausencia de tracción 4x4 nos lleva a la conclusión de que estamos más ante un «monovolumen emboscado» en lugar de un SUV al uso.

El Chevrolet Captiva sí que responde plenamente a esta definición, mientras que el Nissan Qashqai+2 es un crossover —Chevrolet Captiva y Nissan Qashqai+2 son los únicos 4x4— con dos plazas extras bastante aprovechables y el Peugeot 308 SW una berlina familiar que sorprende por la modularidad interior.

Empezamos por el SUV de Chevrolet Captiva —en este caso, con cambio automático—, que no sale nada malparado en conjunto. Hay que tener presente el tipo de vehículo que estamos manejando, pero el Chevrolet Captiva destaca por la facilidad y progresividad de reacciones.

En vías rápidas se siente más aplomado que el Dodge Journey y también digiere mejor los cambios de apoyo a buen ritmo, con mayor precisión y firmeza aunque siempre exigiendo más «tiempo» para asentarse que el Nissan Qashqai+2 o el Peugeot 308 SW.

En el Dodge Journey hay una apuesta clara por el confort antes que por la eficacia, pero es un coche que —una vez que sabes sus límites— resulta muy agradable de utilizar. Al suave tarado de suspensión hay que añadir unos neumáticos de tipo mixto cuyo nivel de adherencia no es el de unos de asfalto convencionales, algo que se nota también a la hora de frenar.

La motricidad o la precisión de la dirección tampoco son un ejemplo a seguir, pero lo bueno es que las reacciones del Dodge Journey son equilibradas y progresivas aunque su primera respuesta ante un imprevisto sea una clara tendencia a sobrevirar en lugar de hacer deslizar el morro.

Esa vivacidad del tren trasero está claramente contenida por la actuación de las ayudas electrónicas, que funcionan de manera poco resolutiva a baja velocidad y bastante más enérgica —se nota sobre todo la función antivuelco— a poco que alegremos el ritmo.

El extremo opuesto —por concepto— es el Peugeot 308 SW y eso se nota en las cualidades dinámicas y se acentúan las diferencias por varios factores, empezando por los ContiSportContact 3 que calza y que aportan un agarre sobresaliente, aunque también generan una apreciable inclinación de la carrocería. Fácil y agradable de conducir, el bastidor del Peugeot 308 SW conjuga confort y eficacia como pocos, con el único «pero» de unas llantas de 17 pulgadas y neumáticos 225 con perfil 45 —acabado obliga— que aportan precisión y eficacia a cambio de reducir confort de marcha.

El Nissan Qashqai+2 se queda un poco por detrás del Peugeot 308 SW porque su mayor peso y altura inciden levemente —muy levemente, por cierto— en la agilidad y rapidez de reacciones.

Preferimos de todos modos el confort de bacheo del Nissan Qashqai+2, que en gran medida se debe al mayor perfil del neumático que lleva el Nissan Qashqai+2. El crossover japonés, además de tener un comportamiento dinámico excelente por aplomo, confort y calidad de rodadura general, cuenta con un sistema 4x4 conectable que supone una ayuda inestimable sobre asfalto húmedo o pista.

Obviamente, ni el Chevrolet Captiva ni el Dodge Journey pueden competir aquí con el Nissan Qashqai+2 o con el Peugeot 308 SW.

El Chevrolet Captiva cuenta además con la desventaja de tener un bajo régimen falto de fuelle, aspecto que queda matizado en parte por la presencia de un cambio automático convencional, es decir, por convertidor de par y algo lento de reacciones.

Al ser el modelo más pesado del lote, sus prestaciones y consumo son los peores en conjunto, pero basta hacer un kick-down para avivar el ritmo y dejar atrás al Dodge Journey…, a cambio de un mayor gasto de combustible, claro. Al menos, desaparece esa molesta tendencia a calarse del manual.

El Dodge Journey, por su parte, dispone del 2.0 turbodiesel bomba-inyector del Grupo VW que con sus 140 CV oficiales —y más de 150 en banco—, muestra suficiente brío y empuje para mover la mole del Dodge Journey, cuyas prestaciones son más que solventes.

Lo malo es que el tacto del motor es hosco y que tampoco es una mecánica ejemplar en su modo de entregar el par a bajo régimen. De hecho, bastan un par de arrancadas en rampa para apreciar lo necesario del sistema «hill holder», que sujeta el coche durante un par de segundos mientras soltamos el embrague.

El motor del Nissan Qashqai+2es el 2.0 dCi de 150 CV de origen Renault, suave, agradable y de excelente rendimiento. No tiene puntos débiles, porque responde de manera impresionante a bajo régimen, gana vueltas con facilidad y, aunque su mejor zona de está en el medio régimen, es capaz de llegar a las 4.500 rpm con cierta capacidad de empuje aún disponible.

Las prestaciones no son iguales que las del Peugeot 308 SW, pero las diferencias a favor del Peugeot 308 SW no nos parecen tan determinantes como para preferir el motor 2.0 HDi. Este último, por otra parte, también es una mecánica brillante y viene apoyada por unos desarrollos algo más cortos que le permiten recuperar el ritmo con mayor facilidad.

Lo que sí es cierto es que el consumo del HDi es francamente bajo —independientemente de la ventaja en tamaño y peso que tiene en este caso— ya que no hay muchas berlinas familiares capaces de bajar de 6,8 l/100 km. Y las que hay tienen el mismo motor (Ford Focus Sportbreak y Volvo V50).

Uso diario
Lo que valen

A veces pensamos que necesitamos un 7 plazasde verdad cuando nos sobra con un «cinco más dos». También la moda SUV nos hace pensar que la tracción 4x4 es imprescindible, pero no siempre es así. Amplitud, modularidad, cualidades dinámicas, equipamiento… ¿qué hay que poner realmente en la balanza para acertar en la elección?

