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Utilitarios de más de 100 CV

En esta interesante comparativa enfrentamos a cuatro utilitarios con motores Diesel entorno a los 100 CV. Sus tamaños, mayores que en anteriores generaciones, no sólo permiten desplazarse en ciudad, sino también realizar largos recorridos con confort y economía.
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Utilitarios de más de 100 CV
En la actualidad, la compra de un coche implica un gasto importante para la mayoría de familias. A pesar de ello, muchas de ellas disponen de dos automóviles, entre los que suele haber un micro o coche urbano, un segmento que se ha ido popularizando cada vez más. Pero no hay que olvidar que hace 14 años el Twingo ya era un digno representante y el auténtico pionero de esta plaga urbana actual, con el Smart como icono de la movilidad. Pero las cosas han cambiado. Los utilitarios de última generación están más cercanos al segmento de los compactos que al de los utilitarios, no sólo por tamaño sino también por precio. Para que sirva de ejemplo, un Opel Astra de primera generación medía 405 cm de largo, sólo 5 cm más que un Corsa en la actualidad. De los cuatro coches de esta comparativa, el más pequeño, por decirlo de alguna forma, es el Seat Ibiza, aunque también es el que más tiempo lleva en el mercado y el próximo en ser renovado.

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A la hora de realizar esta prueba hemos tenido en cuenta, no sólo las posibilidades de movilidad urbana de estos modelos, sino también el comportamiento por carretera, tanto por vías rápidas como por zonas viradas. De los compactos de nueva generación de esta comparativa nos ha sorprendido la calidad de rodadura de los tres más modernos, es decir, del 207, el Corsa y el Clio. En todos ellos, la sensación percibida es la de estar conduciendo un modelo del segmento superior. No ocurre lo mismo en el Ibiza que, con un tacto más deportivo, filtra en menor medida lo que sucede fuera del vehículo. El 207 tiene un comportamiento neutro y seguro, lejos de la viveza de reacciones del 206. Es, básicamente, un coche más fácil de llevar. El bastidor demuestra que es capaz de asumir con garantías más potencia de la que ofrece el 1.6 HDI. En vías rápidas se circula con aplomo más que suficiente, puesto que en la puesta a punto del bastidor se ha hecho hincapié en la efectividad dinámica más que en el confort de marcha, aunque no llega al extremo del Seat Ibiza, el de comportamiento más deportivo de todos. Tanto el tacto de la dirección como el de los frenos nos han parecido correctos.

