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XKR frente a 650i

En esta comparativa enfrentamos dos Gran Turismo bonitos, elegantes, potentes y caros. Es el lujo y la personalidad del Jaguar XKR frente a la efectividad y precisión del BMW 650i, dos modelos deseados y admirados.
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XKR frente a 650i
En los dos casos estamos ante coches que disponen de motores muy potentes –367 y 416 CV respectivamente-, por lo que necesitan bastidores que estén a la altura del elevado nivel prestacional; y cada uno, en su estilo, lo consigue. Son auténticos devoradores de kilómetros y en zonas medias y rápidas resultan hasta fáciles de conducir, a pesar de la caballería que esconden; pocos modelos del mercado mostrarán un equilibrio entre facilidad de conducción, confort y velocidad tan bueno. En ambos casos se dispone de ayudas electrónicas -controles de tracción y estabilidad- que para hacerlos intervenir es necesario conducir sin razón, poner en entredicho a las leyes de la física o excederse con el acelerador.

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En el BMW todo es más preciso. Da igual el tipo de conducción que se realice, que el conductor siempre sentirá lo que está haciendo más que en el Jaguar, manteniendo siempre un elevado nivel de confort. Cuando se lleva el bastidor al límite de sus posibilidades, el BMW 650i se vuelve más exigente que el XKR, y pide al conductor más pericia al volante, a la que responderá con un paso por curva más rápido y mayor facilidad para sobrevirar. Por su parte el XKR filtra mucho más que el BMW. A pesar de lo radical que pueda sonar la R de su apellido, se trata de un coche muy confortable que permite mantener cruceros muy rápidos y transmite mayor facilidad de conducción. Si los conduce por separado, los dos parecen cómodos, pero basta bajarse de uno y subirse en el otro para comprobar cómo el Jaguar es mucho más cómodo y agradable –el mullido de asientos también algo tiene que ver-.

En el límite del Jaguar encontramos un tren delantero menos preciso, sobre todo en curva lenta, y una zaga demasiado asentada; típico comportamiento de coche que apuesta por la seguridad y pasa de líos. Con todo, se puede mantener un ritmo endiablado. Como ocurre en su rival, el motor corre mucho y los frenos responden bien. Cuando en cualquiera de ellos se circula a las velocidades que ha impuesto el Sr. Navarro, la sensación de seguridad y control es muy elevada. No son coches concebidos para conducir “al ataque”, pero sí para mantener cruceros elevados y disfrutar de ellos, algo digno de auténticos Gran Turismo. Si tuviésemos que elegir uno, nuestra demanda de precisión se centraría en el BMW. Sin embargo, la calidad de rodadura y el compromiso entre confort y velocidad del Jaguar hacen que la balanza se equilibre, siendo las dos opciones interesantes en función de lo que cada conductor busque. Si al principio mencionamos la madurez de la Serie 6, a la hora de hablar de motores le pasa el testigo al XKR. El motor sobrealimentado del Jaguar, a pesar de las múltiples mejoras a las que ha sido sometido a lo largo de todos estos años, acusa su antigua concepción con un consumo y unas emisiones de CO2 considerablemente más elevadas que las del BMW que, con casi 50 CV menos, consume menos, es ligeramente más limpio en sus emisiones contaminantes y hace correr al Serie 6 prácticamente lo mismo que el XKR. Que uno sea 3 décimas más rápido en aceleraciones o que el otro emplee 2 décimas de segundo menos a la hora de adelantar, son datos totalmente irrelevantes cuando hablamos de aceleraciones que impresionan tanto como los 5,4 y 5,8 segundos que tarda cada uno en alcanzar los 100 km/h desde parado.

