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El nuevo X5 3.0d frente al Q7 y Touareg

El segmento de los polifacéticos SUV y todo-terreno de lujo no deja de sorprendernos por la imponente prestancia general de todos sus componentes. La suma sigue y al exuberante Q7 y al renovado Touareg se les ha sumado esta segunda generación del X5, un icono del que a bote pronto se nos ocurre volver a decir “vaya súper máquina”.
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El nuevo X5 3.0d frente al Q7 y Touareg
La similitud teórica de sus modernísimos motores Diesel no quita para que en este apartado existan también diferencias para que nos pueda gustar más o menos un coche. En este caso, hay tanto motor en los tres modelos que el cronómetro es lo de menos y en gran medida es el funcionamiento de cada cambio automático el que verdaderamente marca diferencias (sólo en el Touareg se puede elegir un cambio manual). Q7 y Touareg comparten motor, un 3.0 V6, aunque con configuraciones finales diferentes que les hacen anunciar diferentes – y testimonia-les- valores de par y potencia. El del BMW es también un 3 litros, pero trazado, como es norma de la casa, en línea… y fabricado íntegramente en ligero aluminio.

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En todos los casos nos movemos en torno a los 230 CV, pero más imponen sus más de 50 mkg disponibles incluso por debajo de 2.000 revoluciones. Dicho de otra manera, la rotundidad de estas versiones aun con pesos importantes es sobresaliente y aparece de inmediato. Hablando de inmediatez, y aquí aparecen las diferencias sustanciales, el cambio automático del BMW es como su puesta a punto dinámica: directo e instantáneo. Una mínima acaricia al acelerador se traduce en una impronta en su movimiento. En cierta medida, este aspecto también influye en la agilidad dinámica del coche antes comentada. Aquí el polo opuesto es el Q7, cuyo cambio automático es el que más resbala en la fase de inicio de marcha. Pudiera ser que procure una mayor suavidad en esa crítica transición de estar parado a pasar en movimiento mucho peso, pero el BMW no por directo resulta brusco y el resbalamiento del Audi genera una excesiva rumorosidad del motor.

El Touareg parece más directo que el Audi pero no puede esconder una rumorosidad mecánica más fea y agria que el dulce 6 cilindros en línea del BMW. Dulce de giro, pero el BMW también parece más contundente, los cambios de marchas los realiza más rápido y solapadamente y tiene una menor querencia a la reducción, porque con menos pérdidas por resbalamiento (de hecho se bloquea el convertidor en todas las velocidades) su impulso a la menor solicitud es directo e inmediato. El Q7 y el Touareg son también extraordinarias máquinas para acelerar y adelantar independientemente de su peso, pero todo sucede con más ruido, revoluciones, reducciones y pérdidas que en el pletórico X5. Lógicamente todo esto tiene su importancia en los consumos y el BMW también es el que menos consume, con cifras muy buenas dadas las circunstancias. Los consumos urbanos de los Q7 y Touareg incluso nos parecen exagerados. A sabiendas, se explican los enormes depósitos de 100 litros del Q7 y Touareg, por los 85 de su rival.

De sofisticados coches de marcas de alto prestigio sólo podemos esperar unas facturas que aun bien argumentadas por la calidad y la cantidad que ofrecen, marcan una cota alcanzable sólo por cuentas muy saneadas. Las diferencias de compra entre ellos seguramente sean testimoniales, cuando las facturas empiezan a partir de los 52.000 euros, si incluimos el cambio automático opcional en el Touareg. En definitiva, coches buenos y costosos pero que a cambio te ofrecen un grado de eficacia y agrado extraordinarios. Y eso se paga. La similitud teórica de sus modernísimos motores Diesel no quita para que en este apartado existan también diferencias para que nos pueda gustar más o menos un coche. En este caso, hay tanto motor en los tres modelos que el cronómetro es lo de menos y en gran medida es el funcionamiento de cada cambio automático el que verdaderamente marca diferencias (sólo en el Touareg se puede elegir un cambio manual). Q7 y Touareg comparten motor, un 3.0 V6, aunque con configuraciones finales diferentes que les hacen anunciar diferentes – y testimonia-les- valores de par y potencia. El del BMW es también un 3 litros, pero trazado, como es norma de la casa, en línea… y fabricado íntegramente en ligero aluminio. En todos los casos nos movemos en torno a los 230 CV, pero más imponen sus más de 50 mkg disponibles incluso por debajo de 2.000 revoluciones. Dicho de otra manera, la rotundidad de estas versiones aun con pesos importantes es sobresaliente y aparece de inmediato. Hablando de inmediatez, y aquí aparecen las diferencias sustanciales, el cambio automático del BMW es como su puesta a punto dinámica: directo e instantáneo. Una mínima acaricia al acelerador se traduce en una impronta en su movimiento. En cierta medida, este aspecto también influye en la agilidad dinámica del coche antes comentada. Aquí el polo opuesto es el Q7, cuyo cambio automático es el que más resbala en la fase de inicio de marcha. Pudiera ser que procure una mayor suavidad en esa crítica transición de estar parado a pasar en movimiento mucho peso, pero el BMW no por directo resulta brusco y el resbalamiento del Audi genera una excesiva rumorosidad del motor.