El Clio es el más equilibrado de todos, con un logrado compromiso entre confort de marcha y estabilidad. No es el más deportivo, aunque sí el más confortable. Es muy fácil de conducir, con reacciones predecibles y suspensiones bastante cómodas, incluso si circulamos cargados. Lo que menos nos gusta del Clio, tal como viene siendo habitual en los últimos Renault que han aparecido, es el tacto de la dirección eléctrica. No sólo no transmite confianza, sino que obliga a corregir la trayectoria con cierta frecuencia. En maniobras en ciudad, cuando estamos parados, resulta fácil ser más rápido con las manos que la propia bomba de la dirección, lo que se traduce en un incremento de la resistencia al giro del volante. El pedal del freno, tal como suele ocurrir en otros modelos de la marca del rombo, es demasiado suave y poco progresivo, por lo que habrá que acostumbrarse. El Corsa mejora notablemente a su antecesor, con un comportamiento dinámico más efectivo en líneas generales. Incluso resulta bastante vivo del tren trasero, aunque no por ello menos seguro. En zonas viradas es ágil, con una dirección que obliga a corregir con más frecuencia de la deseada. El balanceo de la carrocería no es excesivo y los cambios de apoyo se realizan de forma correcta. En el apartado de frenos cumple sobradamente, aunque en zonas de montaña en las que se haga un uso intensivo, llegan a resentirse. El Ibiza es, tal como hemos comentado, el de carácter más deportivo, algo que no sólo se ve reflejado en sus prestaciones y en el diseño tanto exterior como interior, sino también en su bastidor. No es tan suave como sus rivales e, incluso, en zonas bacheadas llega a ser algo incómodo. Quienes busquen deportividad tienen en el modelo de Seat la mejor opción. Es divertido y ágil, con reacciones inmediatas a los cambios de apoyo. Tanto los frenos como la dirección son los de mejor tacto del cuarteto. La dirección no tiene el tacto eléctrico de la de sus rivales, con una precisión reseñable. También hay que tener en cuenta que es el que monta neumáticos más anchos y de menor perfil. Como conclusión, en este apartado podemos considerar dos conceptos diferenciados de bastidor. El del Ibiza, claramente más enfocado a la deportividad y efectividad dinámica y el de sus rivales, que sin descuidar la eficacia, sí son más confortables. En la actualidad, la compra de un coche implica un gasto importante para la mayoría de familias. A pesar de ello, muchas de ellas disponen de dos automóviles, entre los que suele haber un micro o coche urbano, un segmento que se ha ido popularizando cada vez más. Pero no hay que olvidar que hace 14 años el Twingo ya era un digno representante y el auténtico pionero de esta plaga urbana actual, con el Smart como icono de la movilidad. Pero las cosas han cambiado. Los utilitarios de última generación están más cercanos al segmento de los compactos que al de los utilitarios, no sólo por tamaño sino también por precio. Para que sirva de ejemplo, un Opel Astra de primera generación medía 405 cm de largo, sólo 5 cm más que un Corsa en la actualidad. De los cuatro coches de esta comparativa, el más pequeño, por decirlo de alguna forma, es el Seat Ibiza, aunque también es el que más tiempo lleva en el mercado y el próximo en ser renovado. A la hora de realizar esta prueba hemos tenido en cuenta, no sólo las posibilidades de movilidad urbana de estos modelos, sino también el comportamiento por carretera, tanto por vías rápidas como por zonas viradas. De los compactos de nueva generación de esta comparativa nos ha sorprendido la calidad de rodadura de los tres más modernos, es decir, del 207, el Corsa y el Clio. En todos ellos, la sensación percibida es la de estar conduciendo un modelo del segmento superior. No ocurre lo mismo en el Ibiza que, con un tacto más deportivo, filtra en menor medida lo que sucede fuera del vehículo. El 207 tiene un comportamiento neutro y seguro, lejos de la viveza de reacciones del 206. Es, básicamente, un coche más fácil de llevar. El bastidor demuestra que es capaz de asumir con garantías más potencia de la que ofrece el 1.6 HDI. En vías rápidas se circula con aplomo más que suficiente, puesto que en la puesta a punto del bastidor se ha hecho hincapié en la efectividad dinámica más que en el confort de marcha, aunque no llega al extremo del Seat Ibiza, el de comportamiento más deportivo de todos. Tanto el tacto de la dirección como el de los frenos nos han parecido correctos.