La diferencia de velocidad entre ellos es mínima e inapreciable, por lo que los amantes de las prestaciones deberán valorar otros aspectos a la hora de decidirse por uno u otro. Lo que sí se nota es el consumo, con una diferencia de gasto medio real de poco más de un litro a favor del BMW. El 650i gasta menos y, además, esa diferencia aumenta en función del uso, puesto que en ciudad o en conducción deportiva, el XKR se acerca o supera los 20 litros de media con facilidad si nos descuidamos. Si eres amante del sonido mecánico o de escapes, probablemente aprecies más el del Jaguar, que vuelve cabezas antes de que haya pasado y sin que sea un problema en el interior. Como ya hemos dicho, los dos coupés emplean la misma caja de cambios ZF de siete marchas. El funcionamiento en los dos casos es igual de bueno, tanto en reducción como en aceleración, aunque hay algunas diferencias de gestión; por ejemplo en el inglés se reduce de marcha en cuanto acariciamos el acelerador en el modo normal, mientras que el BMW sólo hace esto en el modo Sport. Un detalle curioso es que en este modo, la aguja del cuentavueltas del BMW se mueve más rápido cuando se cambia de marcha, generando mayor sensación de deportividad.
Lujo y distinción
Interiores de lujo
En los dos casos estamos ante coches que disponen de motores muy potentes –367 y 416 CV respectivamente-, por lo que necesitan bastidores que estén a la altura del elevado nivel prestacional; y cada uno, en su estilo, lo consigue. Son auténticos devoradores de kilómetros y en zonas medias y rápidas resultan hasta fáciles de conducir, a pesar de la caballería que esconden; pocos modelos del mercado mostrarán un equilibrio entre facilidad de conducción, confort y velocidad tan bueno. En ambos casos se dispone de ayudas electrónicas -controles de tracción y estabilidad- que para hacerlos intervenir es necesario conducir sin razón, poner en entredicho a las leyes de la física o excederse con el acelerador. En el BMW todo es más preciso. Da igual el tipo de conducción que se realice, que el conductor siempre sentirá lo que está haciendo más que en el Jaguar, manteniendo siempre un elevado nivel de confort. Cuando se lleva el bastidor al límite de sus posibilidades, el BMW 650i se vuelve más exigente que el XKR, y pide al conductor más pericia al volante, a la que responderá con un paso por curva más rápido y mayor facilidad para sobrevirar. Por su parte el XKR filtra mucho más que el BMW. A pesar de lo radical que pueda sonar la R de su apellido, se trata de un coche muy confortable que permite mantener cruceros muy rápidos y transmite mayor facilidad de conducción. Si los conduce por separado, los dos parecen cómodos, pero basta bajarse de uno y subirse en el otro para comprobar cómo el Jaguar es mucho más cómodo y agradable –el mullido de asientos también algo tiene que ver-.

En el límite del Jaguar encontramos un tren delantero menos preciso, sobre todo en curva lenta, y una zaga demasiado asentada; típico comportamiento de coche que apuesta por la seguridad y pasa de líos. Con todo, se puede mantener un ritmo endiablado. Como ocurre en su rival, el motor corre mucho y los frenos responden bien. Cuando en cualquiera de ellos se circula a las velocidades que ha impuesto el Sr. Navarro, la sensación de seguridad y control es muy elevada. No son coches concebidos para conducir “al ataque”, pero sí para mantener cruceros elevados y disfrutar de ellos, algo digno de auténticos Gran Turismo. Si tuviésemos que elegir uno, nuestra demanda de precisión se centraría en el BMW. Sin embargo, la calidad de rodadura y el compromiso entre confort y velocidad del Jaguar hacen que la balanza se equilibre, siendo las dos opciones interesantes en función de lo que cada conductor busque. Si al principio mencionamos la madurez de la Serie 6, a la hora de hablar de motores le pasa el testigo al XKR. El motor sobrealimentado del Jaguar, a pesar de las múltiples mejoras a las que ha sido sometido a lo largo de todos estos años, acusa su antigua concepción con un consumo y unas emisiones de CO2 considerablemente más elevadas que las del BMW que, con casi 50 CV menos, consume menos, es ligeramente más limpio en sus emisiones contaminantes y hace correr al Serie 6 prácticamente lo mismo que el XKR. Que uno sea 3 décimas más rápido en aceleraciones o que el otro emplee 2 décimas de segundo menos a la hora de adelantar, son datos totalmente irrelevantes cuando hablamos de aceleraciones que impresionan tanto como los 5,4 y 5,8 segundos que tarda cada uno en alcanzar los 100 km/h desde parado.

