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Volkswagen Golf GTD

Este nuevo VW Golf no es un GTI… pero corre que se las pela, va casi tan bien en carretera y, la clave de todo, gasta mucho, mucho menos combustible. Envuelto en su mismo cuerpo atlético, VW recupera las olvidadas siglas GTD para personalizar su Golf Diesel más potente: un verdadero eco-deportivo. ¿A que suena bien? Pues esperar a que lo arranquemos.
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Volkswagen Golf GTD
Es al girar la llave de contacto cuando, aunque algo mitigado, el «ronroneo» mecánico nos devuelve a la realidad: estamos en un compacto de altas prestaciones de gasóleo. ¿Sacrilegio?, pensará más de uno. Todavía no tocaba revisar unos increíbles consumos, así que, ni segundos antes, cuando reluciente se presentó ante nosotros con la misma imagen del auténtico y también recién estrenado Volkwsagen Golf GTI, ni minutos después, cuando el motor nos asombraría en carretera por una elasticidad casi de gasolina y un estimulante sonido deportivo —ni rastro a Diesel, gran regulación del sistema de escape—, hubiéramos apostado por ello.

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El GTI Diesel: VW Golf GTD

La idea, aun perfeccionada, no es nueva. Hace exactamente 27 años un Volkswagen Golf revolucionaba ya el mercado al convertirse en el primer deportivo «ahorrador». Se llamaba también GTD y su propulsor Diesel, un 1.6 turbo de 70 CV de potencia, lograba aunar como nadie prestaciones y economía, allanando el camino a la hoy ya mítica saga TDI. Posteriormente se desechó… y VW optó por asociar el sagrado apelativo «gasolina» GTI también a su estrella Diesel. Casi acabó con él.

Hoy, Volkswagen retoma aquella legendaria denominación GTD asociada a su más moderna evolución TDI: el dos litros de 170 CV. Que tampoco es nuevo (ya equipaba al Golf V GT Sport), aunque ahora, además de estrenar por fin una eficiente inyección directa common rail —con inyectores piezoeléctricos, presión de inyección de hasta 1.800 bares y posibilidad de realizar 7 inyecciones por ciclo—, brilla con luz propia: el GTI es el GTI, y el GTD vuelve a ser el GTD… por mucho que compartan algo más que un cuerpo deportivo. Buena idea, tal versión Diesel no merecía tampoco pasar desapercibida en la gama. Estéticamente cuesta identificar al nuevo Volkswagen Golf GTD del GTI: misma parrilla en nido de abeja, pero con contornos cromados, y mismos antiniebla verticales, faros Bixenón autodireccionales, spoiler o alerón, dispuestos todos juntos a retarnos. Sólo un rediseñado difusor, unas llantas de 17” específicas y una única salida doble de escape, en lugar de las dos separadas del GTI, marcan diferencias. Tiene muy buena pinta. También por dentro, muy bien equipado y plagado de detalles sugestivos. Como el grueso volante con piel perforada y base achatada tipo F1, el pedalier de aluminio y los asientos deportivos de gran mullido y mejor sujeción… de los mejores que hemos probado, tapizados además con el diseño a cuadros del primer GTI, y del último, pero ahora con costuras en gris, no rojas. Por eso, y por nuevos revestimientos en negro brillante, el ambiente toma un camino más elegante que el rácing VW Golf GTI, con quien comparte defectos como una columna de dirección intrusiva y un alto túnel trasero de transmisión que le convierte en un 4 plazas real… eso sí, rápidamente acomodados, basta detenernos en la deportiva instrumentación, con sus 280 km/h de marcador pidiendo guerra, para recuperar la emoción.