El Clio es el más equilibrado de todos, con un logrado compromiso entre confort de marcha y estabilidad. No es el más deportivo, aunque sí el más confortable. Es muy fácil de conducir, con reacciones predecibles y suspensiones bastante cómodas, incluso si circulamos cargados. Lo que menos nos gusta del Clio, tal como viene siendo habitual en los últimos Renault que han aparecido, es el tacto de la dirección eléctrica. No sólo no transmite confianza, sino que obliga a corregir la trayectoria con cierta frecuencia. En maniobras en ciudad, cuando estamos parados, resulta fácil ser más rápido con las manos que la propia bomba de la dirección, lo que se traduce en un incremento de la resistencia al giro del volante. El pedal del freno, tal como suele ocurrir en otros modelos de la marca del rombo, es demasiado suave y poco progresivo, por lo que habrá que acostumbrarse. El Corsa mejora notablemente a su antecesor, con un comportamiento dinámico más efectivo en líneas generales. Incluso resulta bastante vivo del tren trasero, aunque no por ello menos seguro. En zonas viradas es ágil, con una dirección que obliga a corregir con más frecuencia de la deseada. El balanceo de la carrocería no es excesivo y los cambios de apoyo se realizan de forma correcta. En el apartado de frenos cumple sobradamente, aunque en zonas de montaña en las que se haga un uso intensivo, llegan a resentirse. El Ibiza es, tal como hemos comentado, el de carácter más deportivo, algo que no sólo se ve reflejado en sus prestaciones y en el diseño tanto exterior como interior, sino también en su bastidor. No es tan suave como sus rivales e, incluso, en zonas bacheadas llega a ser algo incómodo. Quienes busquen deportividad tienen en el modelo de Seat la mejor opción. Es divertido y ágil, con reacciones inmediatas a los cambios de apoyo. Tanto los frenos como la dirección son los de mejor tacto del cuarteto. La dirección no tiene el tacto eléctrico de la de sus rivales, con una precisión reseñable. También hay que tener en cuenta que es el que monta neumáticos más anchos y de menor perfil. Como conclusión, en este apartado podemos considerar dos conceptos diferenciados de bastidor. El del Ibiza, claramente más enfocado a la deportividad y efectividad dinámica y el de sus rivales, que sin descuidar la eficacia, sí son más confortables. En la actualidad, la compra de un coche implica un gasto importante para la mayoría de familias. A pesar de ello, muchas de ellas disponen de dos automóviles, entre los que suele haber un micro o coche urbano, un segmento que se ha ido popularizando cada vez más. Pero no hay que olvidar que hace 14 años el Twingo ya era un digno representante y el auténtico pionero de esta plaga urbana actual, con el Smart como icono de la movilidad. Pero las cosas han cambiado. Los utilitarios de última generación están más cercanos al segmento de los compactos que al de los utilitarios, no sólo por tamaño sino también por precio. Para que sirva de ejemplo, un Opel Astra de primera generación medía 405 cm de largo, sólo 5 cm más que un Corsa en la actualidad. De los cuatro coches de esta comparativa, el más pequeño, por decirlo de alguna forma, es el Seat Ibiza, aunque también es el que más tiempo lleva en el mercado y el próximo en ser renovado. A la hora de realizar esta prueba hemos tenido en cuenta, no sólo las posibilidades de movilidad urbana de estos modelos, sino también el comportamiento por carretera, tanto por vías rápidas como por zonas viradas. De los compactos de nueva generación de esta comparativa nos ha sorprendido la calidad de rodadura de los tres más modernos, es decir, del 207, el Corsa y el Clio. En todos ellos, la sensación percibida es la de estar conduciendo un modelo del segmento superior. No ocurre lo mismo en el Ibiza que, con un tacto más deportivo, filtra en menor medida lo que sucede fuera del vehículo. El 207 tiene un comportamiento neutro y seguro, lejos de la viveza de reacciones del 206. Es, básicamente, un coche más fácil de llevar. El bastidor demuestra que es capaz de asumir con garantías más potencia de la que ofrece el 1.6 HDI. En vías rápidas se circula con aplomo más que suficiente, puesto que en la puesta a punto del bastidor se ha hecho hincapié en la efectividad dinámica más que en el confort de marcha, aunque no llega al extremo del Seat Ibiza, el de comportamiento más deportivo de todos. Tanto el tacto de la dirección como el de los frenos nos han parecido correctos.

El Clio es el más equilibrado de todos, con un logrado compromiso entre confort de marcha y estabilidad. No es el más deportivo, aunque sí el más confortable. Es muy fácil de conducir, con reacciones predecibles y suspensiones bastante cómodas, incluso si circulamos cargados. Lo que menos nos gusta del Clio, tal como viene siendo habitual en los últimos Renault que han aparecido, es el tacto de la dirección eléctrica. No sólo no transmite confianza, sino que obliga a corregir la trayectoria con cierta frecuencia. En maniobras en ciudad, cuando estamos parados, resulta fácil ser más rápido con las manos que la propia bomba de la dirección, lo que se traduce en un incremento de la resistencia al giro del volante. El pedal del freno, tal como suele ocurrir en otros modelos de la marca del rombo, es demasiado suave y poco progresivo, por lo que habrá que acostumbrarse. El Corsa mejora notablemente a su antecesor, con un comportamiento dinámico más efectivo en líneas generales. Incluso resulta bastante vivo del tren trasero, aunque no por ello menos seguro. En zonas viradas es ágil, con una dirección que obliga a corregir con más frecuencia de la deseada. El balanceo de la carrocería no es excesivo y los cambios de apoyo se realizan de forma correcta. En el apartado de frenos cumple sobradamente, aunque en zonas de montaña en las que se haga un uso intensivo, llegan a resentirse. El Ibiza es, tal como hemos comentado, el de carácter más deportivo, algo que no sólo se ve reflejado en sus prestaciones y en el diseño tanto exterior como interior, sino también en su bastidor. No es tan suave como sus rivales e, incluso, en zonas bacheadas llega a ser algo incómodo. Quienes busquen deportividad tienen en el modelo de Seat la mejor opción. Es divertido y ágil, con reacciones inmediatas a los cambios de apoyo. Tanto los frenos como la dirección son los de mejor tacto del cuarteto. La dirección no tiene el tacto eléctrico de la de sus rivales, con una precisión reseñable. También hay que tener en cuenta que es el que monta neumáticos más anchos y de menor perfil. Como conclusión, en este apartado podemos considerar dos conceptos diferenciados de bastidor. El del Ibiza, claramente más enfocado a la deportividad y efectividad dinámica y el de sus rivales, que sin descuidar la eficacia, sí son más confortables. En la actualidad, la compra de un coche implica un gasto importante para la mayoría de familias. A pesar de ello, muchas de ellas disponen de dos automóviles, entre los que suele haber un micro o coche urbano, un segmento que se ha ido popularizando cada vez más. Pero no hay que olvidar que hace 14 años el Twingo ya era un digno representante y el auténtico pionero de esta plaga urbana actual, con el Smart como icono de la movilidad. Pero las cosas han cambiado. Los utilitarios de última generación están más cercanos al segmento de los compactos que al de los utilitarios, no sólo por tamaño sino también por precio. Para que sirva de ejemplo, un Opel Astra de primera generación medía 405 cm de largo, sólo 5 cm más que un Corsa en la actualidad. De los cuatro coches de esta comparativa, el más pequeño, por decirlo de alguna forma, es el Seat Ibiza, aunque también es el que más tiempo lleva en el mercado y el próximo en ser renovado. A la hora de realizar esta prueba hemos tenido en cuenta, no sólo las posibilidades de movilidad urbana de estos modelos, sino también el comportamiento por carretera, tanto por vías rápidas como por zonas viradas. De los compactos de nueva generación de esta comparativa nos ha sorprendido la calidad de rodadura de los tres más modernos, es decir, del 207, el Corsa y el Clio. En todos ellos, la sensación percibida es la de estar conduciendo un modelo del segmento superior. No ocurre lo mismo en el Ibiza que, con un tacto más deportivo, filtra en menor medida lo que sucede fuera del vehículo. El 207 tiene un comportamiento neutro y seguro, lejos de la viveza de reacciones del 206. Es, básicamente, un coche más fácil de llevar. El bastidor demuestra que es capaz de asumir con garantías más potencia de la que ofrece el 1.6 HDI. En vías rápidas se circula con aplomo más que suficiente, puesto que en la puesta a punto del bastidor se ha hecho hincapié en la efectividad dinámica más que en el confort de marcha, aunque no llega al extremo del Seat Ibiza, el de comportamiento más deportivo de todos. Tanto el tacto de la dirección como el de los frenos nos han parecido correctos.