La diferencia de velocidad entre ellos es mínima e inapreciable, por lo que los amantes de las prestaciones deberán valorar otros aspectos a la hora de decidirse por uno u otro. Lo que sí se nota es el consumo, con una diferencia de gasto medio real de poco más de un litro a favor del BMW. El 650i gasta menos y, además, esa diferencia aumenta en función del uso, puesto que en ciudad o en conducción deportiva, el XKR se acerca o supera los 20 litros de media con facilidad si nos descuidamos. Si eres amante del sonido mecánico o de escapes, probablemente aprecies más el del Jaguar, que vuelve cabezas antes de que haya pasado y sin que sea un problema en el interior. Como ya hemos dicho, los dos coupés emplean la misma caja de cambios ZF de siete marchas. El funcionamiento en los dos casos es igual de bueno, tanto en reducción como en aceleración, aunque hay algunas diferencias de gestión; por ejemplo en el inglés se reduce de marcha en cuanto acariciamos el acelerador en el modo normal, mientras que el BMW sólo hace esto en el modo Sport. Un detalle curioso es que en este modo, la aguja del cuentavueltas del BMW se mueve más rápido cuando se cambia de marcha, generando mayor sensación de deportividad.
Lujo y distinción
Interiores de lujo
En los dos casos estamos ante coches que disponen de motores muy potentes –367 y 416 CV respectivamente-, por lo que necesitan bastidores que estén a la altura del elevado nivel prestacional; y cada uno, en su estilo, lo consigue. Son auténticos devoradores de kilómetros y en zonas medias y rápidas resultan hasta fáciles de conducir, a pesar de la caballería que esconden; pocos modelos del mercado mostrarán un equilibrio entre facilidad de conducción, confort y velocidad tan bueno. En ambos casos se dispone de ayudas electrónicas -controles de tracción y estabilidad- que para hacerlos intervenir es necesario conducir sin razón, poner en entredicho a las leyes de la física o excederse con el acelerador. En el BMW todo es más preciso. Da igual el tipo de conducción que se realice, que el conductor siempre sentirá lo que está haciendo más que en el Jaguar, manteniendo siempre un elevado nivel de confort. Cuando se lleva el bastidor al límite de sus posibilidades, el BMW 650i se vuelve más exigente que el XKR, y pide al conductor más pericia al volante, a la que responderá con un paso por curva más rápido y mayor facilidad para sobrevirar. Por su parte el XKR filtra mucho más que el BMW. A pesar de lo radical que pueda sonar la R de su apellido, se trata de un coche muy confortable que permite mantener cruceros muy rápidos y transmite mayor facilidad de conducción. Si los conduce por separado, los dos parecen cómodos, pero basta bajarse de uno y subirse en el otro para comprobar cómo el Jaguar es mucho más cómodo y agradable –el mullido de asientos también algo tiene que ver-.

En el límite del Jaguar encontramos un tren delantero menos preciso, sobre todo en curva lenta, y una zaga demasiado asentada; típico comportamiento de coche que apuesta por la seguridad y pasa de líos. Con todo, se puede mantener un ritmo endiablado. Como ocurre en su rival, el motor corre mucho y los frenos responden bien. Cuando en cualquiera de ellos se circula a las velocidades que ha impuesto el Sr. Navarro, la sensación de seguridad y control es muy elevada. No son coches concebidos para conducir “al ataque”, pero sí para mantener cruceros elevados y disfrutar de ellos, algo digno de auténticos Gran Turismo. Si tuviésemos que elegir uno, nuestra demanda de precisión se centraría en el BMW. Sin embargo, la calidad de rodadura y el compromiso entre confort y velocidad del Jaguar hacen que la balanza se equilibre, siendo las dos opciones interesantes en función de lo que cada conductor busque. Si al principio mencionamos la madurez de la Serie 6, a la hora de hablar de motores le pasa el testigo al XKR. El motor sobrealimentado del Jaguar, a pesar de las múltiples mejoras a las que ha sido sometido a lo largo de todos estos años, acusa su antigua concepción con un consumo y unas emisiones de CO2 considerablemente más elevadas que las del BMW que, con casi 50 CV menos, consume menos, es ligeramente más limpio en sus emisiones contaminantes y hace correr al Serie 6 prácticamente lo mismo que el XKR. Que uno sea 3 décimas más rápido en aceleraciones o que el otro emplee 2 décimas de segundo menos a la hora de adelantar, son datos totalmente irrelevantes cuando hablamos de aceleraciones que impresionan tanto como los 5,4 y 5,8 segundos que tarda cada uno en alcanzar los 100 km/h desde parado.