De las cuatro opciones que aquí presentamos, lo más parecido a un monovolumen —a pesar de sus formas exteriores— es el Dodge Journey. La carrocería o la generosa altura libre al suelo pueden hacernos pensar que estamos ante un SUV, pero su estructura monocasco y la ausencia de tracción 4x4 nos lleva a la conclusión de que estamos más ante un «monovolumen emboscado» en lugar de un SUV al uso.

El Chevrolet Captiva sí que responde plenamente a esta definición, mientras que el Nissan Qashqai+2 es un crossover —Chevrolet Captiva y Nissan Qashqai+2 son los únicos 4x4— con dos plazas extras bastante aprovechables y el Peugeot 308 SW una berlina familiar que sorprende por la modularidad interior.

Empezamos por el SUV de Chevrolet Captiva —en este caso, con cambio automático—, que no sale nada malparado en conjunto. Hay que tener presente el tipo de vehículo que estamos manejando, pero el Chevrolet Captiva destaca por la facilidad y progresividad de reacciones.

En vías rápidas se siente más aplomado que el Dodge Journey y también digiere mejor los cambios de apoyo a buen ritmo, con mayor precisión y firmeza aunque siempre exigiendo más «tiempo» para asentarse que el Nissan Qashqai+2 o el Peugeot 308 SW.

En el Dodge Journey hay una apuesta clara por el confort antes que por la eficacia, pero es un coche que —una vez que sabes sus límites— resulta muy agradable de utilizar. Al suave tarado de suspensión hay que añadir unos neumáticos de tipo mixto cuyo nivel de adherencia no es el de unos de asfalto convencionales, algo que se nota también a la hora de frenar.

La motricidad o la precisión de la dirección tampoco son un ejemplo a seguir, pero lo bueno es que las reacciones del Dodge Journey son equilibradas y progresivas aunque su primera respuesta ante un imprevisto sea una clara tendencia a sobrevirar en lugar de hacer deslizar el morro.

Esa vivacidad del tren trasero está claramente contenida por la actuación de las ayudas electrónicas, que funcionan de manera poco resolutiva a baja velocidad y bastante más enérgica —se nota sobre todo la función antivuelco— a poco que alegremos el ritmo.

El extremo opuesto —por concepto— es el Peugeot 308 SW y eso se nota en las cualidades dinámicas y se acentúan las diferencias por varios factores, empezando por los ContiSportContact 3 que calza y que aportan un agarre sobresaliente, aunque también generan una apreciable inclinación de la carrocería. Fácil y agradable de conducir, el bastidor del Peugeot 308 SW conjuga confort y eficacia como pocos, con el único «pero» de unas llantas de 17 pulgadas y neumáticos 225 con perfil 45 —acabado obliga— que aportan precisión y eficacia a cambio de reducir confort de marcha.

El Nissan Qashqai+2 se queda un poco por detrás del Peugeot 308 SW porque su mayor peso y altura inciden levemente —muy levemente, por cierto— en la agilidad y rapidez de reacciones.

Preferimos de todos modos el confort de bacheo del Nissan Qashqai+2, que en gran medida se debe al mayor perfil del neumático que lleva el Nissan Qashqai+2. El crossover japonés, además de tener un comportamiento dinámico excelente por aplomo, confort y calidad de rodadura general, cuenta con un sistema 4x4 conectable que supone una ayuda inestimable sobre asfalto húmedo o pista.

Obviamente, ni el Chevrolet Captiva ni el Dodge Journey pueden competir aquí con el Nissan Qashqai+2 o con el Peugeot 308 SW.

El Chevrolet Captiva cuenta además con la desventaja de tener un bajo régimen falto de fuelle, aspecto que queda matizado en parte por la presencia de un cambio automático convencional, es decir, por convertidor de par y algo lento de reacciones.

Al ser el modelo más pesado del lote, sus prestaciones y consumo son los peores en conjunto, pero basta hacer un kick-down para avivar el ritmo y dejar atrás al Dodge Journey…, a cambio de un mayor gasto de combustible, claro. Al menos, desaparece esa molesta tendencia a calarse del manual.

El Dodge Journey, por su parte, dispone del 2.0 turbodiesel bomba-inyector del Grupo VW que con sus 140 CV oficiales —y más de 150 en banco—, muestra suficiente brío y empuje para mover la mole del Dodge Journey, cuyas prestaciones son más que solventes.

Lo malo es que el tacto del motor es hosco y que tampoco es una mecánica ejemplar en su modo de entregar el par a bajo régimen. De hecho, bastan un par de arrancadas en rampa para apreciar lo necesario del sistema «hill holder», que sujeta el coche durante un par de segundos mientras soltamos el embrague.

El motor del Nissan Qashqai+2es el 2.0 dCi de 150 CV de origen Renault, suave, agradable y de excelente rendimiento. No tiene puntos débiles, porque responde de manera impresionante a bajo régimen, gana vueltas con facilidad y, aunque su mejor zona de está en el medio régimen, es capaz de llegar a las 4.500 rpm con cierta capacidad de empuje aún disponible.

Las prestaciones no son iguales que las del Peugeot 308 SW, pero las diferencias a favor del Peugeot 308 SW no nos parecen tan determinantes como para preferir el motor 2.0 HDi. Este último, por otra parte, también es una mecánica brillante y viene apoyada por unos desarrollos algo más cortos que le permiten recuperar el ritmo con mayor facilidad.

Lo que sí es cierto es que el consumo del HDi es francamente bajo —independientemente de la ventaja en tamaño y peso que tiene en este caso— ya que no hay muchas berlinas familiares capaces de bajar de 6,8 l/100 km. Y las que hay tienen el mismo motor (Ford Focus Sportbreak y Volvo V50).

Uso diario
Lo que valen

A veces pensamos que necesitamos un 7 plazasde verdad cuando nos sobra con un «cinco más dos». También la moda SUV nos hace pensar que la tracción 4x4 es imprescindible, pero no siempre es así. Amplitud, modularidad, cualidades dinámicas, equipamiento… ¿qué hay que poner realmente en la balanza para acertar en la elección?