El Clio es el más equilibrado de todos, con un logrado compromiso entre confort de marcha y estabilidad. No es el más deportivo, aunque sí el más confortable. Es muy fácil de conducir, con reacciones predecibles y suspensiones bastante cómodas, incluso si circulamos cargados. Lo que menos nos gusta del Clio, tal como viene siendo habitual en los últimos Renault que han aparecido, es el tacto de la dirección eléctrica. No sólo no transmite confianza, sino que obliga a corregir la trayectoria con cierta frecuencia. En maniobras en ciudad, cuando estamos parados, resulta fácil ser más rápido con las manos que la propia bomba de la dirección, lo que se traduce en un incremento de la resistencia al giro del volante. El pedal del freno, tal como suele ocurrir en otros modelos de la marca del rombo, es demasiado suave y poco progresivo, por lo que habrá que acostumbrarse. El Corsa mejora notablemente a su antecesor, con un comportamiento dinámico más efectivo en líneas generales. Incluso resulta bastante vivo del tren trasero, aunque no por ello menos seguro. En zonas viradas es ágil, con una dirección que obliga a corregir con más frecuencia de la deseada. El balanceo de la carrocería no es excesivo y los cambios de apoyo se realizan de forma correcta. En el apartado de frenos cumple sobradamente, aunque en zonas de montaña en las que se haga un uso intensivo, llegan a resentirse. El Ibiza es, tal como hemos comentado, el de carácter más deportivo, algo que no sólo se ve reflejado en sus prestaciones y en el diseño tanto exterior como interior, sino también en su bastidor. No es tan suave como sus rivales e, incluso, en zonas bacheadas llega a ser algo incómodo. Quienes busquen deportividad tienen en el modelo de Seat la mejor opción. Es divertido y ágil, con reacciones inmediatas a los cambios de apoyo. Tanto los frenos como la dirección son los de mejor tacto del cuarteto. La dirección no tiene el tacto eléctrico de la de sus rivales, con una precisión reseñable. También hay que tener en cuenta que es el que monta neumáticos más anchos y de menor perfil. Como conclusión, en este apartado podemos considerar dos conceptos diferenciados de bastidor. El del Ibiza, claramente más enfocado a la deportividad y efectividad dinámica y el de sus rivales, que sin descuidar la eficacia, sí son más confortables.

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