Así que acelerador, primeros metros con el VW Golf GTD… y decepción: parecen faltar bajos al TDI. Cierto es que nunca ha sido referencia en instantaneidad, pero ahora es más bien fruto de la ilusión. Tan descomunal es su respuesta a partir de 1.800 rpm, y uno se acostumbra tan rápido a ella, que a su lado toda entrega anterior peca de sosa. A partir de ahí, un molinillo: empuja como un obús sin importar el régimen y pegándonos al respaldo a cada insinuación de gas. ¡Si no se acaba nunca! Es a 5.200 rpm cuando corta este VW Golf GTD, una entrega que hasta ahora sólo parecía ofrecernos el BMW 123d, el compacto Diesel más potente de la historia, el primero además en superar los 100 CV/litro. Claro que, con 35 CV menos, el GTD no llega a la altura del BMW. Tampoco al formidable nuevo VW Golf GTI de 210 CV y mayor pegada… pero sigue de cerca sus estelas: si en aceleración le meten poco más de 1 segundo, en adelantamientos firma similares registros, salvo en una 6ª muy larga y sólo apta por convencimiento desde 100 km/h; por lo demás una bala, y eso que de serie llega con un preciso cambio manual de 6 relaciones, más lento que el eficaz y recomendable automático DSG de doble embrague opcional (1.700 euros). Tampoco este nuevo VW Golf GTD tiene el refinamiento del GTI, aunque también aquí da un salto importante frente al anterior motor bomba-inyector, eliminando vibraciones y rebajando sonoridad. En consumo, en cambio, el GTD saca los colores a todo rival, incluido un BMW 120d de 177 CV, inalcanzable hasta ahora: sus 6,2 l/100 km quedan largos frente a los 5,95 que ha marcado este Golf. Impresionante gasto récord, ni siquiera alcanzada por el originario GTD, ni por un actual Mégane 1.5 dCi de sólo 105 CV. No digamos ya los casi 2,5 l/100 km que endosa al GTI. Y es que si a marcha legal los cinco litros son coser y cantar, en conducción deportiva puede no superar los 11 ¡y a qué ritmos! Y eso que, como el motor, el comportamiento del VW Golf GTD deja de inicio algo frío. Sobre todo, frente al GTI. Porque es verdad que comparte un chasis rebajado 15 mm, pero también lo es que opta por una puesta a punto menos radical y adaptada a las particularidades Diesel, lo que se traduce en mayor suavidad de amortiguación y un tacto algo menos directo. Fantástico, pues, este VW Golf GTD para vías rápidas. Más confort, sí, pero sospechamos… ¿y en curvas? Además, a diferencia del GTI, el GTD no monta el diferencial electrónico XDS. Su cometido es frenar la rueda que pierde tracción, por lo que pensamos que el mayor par del TDI puede ser impedimento para evitar sobrecalentamientos… hasta recordar que el Seat León FR, con mismo propulsor TDI, sí lo lleva.