De las cuatro opciones que aquí presentamos, lo más parecido a un monovolumen —a pesar de sus formas exteriores— es el Dodge Journey. La carrocería o la generosa altura libre al suelo pueden hacernos pensar que estamos ante un SUV, pero su estructura monocasco y la ausencia de tracción 4x4 nos lleva a la conclusión de que estamos más ante un «monovolumen emboscado» en lugar de un SUV al uso.

El Chevrolet Captiva sí que responde plenamente a esta definición, mientras que el Nissan Qashqai+2 es un crossover —Chevrolet Captiva y Nissan Qashqai+2 son los únicos 4x4— con dos plazas extras bastante aprovechables y el Peugeot 308 SW una berlina familiar que sorprende por la modularidad interior.

Empezamos por el SUV de Chevrolet Captiva —en este caso, con cambio automático—, que no sale nada malparado en conjunto. Hay que tener presente el tipo de vehículo que estamos manejando, pero el Chevrolet Captiva destaca por la facilidad y progresividad de reacciones.

En vías rápidas se siente más aplomado que el Dodge Journey y también digiere mejor los cambios de apoyo a buen ritmo, con mayor precisión y firmeza aunque siempre exigiendo más «tiempo» para asentarse que el Nissan Qashqai+2 o el Peugeot 308 SW.

En el Dodge Journey hay una apuesta clara por el confort antes que por la eficacia, pero es un coche que —una vez que sabes sus límites— resulta muy agradable de utilizar. Al suave tarado de suspensión hay que añadir unos neumáticos de tipo mixto cuyo nivel de adherencia no es el de unos de asfalto convencionales, algo que se nota también a la hora de frenar.

La motricidad o la precisión de la dirección tampoco son un ejemplo a seguir, pero lo bueno es que las reacciones del Dodge Journey son equilibradas y progresivas aunque su primera respuesta ante un imprevisto sea una clara tendencia a sobrevirar en lugar de hacer deslizar el morro.

Esa vivacidad del tren trasero está claramente contenida por la actuación de las ayudas electrónicas, que funcionan de manera poco resolutiva a baja velocidad y bastante más enérgica —se nota sobre todo la función antivuelco— a poco que alegremos el ritmo.

El extremo opuesto —por concepto— es el Peugeot 308 SW y eso se nota en las cualidades dinámicas y se acentúan las diferencias por varios factores, empezando por los ContiSportContact 3 que calza y que aportan un agarre sobresaliente, aunque también generan una apreciable inclinación de la carrocería. Fácil y agradable de conducir, el bastidor del Peugeot 308 SW conjuga confort y eficacia como pocos, con el único «pero» de unas llantas de 17 pulgadas y neumáticos 225 con perfil 45 —acabado obliga— que aportan precisión y eficacia a cambio de reducir confort de marcha.

El Nissan Qashqai+2 se queda un poco por detrás del Peugeot 308 SW porque su mayor peso y altura inciden levemente —muy levemente, por cierto— en la agilidad y rapidez de reacciones.

Preferimos de todos modos el confort de bacheo del Nissan Qashqai+2, que en gran medida se debe al mayor perfil del neumático que lleva el Nissan Qashqai+2. El crossover japonés, además de tener un comportamiento dinámico excelente por aplomo, confort y calidad de rodadura general, cuenta con un sistema 4x4 conectable que supone una ayuda inestimable sobre asfalto húmedo o pista.

Obviamente, ni el Chevrolet Captiva ni el Dodge Journey pueden competir aquí con el Nissan Qashqai+2 o con el Peugeot 308 SW.

El Chevrolet Captiva cuenta además con la desventaja de tener un bajo régimen falto de fuelle, aspecto que queda matizado en parte por la presencia de un cambio automático convencional, es decir, por convertidor de par y algo lento de reacciones.

Al ser el modelo más pesado del lote, sus prestaciones y consumo son los peores en conjunto, pero basta hacer un kick-down para avivar el ritmo y dejar atrás al Dodge Journey…, a cambio de un mayor gasto de combustible, claro. Al menos, desaparece esa molesta tendencia a calarse del manual.

El Dodge Journey, por su parte, dispone del 2.0 turbodiesel bomba-inyector del Grupo VW que con sus 140 CV oficiales —y más de 150 en banco—, muestra suficiente brío y empuje para mover la mole del Dodge Journey, cuyas prestaciones son más que solventes.

Lo malo es que el tacto del motor es hosco y que tampoco es una mecánica ejemplar en su modo de entregar el par a bajo régimen. De hecho, bastan un par de arrancadas en rampa para apreciar lo necesario del sistema «hill holder», que sujeta el coche durante un par de segundos mientras soltamos el embrague.

El motor del Nissan Qashqai+2es el 2.0 dCi de 150 CV de origen Renault, suave, agradable y de excelente rendimiento. No tiene puntos débiles, porque responde de manera impresionante a bajo régimen, gana vueltas con facilidad y, aunque su mejor zona de está en el medio régimen, es capaz de llegar a las 4.500 rpm con cierta capacidad de empuje aún disponible.

Las prestaciones no son iguales que las del Peugeot 308 SW, pero las diferencias a favor del Peugeot 308 SW no nos parecen tan determinantes como para preferir el motor 2.0 HDi. Este último, por otra parte, también es una mecánica brillante y viene apoyada por unos desarrollos algo más cortos que le permiten recuperar el ritmo con mayor facilidad.

Lo que sí es cierto es que el consumo del HDi es francamente bajo —independientemente de la ventaja en tamaño y peso que tiene en este caso— ya que no hay muchas berlinas familiares capaces de bajar de 6,8 l/100 km. Y las que hay tienen el mismo motor (Ford Focus Sportbreak y Volvo V50).

Uso diario
Lo que valen

A veces pensamos que necesitamos un 7 plazasde verdad cuando nos sobra con un «cinco más dos». También la moda SUV nos hace pensar que la tracción 4x4 es imprescindible, pero no siempre es así. Amplitud, modularidad, cualidades dinámicas, equipamiento… ¿qué hay que poner realmente en la balanza para acertar en la elección?