La diferencia de velocidad entre ellos es mínima e inapreciable, por lo que los amantes de las prestaciones deberán valorar otros aspectos a la hora de decidirse por uno u otro. Lo que sí se nota es el consumo, con una diferencia de gasto medio real de poco más de un litro a favor del BMW. El 650i gasta menos y, además, esa diferencia aumenta en función del uso, puesto que en ciudad o en conducción deportiva, el XKR se acerca o supera los 20 litros de media con facilidad si nos descuidamos. Si eres amante del sonido mecánico o de escapes, probablemente aprecies más el del Jaguar, que vuelve cabezas antes de que haya pasado y sin que sea un problema en el interior. Como ya hemos dicho, los dos coupés emplean la misma caja de cambios ZF de siete marchas. El funcionamiento en los dos casos es igual de bueno, tanto en reducción como en aceleración, aunque hay algunas diferencias de gestión; por ejemplo en el inglés se reduce de marcha en cuanto acariciamos el acelerador en el modo normal, mientras que el BMW sólo hace esto en el modo Sport. Un detalle curioso es que en este modo, la aguja del cuentavueltas del BMW se mueve más rápido cuando se cambia de marcha, generando mayor sensación de deportividad.
Lujo y distinción
Interiores de lujo
En los dos casos estamos ante coches que disponen de motores muy potentes –367 y 416 CV respectivamente-, por lo que necesitan bastidores que estén a la altura del elevado nivel prestacional; y cada uno, en su estilo, lo consigue. Son auténticos devoradores de kilómetros y en zonas medias y rápidas resultan hasta fáciles de conducir, a pesar de la caballería que esconden; pocos modelos del mercado mostrarán un equilibrio entre facilidad de conducción, confort y velocidad tan bueno. En ambos casos se dispone de ayudas electrónicas -controles de tracción y estabilidad- que para hacerlos intervenir es necesario conducir sin razón, poner en entredicho a las leyes de la física o excederse con el acelerador. En el BMW todo es más preciso. Da igual el tipo de conducción que se realice, que el conductor siempre sentirá lo que está haciendo más que en el Jaguar, manteniendo siempre un elevado nivel de confort. Cuando se lleva el bastidor al límite de sus posibilidades, el BMW 650i se vuelve más exigente que el XKR, y pide al conductor más pericia al volante, a la que responderá con un paso por curva más rápido y mayor facilidad para sobrevirar. Por su parte el XKR filtra mucho más que el BMW. A pesar de lo radical que pueda sonar la R de su apellido, se trata de un coche muy confortable que permite mantener cruceros muy rápidos y transmite mayor facilidad de conducción. Si los conduce por separado, los dos parecen cómodos, pero basta bajarse de uno y subirse en el otro para comprobar cómo el Jaguar es mucho más cómodo y agradable –el mullido de asientos también algo tiene que ver-.

En el límite del Jaguar encontramos un tren delantero menos preciso, sobre todo en curva lenta, y una zaga demasiado asentada; típico comportamiento de coche que apuesta por la seguridad y pasa de líos. Con todo, se puede mantener un ritmo endiablado. Como ocurre en su rival, el motor corre mucho y los frenos responden bien. Cuando en cualquiera de ellos se circula a las velocidades que ha impuesto el Sr. Navarro, la sensación de seguridad y control es muy elevada. No son coches concebidos para conducir “al ataque”, pero sí para mantener cruceros elevados y disfrutar de ellos, algo digno de auténticos Gran Turismo. Si tuviésemos que elegir uno, nuestra demanda de precisión se centraría en el BMW. Sin embargo, la calidad de rodadura y el compromiso entre confort y velocidad del Jaguar hacen que la balanza se equilibre, siendo las dos opciones interesantes en función de lo que cada conductor busque. Si al principio mencionamos la madurez de la Serie 6, a la hora de hablar de motores le pasa el testigo al XKR. El motor sobrealimentado del Jaguar, a pesar de las múltiples mejoras a las que ha sido sometido a lo largo de todos estos años, acusa su antigua concepción con un consumo y unas emisiones de CO2 considerablemente más elevadas que las del BMW que, con casi 50 CV menos, consume menos, es ligeramente más limpio en sus emisiones contaminantes y hace correr al Serie 6 prácticamente lo mismo que el XKR. Que uno sea 3 décimas más rápido en aceleraciones o que el otro emplee 2 décimas de segundo menos a la hora de adelantar, son datos totalmente irrelevantes cuando hablamos de aceleraciones que impresionan tanto como los 5,4 y 5,8 segundos que tarda cada uno en alcanzar los 100 km/h desde parado.

La diferencia de velocidad entre ellos es mínima e inapreciable, por lo que los amantes de las prestaciones deberán valorar otros aspectos a la hora de decidirse por uno u otro. Lo que sí se nota es el consumo, con una diferencia de gasto medio real de poco más de un litro a favor del BMW. El 650i gasta menos y, además, esa diferencia aumenta en función del uso, puesto que en ciudad o en conducción deportiva, el XKR se acerca o supera los 20 litros de media con facilidad si nos descuidamos. Si eres amante del sonido mecánico o de escapes, probablemente aprecies más el del Jaguar, que vuelve cabezas antes de que haya pasado y sin que sea un problema en el interior. Como ya hemos dicho, los dos coupés emplean la misma caja de cambios ZF de siete marchas. El funcionamiento en los dos casos es igual de bueno, tanto en reducción como en aceleración, aunque hay algunas diferencias de gestión; por ejemplo en el inglés se reduce de marcha en cuanto acariciamos el acelerador en el modo normal, mientras que el BMW sólo hace esto en el modo Sport. Un detalle curioso es que en este modo, la aguja del cuentavueltas del BMW se mueve más rápido cuando se cambia de marcha, generando mayor sensación de deportividad.
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