Recorridos… y dudas solventadas: el tren delantero del nuevo VW Golf GTD asume perfectamente los exagerados 40 mkg de par a pleno gas, ayudado por un control de tracción ASR que pasa prácticamente desapercibido. A su gran motricidad, el GTD suma un bastidor excepcional, fácil y firme en apoyo y agarre. Entre curvas ya no parecen las suspensiones tan flexibles (buen equilibrio, innecesario optar al control de amortiguación adaptativo DCC) e, incluso, sorprende con una trasera bien sujeta, pero más participativa: es posible que intencionadamente para que ayude a marcar el giro por su tendencia a subvirar antes. Y es que, debido también a los algo más de 10 kg extra que soporta el GTD en el tren delantero, el GTI muestra superior eficacia… aunque testimonial si no queremos marcar tiempos: más que suficiente para ir muy rápido y con confianza, ayudados por un ESP poco intrusivo y no desconectable, que guarda siempre un modo de seguridad para actuar en caso de necesidad. Sólo los frenos (con discos traseros más pequeños que el GTI) ponen cierto interrogante, cumplidores pero nada virtuosos para un compacto tan veloz. Conclusión: ¿Por qué no también deportivos Diesel? Si los BMW 123d, Audi TT TDI y, ahora, VW Golf GTD confirman vitalidad, las ventas del León FR, una realidad aplastante: un 80 por ciento son TDI. Hasta Porsche se ha rendido a la evidencia. — Motor y prestaciones
— Consumo y autonomía
— Comportamiento — Túnel central trasero elevado
— Potencia de frenada
— Rueda de repuesto de emergencia Es al girar la llave de contacto cuando, aunque algo mitigado, el «ronroneo» mecánico nos devuelve a la realidad: estamos en un compacto de altas prestaciones de gasóleo. ¿Sacrilegio?, pensará más de uno. Todavía no tocaba revisar unos increíbles consumos, así que, ni segundos antes, cuando reluciente se presentó ante nosotros con la misma imagen del auténtico y también recién estrenado Volkwsagen Golf GTI, ni minutos después, cuando el motor nos asombraría en carretera por una elasticidad casi de gasolina y un estimulante sonido deportivo —ni rastro a Diesel, gran regulación del sistema de escape—, hubiéramos apostado por ello. La idea, aun perfeccionada, no es nueva. Hace exactamente 27 años un Volkswagen Golf revolucionaba ya el mercado al convertirse en el primer deportivo «ahorrador». Se llamaba también GTD y su propulsor Diesel, un 1.6 turbo de 70 CV de potencia, lograba aunar como nadie prestaciones y economía, allanando el camino a la hoy ya mítica saga TDI. Posteriormente se desechó… y VW optó por asociar el sagrado apelativo «gasolina» GTI también a su estrella Diesel. Casi acabó con él.

Hoy, Volkswagen retoma aquella legendaria denominación GTD asociada a su más moderna evolución TDI: el dos litros de 170 CV. Que tampoco es nuevo (ya equipaba al Golf V GT Sport), aunque ahora, además de estrenar por fin una eficiente inyección directa common rail —con inyectores piezoeléctricos, presión de inyección de hasta 1.800 bares y posibilidad de realizar 7 inyecciones por ciclo—, brilla con luz propia: el GTI es el GTI, y el GTD vuelve a ser el GTD… por mucho que compartan algo más que un cuerpo deportivo. Buena idea, tal versión Diesel no merecía tampoco pasar desapercibida en la gama. Estéticamente cuesta identificar al nuevo Volkswagen Golf GTD del GTI: misma parrilla en nido de abeja, pero con contornos cromados, y mismos antiniebla verticales, faros Bixenón autodireccionales, spoiler o alerón, dispuestos todos juntos a retarnos. Sólo un rediseñado difusor, unas llantas de 17” específicas y una única salida doble de escape, en lugar de las dos separadas del GTI, marcan diferencias. Tiene muy buena pinta. También por dentro, muy bien equipado y plagado de detalles sugestivos. Como el grueso volante con piel perforada y base achatada tipo F1, el pedalier de aluminio y los asientos deportivos de gran mullido y mejor sujeción… de los mejores que hemos probado, tapizados además con el diseño a cuadros del primer GTI, y del último, pero ahora con costuras en gris, no rojas. Por eso, y por nuevos revestimientos en negro brillante, el ambiente toma un camino más elegante que el rácing VW Golf GTI, con quien comparte defectos como una columna de dirección intrusiva y un alto túnel trasero de transmisión que le convierte en un 4 plazas real… eso sí, rápidamente acomodados, basta detenernos en la deportiva instrumentación, con sus 280 km/h de marcador pidiendo guerra, para recuperar la emoción.