De las cuatro opciones que aquí presentamos, lo más parecido a un monovolumen —a pesar de sus formas exteriores— es el Dodge Journey. La carrocería o la generosa altura libre al suelo pueden hacernos pensar que estamos ante un SUV, pero su estructura monocasco y la ausencia de tracción 4x4 nos lleva a la conclusión de que estamos más ante un «monovolumen emboscado» en lugar de un SUV al uso.

El Chevrolet Captiva sí que responde plenamente a esta definición, mientras que el Nissan Qashqai+2 es un crossover —Chevrolet Captiva y Nissan Qashqai+2 son los únicos 4x4— con dos plazas extras bastante aprovechables y el Peugeot 308 SW una berlina familiar que sorprende por la modularidad interior.

Empezamos por el SUV de Chevrolet Captiva —en este caso, con cambio automático—, que no sale nada malparado en conjunto. Hay que tener presente el tipo de vehículo que estamos manejando, pero el Chevrolet Captiva destaca por la facilidad y progresividad de reacciones.

En vías rápidas se siente más aplomado que el Dodge Journey y también digiere mejor los cambios de apoyo a buen ritmo, con mayor precisión y firmeza aunque siempre exigiendo más «tiempo» para asentarse que el Nissan Qashqai+2 o el Peugeot 308 SW.

En el Dodge Journey hay una apuesta clara por el confort antes que por la eficacia, pero es un coche que —una vez que sabes sus límites— resulta muy agradable de utilizar. Al suave tarado de suspensión hay que añadir unos neumáticos de tipo mixto cuyo nivel de adherencia no es el de unos de asfalto convencionales, algo que se nota también a la hora de frenar.

La motricidad o la precisión de la dirección tampoco son un ejemplo a seguir, pero lo bueno es que las reacciones del Dodge Journey son equilibradas y progresivas aunque su primera respuesta ante un imprevisto sea una clara tendencia a sobrevirar en lugar de hacer deslizar el morro.

Esa vivacidad del tren trasero está claramente contenida por la actuación de las ayudas electrónicas, que funcionan de manera poco resolutiva a baja velocidad y bastante más enérgica —se nota sobre todo la función antivuelco— a poco que alegremos el ritmo.

El extremo opuesto —por concepto— es el Peugeot 308 SW y eso se nota en las cualidades dinámicas y se acentúan las diferencias por varios factores, empezando por los ContiSportContact 3 que calza y que aportan un agarre sobresaliente, aunque también generan una apreciable inclinación de la carrocería. Fácil y agradable de conducir, el bastidor del Peugeot 308 SW conjuga confort y eficacia como pocos, con el único «pero» de unas llantas de 17 pulgadas y neumáticos 225 con perfil 45 —acabado obliga— que aportan precisión y eficacia a cambio de reducir confort de marcha.

El Nissan Qashqai+2 se queda un poco por detrás del Peugeot 308 SW porque su mayor peso y altura inciden levemente —muy levemente, por cierto— en la agilidad y rapidez de reacciones.

Preferimos de todos modos el confort de bacheo del Nissan Qashqai+2, que en gran medida se debe al mayor perfil del neumático que lleva el Nissan Qashqai+2. El crossover japonés, además de tener un comportamiento dinámico excelente por aplomo, confort y calidad de rodadura general, cuenta con un sistema 4x4 conectable que supone una ayuda inestimable sobre asfalto húmedo o pista.

Obviamente, ni el Chevrolet Captiva ni el Dodge Journey pueden competir aquí con el Nissan Qashqai+2 o con el Peugeot 308 SW.

El Chevrolet Captiva cuenta además con la desventaja de tener un bajo régimen falto de fuelle, aspecto que queda matizado en parte por la presencia de un cambio automático convencional, es decir, por convertidor de par y algo lento de reacciones.

Al ser el modelo más pesado del lote, sus prestaciones y consumo son los peores en conjunto, pero basta hacer un kick-down para avivar el ritmo y dejar atrás al Dodge Journey…, a cambio de un mayor gasto de combustible, claro. Al menos, desaparece esa molesta tendencia a calarse del manual.

El Dodge Journey, por su parte, dispone del 2.0 turbodiesel bomba-inyector del Grupo VW que con sus 140 CV oficiales —y más de 150 en banco—, muestra suficiente brío y empuje para mover la mole del Dodge Journey, cuyas prestaciones son más que solventes.

Lo malo es que el tacto del motor es hosco y que tampoco es una mecánica ejemplar en su modo de entregar el par a bajo régimen. De hecho, bastan un par de arrancadas en rampa para apreciar lo necesario del sistema «hill holder», que sujeta el coche durante un par de segundos mientras soltamos el embrague.

El motor del Nissan Qashqai+2es el 2.0 dCi de 150 CV de origen Renault, suave, agradable y de excelente rendimiento. No tiene puntos débiles, porque responde de manera impresionante a bajo régimen, gana vueltas con facilidad y, aunque su mejor zona de está en el medio régimen, es capaz de llegar a las 4.500 rpm con cierta capacidad de empuje aún disponible.

Las prestaciones no son iguales que las del Peugeot 308 SW, pero las diferencias a favor del Peugeot 308 SW no nos parecen tan determinantes como para preferir el motor 2.0 HDi. Este último, por otra parte, también es una mecánica brillante y viene apoyada por unos desarrollos algo más cortos que le permiten recuperar el ritmo con mayor facilidad.

Lo que sí es cierto es que el consumo del HDi es francamente bajo —independientemente de la ventaja en tamaño y peso que tiene en este caso— ya que no hay muchas berlinas familiares capaces de bajar de 6,8 l/100 km. Y las que hay tienen el mismo motor (Ford Focus Sportbreak y Volvo V50).

Uso diario
Lo que valen

A veces pensamos que necesitamos un 7 plazasde verdad cuando nos sobra con un «cinco más dos». También la moda SUV nos hace pensar que la tracción 4x4 es imprescindible, pero no siempre es así. Amplitud, modularidad, cualidades dinámicas, equipamiento… ¿qué hay que poner realmente en la balanza para acertar en la elección?

