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VW Jetta 1.6 TDI DSG

De Jetta a Bora, de Bora a Jetta. Siempre algo desubicado, pide ahora una plaza independiente para desligarse del Golf. Ahora, roza al Passat, aunque VW no le conceda los estándares de calidad y refinamiento de un auténtico segmento D… Todo va en el precio.
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VW Jetta 1.6 TDI DSG
Casi un Passat por presencia, porte y hasta dimensiones. A la vista está: le confunden por la calle. Ahora es novedad y juega al despiste, pero lo cierto y verdad es que “Sir Da Silva” ha derrochado ingenio para lograr el propósito perseguido: que el Jetta se vea como un gran coche. Golf por dentro, al golpe de vista con similar diseño, calidad de componentes y ajustes, pero no siempre al tacto. Las dos grandes gavetas de las puertas principales se doblan con facilidad, los plásticos entre los asientos delanteros tienen algo más de brillo y basta echar un vistazo al maletero para ver dónde está el ahorro: moquetas muy delgadas y de aspecto desatendido, sencillos tiradores para abatir los asientos traseros, demasiada chapa al vivo. También queda a la vista el carrete del cinturón central trasero —tapado por una carcasa— y no usa unas más sofisticadas bisagras tipo cuello de cisne. A fin de cuentas, ahí se esconde el equipaje.

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VW Jetta 1.6 TDI DSG

Pero en él vuelve a residir el principal valor añadido de este —o el anterior— Jetta: con menor longitud que el Passat —o cualquier otra berlina— ofrece nada menos que 600 litros reales de capacidad. No sólo es grande, sino también ancho, muy profundo y bastante regular en sus formas. Pero volvamos delante. Mismos mimbres, plataforma, mecánicas, etc, que Golf, también similares al Passat. Todo nos suena también al aplicar el resto de sentidos ¿Y asientos? Los del Jetta nos han castigado durante la etapa más larga de conducción, casi 600 kilómetros seguidos en los que nuestros riñones no han encontrado el debido apoyo: esta regulación es anecdótica, con el añadido de que la ruleta de inclinación del respaldo deja aquí paso a una manivela de puntos fijos con bastante amplitud entre saltos. Demasiado personal este aspecto, como la ergonomía —pecará de sobrio, pero creemos que lo borda en este sentido— como para que la crítica no sea constructiva. Primer balance: aunque se desvía ligeramente de los estándares habituales de la casa, el Jetta sigue siendo un alumno aventajado en su categoría… Ahora con el nuevo Ford Focus pisándole los talones.

Más virtudes que hacen del Jetta un coche francamente servicial. El espacio para viajar atrás. Generoso, casi tanto como… sí, el Passat, en parte porque estructuralmente está mejor proporcionado: con menos batalla, ofrece la misma cota de confort interior —la distancia desde el pedal de freno hasta los asientos traseros—. Obviemos los centímetros en la comparación directa; basta citar que ofrece un excelente deshogo y espacio real en sentido longitudinal que será cómodamente aprovechable sólo por dos pasajeros, dada la altura del túnel central, ahí presente para que otros modelos que usan esta plataforma pasen el árbol de transmisión en sus 4Motion. El ADN de la marca traspasa fronteras más allá del diseño, porque como Passat o Golf, el Jetta estabiliza trayectorias cual tiralíneas y digiere tantos cambios de apoyo como exija el trazado sin el más mínimo aspaviento. Ligero y securizante subviraje —que además, aparece tarde— en sus formas con sutil deriva del tren posterior en una violenta transferencia de masas. Excepcional interpretación de la dinámica, pero enturbiada por el tacto de amortiguación en sus dos extremos, ante exigente reacción en compresión o, en su defecto, amplio estiramiento en extensión —un reductor de velocidad afrontado algo más rápido de lo debido—. Y acompaña además una sensación de sentir el entorno algo más de lo deseable, tal vez por falta de aislamiento o por la calidad de las uniones elásticas de sus suspensiones con chasis y carrocería, aunque el producto sea, en términos globales, casi redondo. El 1.6 TDi parece seguir añadiendo evoluciones porque su rendimiento hoy nada tiene que ver a las primeras unidades. Además, el cambio DSG no implica prescindir del paquete Bluemotion Technologies en el acabado de acceso Advance —pero sí en el Sport—, aunque el coste de utilización de esta motorización es asombrosamente bajo con y sin él: en carretera resulta fácil moverse con menos cinco litros reales de consumo medio a velocidad legal y es difícil superar los siete se aprovecha al máximo el motor. Ahora lo hace con una respuesta bajo régimen algo más consistente, sin prescindir de su característica elasticidad, y cómo no, el doble embrague pone el resto para obtener la mejor respuesta posible en cada situación. Tras una fase en la que este cambio parecía no ser el de siempre en VW, regresa con toda la suavidad y rapidez conocida, aunque —al menos en esta unidad—, con un inexplicable empuje en D cuando el coche está detenido que nos recuerda la ausencia de Stop/Start.

En el nuevo Jetta bajan un poco los estándares de calidad a los que nos tiene acostumbrados VW para definir un producto guiados por la razón sin la más mínima fisura en lo funcional. Brillante la combinación 1.6 TDi-DSG/7. Primer 1.6 TDi que realmente no rescata de nuestra mente al antiguo 1.9 TDi: ahora parece mostrarse más consistente que nunca, aunque es cierto que las siete cortas relaciones del DSG/7 ayudan a sentirlo muy ágil. No es que la suspensión sea inconfortable, pero queda enturbiada por el comportamiento en sus extremos: al límite de compresión llega a resultar seca y no es capaz de contener la extensión sin evitar el «clanck» metálico. Cubriendo los estándares en pasiva, sin muchas más posibilidades que la competencia, pero con un comportamiento y aptitud de referencia en activa. Mejorable el tacto de freno: débil mordiente al disco y pedal algo esponjoso. Servicial producto con la atractiva ventaja de un desembolso inferior a una verdadera berlina. Mejor relación tamaño precio que el Golf, pero sin tantos refinamiento. Interesantes los Advance siempre que se prolonguen los descuentos.
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