Así que acelerador, primeros metros con el VW Golf GTD… y decepción: parecen faltar bajos al TDI. Cierto es que nunca ha sido referencia en instantaneidad, pero ahora es más bien fruto de la ilusión. Tan descomunal es su respuesta a partir de 1.800 rpm, y uno se acostumbra tan rápido a ella, que a su lado toda entrega anterior peca de sosa. A partir de ahí, un molinillo: empuja como un obús sin importar el régimen y pegándonos al respaldo a cada insinuación de gas. ¡Si no se acaba nunca! Es a 5.200 rpm cuando corta este VW Golf GTD, una entrega que hasta ahora sólo parecía ofrecernos el BMW 123d, el compacto Diesel más potente de la historia, el primero además en superar los 100 CV/litro. Claro que, con 35 CV menos, el GTD no llega a la altura del BMW. Tampoco al formidable nuevo VW Golf GTI de 210 CV y mayor pegada… pero sigue de cerca sus estelas: si en aceleración le meten poco más de 1 segundo, en adelantamientos firma similares registros, salvo en una 6ª muy larga y sólo apta por convencimiento desde 100 km/h; por lo demás una bala, y eso que de serie llega con un preciso cambio manual de 6 relaciones, más lento que el eficaz y recomendable automático DSG de doble embrague opcional (1.700 euros). Tampoco este nuevo VW Golf GTD tiene el refinamiento del GTI, aunque también aquí da un salto importante frente al anterior motor bomba-inyector, eliminando vibraciones y rebajando sonoridad. En consumo, en cambio, el GTD saca los colores a todo rival, incluido un BMW 120d de 177 CV, inalcanzable hasta ahora: sus 6,2 l/100 km quedan largos frente a los 5,95 que ha marcado este Golf. Impresionante gasto récord, ni siquiera alcanzada por el originario GTD, ni por un actual Mégane 1.5 dCi de sólo 105 CV. No digamos ya los casi 2,5 l/100 km que endosa al GTI. Y es que si a marcha legal los cinco litros son coser y cantar, en conducción deportiva puede no superar los 11 ¡y a qué ritmos! Y eso que, como el motor, el comportamiento del VW Golf GTD deja de inicio algo frío. Sobre todo, frente al GTI. Porque es verdad que comparte un chasis rebajado 15 mm, pero también lo es que opta por una puesta a punto menos radical y adaptada a las particularidades Diesel, lo que se traduce en mayor suavidad de amortiguación y un tacto algo menos directo. Fantástico, pues, este VW Golf GTD para vías rápidas. Más confort, sí, pero sospechamos… ¿y en curvas? Además, a diferencia del GTI, el GTD no monta el diferencial electrónico XDS. Su cometido es frenar la rueda que pierde tracción, por lo que pensamos que el mayor par del TDI puede ser impedimento para evitar sobrecalentamientos… hasta recordar que el Seat León FR, con mismo propulsor TDI, sí lo lleva.

Recorridos… y dudas solventadas: el tren delantero del nuevo VW Golf GTD asume perfectamente los exagerados 40 mkg de par a pleno gas, ayudado por un control de tracción ASR que pasa prácticamente desapercibido. A su gran motricidad, el GTD suma un bastidor excepcional, fácil y firme en apoyo y agarre. Entre curvas ya no parecen las suspensiones tan flexibles (buen equilibrio, innecesario optar al control de amortiguación adaptativo DCC) e, incluso, sorprende con una trasera bien sujeta, pero más participativa: es posible que intencionadamente para que ayude a marcar el giro por su tendencia a subvirar antes. Y es que, debido también a los algo más de 10 kg extra que soporta el GTD en el tren delantero, el GTI muestra superior eficacia… aunque testimonial si no queremos marcar tiempos: más que suficiente para ir muy rápido y con confianza, ayudados por un ESP poco intrusivo y no desconectable, que guarda siempre un modo de seguridad para actuar en caso de necesidad. Sólo los frenos (con discos traseros más pequeños que el GTI) ponen cierto interrogante, cumplidores pero nada virtuosos para un compacto tan veloz. Conclusión: ¿Por qué no también deportivos Diesel? Si los BMW 123d, Audi TT TDI y, ahora, VW Golf GTD confirman vitalidad, las ventas del León FR, una realidad aplastante: un 80 por ciento son TDI. Hasta Porsche se ha rendido a la evidencia. — Motor y prestaciones
— Consumo y autonomía
— Comportamiento — Túnel central trasero elevado
— Potencia de frenada
— Rueda de repuesto de emergencia
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