De las cuatro opciones que aquí presentamos, lo más parecido a un monovolumen —a pesar de sus formas exteriores— es el Dodge Journey. La carrocería o la generosa altura libre al suelo pueden hacernos pensar que estamos ante un SUV, pero su estructura monocasco y la ausencia de tracción 4x4 nos lleva a la conclusión de que estamos más ante un «monovolumen emboscado» en lugar de un SUV al uso.

El Chevrolet Captiva sí que responde plenamente a esta definición, mientras que el Nissan Qashqai+2 es un crossover —Chevrolet Captiva y Nissan Qashqai+2 son los únicos 4x4— con dos plazas extras bastante aprovechables y el Peugeot 308 SW una berlina familiar que sorprende por la modularidad interior.

Empezamos por el SUV de Chevrolet Captiva —en este caso, con cambio automático—, que no sale nada malparado en conjunto. Hay que tener presente el tipo de vehículo que estamos manejando, pero el Chevrolet Captiva destaca por la facilidad y progresividad de reacciones.

En vías rápidas se siente más aplomado que el Dodge Journey y también digiere mejor los cambios de apoyo a buen ritmo, con mayor precisión y firmeza aunque siempre exigiendo más «tiempo» para asentarse que el Nissan Qashqai+2 o el Peugeot 308 SW.

En el Dodge Journey hay una apuesta clara por el confort antes que por la eficacia, pero es un coche que —una vez que sabes sus límites— resulta muy agradable de utilizar. Al suave tarado de suspensión hay que añadir unos neumáticos de tipo mixto cuyo nivel de adherencia no es el de unos de asfalto convencionales, algo que se nota también a la hora de frenar.

La motricidad o la precisión de la dirección tampoco son un ejemplo a seguir, pero lo bueno es que las reacciones del Dodge Journey son equilibradas y progresivas aunque su primera respuesta ante un imprevisto sea una clara tendencia a sobrevirar en lugar de hacer deslizar el morro.

Esa vivacidad del tren trasero está claramente contenida por la actuación de las ayudas electrónicas, que funcionan de manera poco resolutiva a baja velocidad y bastante más enérgica —se nota sobre todo la función antivuelco— a poco que alegremos el ritmo.

El extremo opuesto —por concepto— es el Peugeot 308 SW y eso se nota en las cualidades dinámicas y se acentúan las diferencias por varios factores, empezando por los ContiSportContact 3 que calza y que aportan un agarre sobresaliente, aunque también generan una apreciable inclinación de la carrocería. Fácil y agradable de conducir, el bastidor del Peugeot 308 SW conjuga confort y eficacia como pocos, con el único «pero» de unas llantas de 17 pulgadas y neumáticos 225 con perfil 45 —acabado obliga— que aportan precisión y eficacia a cambio de reducir confort de marcha.

El Nissan Qashqai+2 se queda un poco por detrás del Peugeot 308 SW porque su mayor peso y altura inciden levemente —muy levemente, por cierto— en la agilidad y rapidez de reacciones.

Preferimos de todos modos el confort de bacheo del Nissan Qashqai+2, que en gran medida se debe al mayor perfil del neumático que lleva el Nissan Qashqai+2. El crossover japonés, además de tener un comportamiento dinámico excelente por aplomo, confort y calidad de rodadura general, cuenta con un sistema 4x4 conectable que supone una ayuda inestimable sobre asfalto húmedo o pista.

Obviamente, ni el Chevrolet Captiva ni el Dodge Journey pueden competir aquí con el Nissan Qashqai+2 o con el Peugeot 308 SW.

El Chevrolet Captiva cuenta además con la desventaja de tener un bajo régimen falto de fuelle, aspecto que queda matizado en parte por la presencia de un cambio automático convencional, es decir, por convertidor de par y algo lento de reacciones.

Al ser el modelo más pesado del lote, sus prestaciones y consumo son los peores en conjunto, pero basta hacer un kick-down para avivar el ritmo y dejar atrás al Dodge Journey…, a cambio de un mayor gasto de combustible, claro. Al menos, desaparece esa molesta tendencia a calarse del manual.

El Dodge Journey, por su parte, dispone del 2.0 turbodiesel bomba-inyector del Grupo VW que con sus 140 CV oficiales —y más de 150 en banco—, muestra suficiente brío y empuje para mover la mole del Dodge Journey, cuyas prestaciones son más que solventes.

Lo malo es que el tacto del motor es hosco y que tampoco es una mecánica ejemplar en su modo de entregar el par a bajo régimen. De hecho, bastan un par de arrancadas en rampa para apreciar lo necesario del sistema «hill holder», que sujeta el coche durante un par de segundos mientras soltamos el embrague.

El motor del Nissan Qashqai+2es el 2.0 dCi de 150 CV de origen Renault, suave, agradable y de excelente rendimiento. No tiene puntos débiles, porque responde de manera impresionante a bajo régimen, gana vueltas con facilidad y, aunque su mejor zona de está en el medio régimen, es capaz de llegar a las 4.500 rpm con cierta capacidad de empuje aún disponible.

Las prestaciones no son iguales que las del Peugeot 308 SW, pero las diferencias a favor del Peugeot 308 SW no nos parecen tan determinantes como para preferir el motor 2.0 HDi. Este último, por otra parte, también es una mecánica brillante y viene apoyada por unos desarrollos algo más cortos que le permiten recuperar el ritmo con mayor facilidad.

Lo que sí es cierto es que el consumo del HDi es francamente bajo —independientemente de la ventaja en tamaño y peso que tiene en este caso— ya que no hay muchas berlinas familiares capaces de bajar de 6,8 l/100 km. Y las que hay tienen el mismo motor (Ford Focus Sportbreak y Volvo V50).

Uso diario
Lo que valen

A veces pensamos que necesitamos un 7 plazasde verdad cuando nos sobra con un «cinco más dos». También la moda SUV nos hace pensar que la tracción 4x4 es imprescindible, pero no siempre es así. Amplitud, modularidad, cualidades dinámicas, equipamiento… ¿qué hay que poner realmente en la balanza para acertar en la elección?