El Touareg parece más directo que el Audi pero no puede esconder una rumorosidad mecánica más fea y agria que el dulce 6 cilindros en línea del BMW. Dulce de giro, pero el BMW también parece más contundente, los cambios de marchas los realiza más rápido y solapadamente y tiene una menor querencia a la reducción, porque con menos pérdidas por resbalamiento (de hecho se bloquea el convertidor en todas las velocidades) su impulso a la menor solicitud es directo e inmediato. El Q7 y el Touareg son también extraordinarias máquinas para acelerar y adelantar independientemente de su peso, pero todo sucede con más ruido, revoluciones, reducciones y pérdidas que en el pletórico X5. Lógicamente todo esto tiene su importancia en los consumos y el BMW también es el que menos consume, con cifras muy buenas dadas las circunstancias. Los consumos urbanos de los Q7 y Touareg incluso nos parecen exagerados. A sabiendas, se explican los enormes depósitos de 100 litros del Q7 y Touareg, por los 85 de su rival.

De sofisticados coches de marcas de alto prestigio sólo podemos esperar unas facturas que aun bien argumentadas por la calidad y la cantidad que ofrecen, marcan una cota alcanzable sólo por cuentas muy saneadas. Las diferencias de compra entre ellos seguramente sean testimoniales, cuando las facturas empiezan a partir de los 52.000 euros, si incluimos el cambio automático opcional en el Touareg. En definitiva, coches buenos y costosos pero que a cambio te ofrecen un grado de eficacia y agrado extraordinarios. Y eso se paga. La similitud teórica de sus modernísimos motores Diesel no quita para que en este apartado existan también diferencias para que nos pueda gustar más o menos un coche. En este caso, hay tanto motor en los tres modelos que el cronómetro es lo de menos y en gran medida es el funcionamiento de cada cambio automático el que verdaderamente marca diferencias (sólo en el Touareg se puede elegir un cambio manual). Q7 y Touareg comparten motor, un 3.0 V6, aunque con configuraciones finales diferentes que les hacen anunciar diferentes – y testimonia-les- valores de par y potencia. El del BMW es también un 3 litros, pero trazado, como es norma de la casa, en línea… y fabricado íntegramente en ligero aluminio. En todos los casos nos movemos en torno a los 230 CV, pero más imponen sus más de 50 mkg disponibles incluso por debajo de 2.000 revoluciones. Dicho de otra manera, la rotundidad de estas versiones aun con pesos importantes es sobresaliente y aparece de inmediato. Hablando de inmediatez, y aquí aparecen las diferencias sustanciales, el cambio automático del BMW es como su puesta a punto dinámica: directo e instantáneo. Una mínima acaricia al acelerador se traduce en una impronta en su movimiento. En cierta medida, este aspecto también influye en la agilidad dinámica del coche antes comentada. Aquí el polo opuesto es el Q7, cuyo cambio automático es el que más resbala en la fase de inicio de marcha. Pudiera ser que procure una mayor suavidad en esa crítica transición de estar parado a pasar en movimiento mucho peso, pero el BMW no por directo resulta brusco y el resbalamiento del Audi genera una excesiva rumorosidad del motor.

El Touareg parece más directo que el Audi pero no puede esconder una rumorosidad mecánica más fea y agria que el dulce 6 cilindros en línea del BMW. Dulce de giro, pero el BMW también parece más contundente, los cambios de marchas los realiza más rápido y solapadamente y tiene una menor querencia a la reducción, porque con menos pérdidas por resbalamiento (de hecho se bloquea el convertidor en todas las velocidades) su impulso a la menor solicitud es directo e inmediato. El Q7 y el Touareg son también extraordinarias máquinas para acelerar y adelantar independientemente de su peso, pero todo sucede con más ruido, revoluciones, reducciones y pérdidas que en el pletórico X5. Lógicamente todo esto tiene su importancia en los consumos y el BMW también es el que menos consume, con cifras muy buenas dadas las circunstancias. Los consumos urbanos de los Q7 y Touareg incluso nos parecen exagerados. A sabiendas, se explican los enormes depósitos de 100 litros del Q7 y Touareg, por los 85 de su rival.

De sofisticados coches de marcas de alto prestigio sólo podemos esperar unas facturas que aun bien argumentadas por la calidad y la cantidad que ofrecen, marcan una cota alcanzable sólo por cuentas muy saneadas. Las diferencias de compra entre ellos seguramente sean testimoniales, cuando las facturas empiezan a partir de los 52.000 euros, si incluimos el cambio automático opcional en el Touareg. En definitiva, coches buenos y costosos pero que a cambio te ofrecen un grado de eficacia y agrado extraordinarios. Y eso se paga.
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