De las cuatro opciones que aquí presentamos, lo más parecido a un monovolumen —a pesar de sus formas exteriores— es el Dodge Journey. La carrocería o la generosa altura libre al suelo pueden hacernos pensar que estamos ante un SUV, pero su estructura monocasco y la ausencia de tracción 4x4 nos lleva a la conclusión de que estamos más ante un «monovolumen emboscado» en lugar de un SUV al uso.

El Chevrolet Captiva sí que responde plenamente a esta definición, mientras que el Nissan Qashqai+2 es un crossover —Chevrolet Captiva y Nissan Qashqai+2 son los únicos 4x4— con dos plazas extras bastante aprovechables y el Peugeot 308 SW una berlina familiar que sorprende por la modularidad interior.

Empezamos por el SUV de Chevrolet Captiva —en este caso, con cambio automático—, que no sale nada malparado en conjunto. Hay que tener presente el tipo de vehículo que estamos manejando, pero el Chevrolet Captiva destaca por la facilidad y progresividad de reacciones.

En vías rápidas se siente más aplomado que el Dodge Journey y también digiere mejor los cambios de apoyo a buen ritmo, con mayor precisión y firmeza aunque siempre exigiendo más «tiempo» para asentarse que el Nissan Qashqai+2 o el Peugeot 308 SW.

En el Dodge Journey hay una apuesta clara por el confort antes que por la eficacia, pero es un coche que —una vez que sabes sus límites— resulta muy agradable de utilizar. Al suave tarado de suspensión hay que añadir unos neumáticos de tipo mixto cuyo nivel de adherencia no es el de unos de asfalto convencionales, algo que se nota también a la hora de frenar.

La motricidad o la precisión de la dirección tampoco son un ejemplo a seguir, pero lo bueno es que las reacciones del Dodge Journey son equilibradas y progresivas aunque su primera respuesta ante un imprevisto sea una clara tendencia a sobrevirar en lugar de hacer deslizar el morro.

Esa vivacidad del tren trasero está claramente contenida por la actuación de las ayudas electrónicas, que funcionan de manera poco resolutiva a baja velocidad y bastante más enérgica —se nota sobre todo la función antivuelco— a poco que alegremos el ritmo.

El extremo opuesto —por concepto— es el Peugeot 308 SW y eso se nota en las cualidades dinámicas y se acentúan las diferencias por varios factores, empezando por los ContiSportContact 3 que calza y que aportan un agarre sobresaliente, aunque también generan una apreciable inclinación de la carrocería. Fácil y agradable de conducir, el bastidor del Peugeot 308 SW conjuga confort y eficacia como pocos, con el único «pero» de unas llantas de 17 pulgadas y neumáticos 225 con perfil 45 —acabado obliga— que aportan precisión y eficacia a cambio de reducir confort de marcha.

El Nissan Qashqai+2 se queda un poco por detrás del Peugeot 308 SW porque su mayor peso y altura inciden levemente —muy levemente, por cierto— en la agilidad y rapidez de reacciones.

Preferimos de todos modos el confort de bacheo del Nissan Qashqai+2, que en gran medida se debe al mayor perfil del neumático que lleva el Nissan Qashqai+2. El crossover japonés, además de tener un comportamiento dinámico excelente por aplomo, confort y calidad de rodadura general, cuenta con un sistema 4x4 conectable que supone una ayuda inestimable sobre asfalto húmedo o pista.

Obviamente, ni el Chevrolet Captiva ni el Dodge Journey pueden competir aquí con el Nissan Qashqai+2 o con el Peugeot 308 SW.

El Chevrolet Captiva cuenta además con la desventaja de tener un bajo régimen falto de fuelle, aspecto que queda matizado en parte por la presencia de un cambio automático convencional, es decir, por convertidor de par y algo lento de reacciones.

Al ser el modelo más pesado del lote, sus prestaciones y consumo son los peores en conjunto, pero basta hacer un kick-down para avivar el ritmo y dejar atrás al Dodge Journey…, a cambio de un mayor gasto de combustible, claro. Al menos, desaparece esa molesta tendencia a calarse del manual.

El Dodge Journey, por su parte, dispone del 2.0 turbodiesel bomba-inyector del Grupo VW que con sus 140 CV oficiales —y más de 150 en banco—, muestra suficiente brío y empuje para mover la mole del Dodge Journey, cuyas prestaciones son más que solventes.

Lo malo es que el tacto del motor es hosco y que tampoco es una mecánica ejemplar en su modo de entregar el par a bajo régimen. De hecho, bastan un par de arrancadas en rampa para apreciar lo necesario del sistema «hill holder», que sujeta el coche durante un par de segundos mientras soltamos el embrague.

El motor del Nissan Qashqai+2es el 2.0 dCi de 150 CV de origen Renault, suave, agradable y de excelente rendimiento. No tiene puntos débiles, porque responde de manera impresionante a bajo régimen, gana vueltas con facilidad y, aunque su mejor zona de está en el medio régimen, es capaz de llegar a las 4.500 rpm con cierta capacidad de empuje aún disponible.

Las prestaciones no son iguales que las del Peugeot 308 SW, pero las diferencias a favor del Peugeot 308 SW no nos parecen tan determinantes como para preferir el motor 2.0 HDi. Este último, por otra parte, también es una mecánica brillante y viene apoyada por unos desarrollos algo más cortos que le permiten recuperar el ritmo con mayor facilidad.

Lo que sí es cierto es que el consumo del HDi es francamente bajo —independientemente de la ventaja en tamaño y peso que tiene en este caso— ya que no hay muchas berlinas familiares capaces de bajar de 6,8 l/100 km. Y las que hay tienen el mismo motor (Ford Focus Sportbreak y Volvo V50).

Uso diario
Lo que valen

A veces pensamos que necesitamos un 7 plazasde verdad cuando nos sobra con un «cinco más dos». También la moda SUV nos hace pensar que la tracción 4x4 es imprescindible, pero no siempre es así. Amplitud, modularidad, cualidades dinámicas, equipamiento… ¿qué hay que poner realmente en la balanza para acertar en la elección?

De las cuatro opciones que aquí presentamos, lo más parecido a un monovolumen —a pesar de sus formas exteriores— es el Dodge Journey. La carrocería o la generosa altura libre al suelo pueden hacernos pensar que estamos ante un SUV, pero su estructura monocasco y la ausencia de tracción 4x4 nos lleva a la conclusión de que estamos más ante un «monovolumen emboscado» en lugar de un SUV al uso.

El Chevrolet Captiva sí que responde plenamente a esta definición, mientras que el Nissan Qashqai+2 es un crossover —Chevrolet Captiva y Nissan Qashqai+2 son los únicos 4x4— con dos plazas extras bastante aprovechables y el Peugeot 308 SW una berlina familiar que sorprende por la modularidad interior.

Empezamos por el SUV de Chevrolet Captiva —en este caso, con cambio automático—, que no sale nada malparado en conjunto. Hay que tener presente el tipo de vehículo que estamos manejando, pero el Chevrolet Captiva destaca por la facilidad y progresividad de reacciones.

En vías rápidas se siente más aplomado que el Dodge Journey y también digiere mejor los cambios de apoyo a buen ritmo, con mayor precisión y firmeza aunque siempre exigiendo más «tiempo» para asentarse que el Nissan Qashqai+2 o el Peugeot 308 SW.

En el Dodge Journey hay una apuesta clara por el confort antes que por la eficacia, pero es un coche que —una vez que sabes sus límites— resulta muy agradable de utilizar. Al suave tarado de suspensión hay que añadir unos neumáticos de tipo mixto cuyo nivel de adherencia no es el de unos de asfalto convencionales, algo que se nota también a la hora de frenar.

La motricidad o la precisión de la dirección tampoco son un ejemplo a seguir, pero lo bueno es que las reacciones del Dodge Journey son equilibradas y progresivas aunque su primera respuesta ante un imprevisto sea una clara tendencia a sobrevirar en lugar de hacer deslizar el morro.

Esa vivacidad del tren trasero está claramente contenida por la actuación de las ayudas electrónicas, que funcionan de manera poco resolutiva a baja velocidad y bastante más enérgica —se nota sobre todo la función antivuelco— a poco que alegremos el ritmo.

El extremo opuesto —por concepto— es el Peugeot 308 SW y eso se nota en las cualidades dinámicas y se acentúan las diferencias por varios factores, empezando por los ContiSportContact 3 que calza y que aportan un agarre sobresaliente, aunque también generan una apreciable inclinación de la carrocería. Fácil y agradable de conducir, el bastidor del Peugeot 308 SW conjuga confort y eficacia como pocos, con el único «pero» de unas llantas de 17 pulgadas y neumáticos 225 con perfil 45 —acabado obliga— que aportan precisión y eficacia a cambio de reducir confort de marcha.

El Nissan Qashqai+2 se queda un poco por detrás del Peugeot 308 SW porque su mayor peso y altura inciden levemente —muy levemente, por cierto— en la agilidad y rapidez de reacciones.

Preferimos de todos modos el confort de bacheo del Nissan Qashqai+2, que en gran medida se debe al mayor perfil del neumático que lleva el Nissan Qashqai+2. El crossover japonés, además de tener un comportamiento dinámico excelente por aplomo, confort y calidad de rodadura general, cuenta con un sistema 4x4 conectable que supone una ayuda inestimable sobre asfalto húmedo o pista.

Obviamente, ni el Chevrolet Captiva ni el Dodge Journey pueden competir aquí con el Nissan Qashqai+2 o con el Peugeot 308 SW.

El Chevrolet Captiva cuenta además con la desventaja de tener un bajo régimen falto de fuelle, aspecto que queda matizado en parte por la presencia de un cambio automático convencional, es decir, por convertidor de par y algo lento de reacciones.

Al ser el modelo más pesado del lote, sus prestaciones y consumo son los peores en conjunto, pero basta hacer un kick-down para avivar el ritmo y dejar atrás al Dodge Journey…, a cambio de un mayor gasto de combustible, claro. Al menos, desaparece esa molesta tendencia a calarse del manual.

El Dodge Journey, por su parte, dispone del 2.0 turbodiesel bomba-inyector del Grupo VW que con sus 140 CV oficiales —y más de 150 en banco—, muestra suficiente brío y empuje para mover la mole del Dodge Journey, cuyas prestaciones son más que solventes.

Lo malo es que el tacto del motor es hosco y que tampoco es una mecánica ejemplar en su modo de entregar el par a bajo régimen. De hecho, bastan un par de arrancadas en rampa para apreciar lo necesario del sistema «hill holder», que sujeta el coche durante un par de segundos mientras soltamos el embrague.

El motor del Nissan Qashqai+2es el 2.0 dCi de 150 CV de origen Renault, suave, agradable y de excelente rendimiento. No tiene puntos débiles, porque responde de manera impresionante a bajo régimen, gana vueltas con facilidad y, aunque su mejor zona de está en el medio régimen, es capaz de llegar a las 4.500 rpm con cierta capacidad de empuje aún disponible.

Las prestaciones no son iguales que las del Peugeot 308 SW, pero las diferencias a favor del Peugeot 308 SW no nos parecen tan determinantes como para preferir el motor 2.0 HDi. Este último, por otra parte, también es una mecánica brillante y viene apoyada por unos desarrollos algo más cortos que le permiten recuperar el ritmo con mayor facilidad.

Lo que sí es cierto es que el consumo del HDi es francamente bajo —independientemente de la ventaja en tamaño y peso que tiene en este caso— ya que no hay muchas berlinas familiares capaces de bajar de 6,8 l/100 km. Y las que hay tienen el mismo motor (Ford Focus Sportbreak y Volvo V50).

Uso diario
Lo que valen

A veces pensamos que necesitamos un 7 plazasde verdad cuando nos sobra con un «cinco más dos». También la moda SUV nos hace pensar que la tracción 4x4 es imprescindible, pero no siempre es así. Amplitud, modularidad, cualidades dinámicas, equipamiento… ¿qué hay que poner realmente en la balanza para acertar en la elección?

De las cuatro opciones que aquí presentamos, lo más parecido a un monovolumen —a pesar de sus formas exteriores— es el Dodge Journey. La carrocería o la generosa altura libre al suelo pueden hacernos pensar que estamos ante un SUV, pero su estructura monocasco y la ausencia de tracción 4x4 nos lleva a la conclusión de que estamos más ante un «monovolumen emboscado» en lugar de un SUV al uso.

El Chevrolet Captiva sí que responde plenamente a esta definición, mientras que el Nissan Qashqai+2 es un crossover —Chevrolet Captiva y Nissan Qashqai+2 son los únicos 4x4— con dos plazas extras bastante aprovechables y el Peugeot 308 SW una berlina familiar que sorprende por la modularidad interior.

Empezamos por el SUV de Chevrolet Captiva —en este caso, con cambio automático—, que no sale nada malparado en conjunto. Hay que tener presente el tipo de vehículo que estamos manejando, pero el Chevrolet Captiva destaca por la facilidad y progresividad de reacciones.

En vías rápidas se siente más aplomado que el Dodge Journey y también digiere mejor los cambios de apoyo a buen ritmo, con mayor precisión y firmeza aunque siempre exigiendo más «tiempo» para asentarse que el Nissan Qashqai+2 o el Peugeot 308 SW.

En el Dodge Journey hay una apuesta clara por el confort antes que por la eficacia, pero es un coche que —una vez que sabes sus límites— resulta muy agradable de utilizar. Al suave tarado de suspensión hay que añadir unos neumáticos de tipo mixto cuyo nivel de adherencia no es el de unos de asfalto convencionales, algo que se nota también a la hora de frenar.

La motricidad o la precisión de la dirección tampoco son un ejemplo a seguir, pero lo bueno es que las reacciones del Dodge Journey son equilibradas y progresivas aunque su primera respuesta ante un imprevisto sea una clara tendencia a sobrevirar en lugar de hacer deslizar el morro.

Esa vivacidad del tren trasero está claramente contenida por la actuación de las ayudas electrónicas, que funcionan de manera poco resolutiva a baja velocidad y bastante más enérgica —se nota sobre todo la función antivuelco— a poco que alegremos el ritmo.

El extremo opuesto —por concepto— es el Peugeot 308 SW y eso se nota en las cualidades dinámicas y se acentúan las diferencias por varios factores, empezando por los ContiSportContact 3 que calza y que aportan un agarre sobresaliente, aunque también generan una apreciable inclinación de la carrocería. Fácil y agradable de conducir, el bastidor del Peugeot 308 SW conjuga confort y eficacia como pocos, con el único «pero» de unas llantas de 17 pulgadas y neumáticos 225 con perfil 45 —acabado obliga— que aportan precisión y eficacia a cambio de reducir confort de marcha.

El Nissan Qashqai+2 se queda un poco por detrás del Peugeot 308 SW porque su mayor peso y altura inciden levemente —muy levemente, por cierto— en la agilidad y rapidez de reacciones.

Preferimos de todos modos el confort de bacheo del Nissan Qashqai+2, que en gran medida se debe al mayor perfil del neumático que lleva el Nissan Qashqai+2. El crossover japonés, además de tener un comportamiento dinámico excelente por aplomo, confort y calidad de rodadura general, cuenta con un sistema 4x4 conectable que supone una ayuda inestimable sobre asfalto húmedo o pista.

Obviamente, ni el Chevrolet Captiva ni el Dodge Journey pueden competir aquí con el Nissan Qashqai+2 o con el Peugeot 308 SW.

El Chevrolet Captiva cuenta además con la desventaja de tener un bajo régimen falto de fuelle, aspecto que queda matizado en parte por la presencia de un cambio automático convencional, es decir, por convertidor de par y algo lento de reacciones.

Al ser el modelo más pesado del lote, sus prestaciones y consumo son los peores en conjunto, pero basta hacer un kick-down para avivar el ritmo y dejar atrás al Dodge Journey…, a cambio de un mayor gasto de combustible, claro. Al menos, desaparece esa molesta tendencia a calarse del manual.

El Dodge Journey, por su parte, dispone del 2.0 turbodiesel bomba-inyector del Grupo VW que con sus 140 CV oficiales —y más de 150 en banco—, muestra suficiente brío y empuje para mover la mole del Dodge Journey, cuyas prestaciones son más que solventes.

Lo malo es que el tacto del motor es hosco y que tampoco es una mecánica ejemplar en su modo de entregar el par a bajo régimen. De hecho, bastan un par de arrancadas en rampa para apreciar lo necesario del sistema «hill holder», que sujeta el coche durante un par de segundos mientras soltamos el embrague.

El motor del Nissan Qashqai+2es el 2.0 dCi de 150 CV de origen Renault, suave, agradable y de excelente rendimiento. No tiene puntos débiles, porque responde de manera impresionante a bajo régimen, gana vueltas con facilidad y, aunque su mejor zona de está en el medio régimen, es capaz de llegar a las 4.500 rpm con cierta capacidad de empuje aún disponible.

Las prestaciones no son iguales que las del Peugeot 308 SW, pero las diferencias a favor del Peugeot 308 SW no nos parecen tan determinantes como para preferir el motor 2.0 HDi. Este último, por otra parte, también es una mecánica brillante y viene apoyada por unos desarrollos algo más cortos que le permiten recuperar el ritmo con mayor facilidad.

Lo que sí es cierto es que el consumo del HDi es francamente bajo —independientemente de la ventaja en tamaño y peso que tiene en este caso— ya que no hay muchas berlinas familiares capaces de bajar de 6,8 l/100 km. Y las que hay tienen el mismo motor (Ford Focus Sportbreak y Volvo V50).

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