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Toyota Avensis 2.0 D-4D Active

Ha tardado en llegar frente a la profunda transformación de sus rivales, pero la tercera generación del Toyota Avensis muestra un notable avance. Sin renunciar a sus principales valores -la comodidad y el equipamiento-, adopta definitivamente un nuevo acento en imagen, ergonomía y chasis. Puede que no marque una revolución, pero la renovada berlina japonesa está lista para competir.
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Toyota Avensis 2.0 D-4D Active
Del mismo modo que la reducida distancia entre ejes del Toyota Avensis nunca ha influido en la habitabilidad, sí puede que, sumada a unas suspensiones históricamente demasiado laxas y a una dirección no demasiado informativa, hayan sido causantes de la menor efectividad dinámica mostrada por la berlina japonesa en relación a muchos de sus rivales. Pero, en esta generación, por fin constatamos que los avances anunciados, como la nueva plataforma y la siempre publicitada mayor rigidez de suspensión (esta vez, superior más de un 30 por ciento), se traducen en verdadera mejora.
La batalla no crece, pero sí ambas vías hasta 5 centímetros más anchas, lo que de por sí genera ya mayor superficie de pisada. Y se nota, porque este Toyota Avensis da la sensación de ir ahora bastante más sujeto. Si a alta velocidad viaja más pegado al suelo, también en fuertes apoyos se produce metamorfosis. Los balanceos no son tan acusados, el tren delantero no se insinúa con tanta antelación (subvira menos) y la afinada dirección nos guía en la trazada sin necesidad de mayor corrección que la que ella misma sugiere sutilmente en caso de pérdida de trayectoria, gracias a la colaboración del control de estabilidad y a la aplicación de una pequeña cantidad de par para orientarnos hacia dónde girar. Incluso en frenada, montando neumáticos más estrechos y de mayor perfil, el nuevo Toyota Avensis mejora en más de 8 metros sus débiles registros anteriores a 140 km/h, con detenciones esta vez casi de deportivo. Aun así, el Toyota Avensis seguirá sin ser la berlina más dinámica, ni pretende ser tampoco la más ágil, pero se agradece una mayor diversión; sobre todo teniendo en cuenta que la mejor plataforma no implica sobrepeso (en báscula cifra los mismos 1.520 kg de antes, el menor de su categoría junto al VW Passat), ni merma su excelente capacidad de absorción y confort, sólo roto en firme muy irregular.

Hablando de confort, Toyota notifica también grandes mejoras en aislamiento con nuevos materiales fonoabsorbentes y cristales laminados. Y la sonoridad sigue siendo igual de baja en la rodadura y a cruceros sostenidos, un apartado donde realmente este Avensis destaca. Algo más rumoroso se aprecia en aceleración, donde para esta primera prueba nos subimos al Diesel de acceso y más recomendable, el conocido 2.0 D-4D de aluminio y 126 CV de potencia. Insonorización, pisada, absorción... todo contribuye en el Toyota Avensis a hacer del viaje la mejor aventura. Este 2.0 D-4D no es ya el propulsor de gasóleo más refinado (ahí están los dCi de Renault, por ejemplo), pero sí imprime un gran rendimiento y suavidad a la berlina japonesa. Y más ahora, actualizado con inyectores piezoeléctricos e incremento en la presión de inyección (a 2.000 bares en vez de 1.700). El resultado: mayor par a bajo régimen, con el máximo a 1.900 rpm -300 antes- y un excelente consumo, recortado en un 5 por ciento y fácil de mantener en el entorno de los 6 l/100 km de media. Una referencia.

Aun así, es en el medio régimen donde este motor 2.0 D-4D de 126 CV muestra todo su potencial, con una respuesta magnífica para este nivel de potencia y muy buena aceleración, aunque mayor sufrimiento en adelantamientos y recuperaciones, no ya por falta de carácter, sino por unos desarrollos de transmisión demasiado largos (en vías rápidas nos llevan a circular a 120 km/h en sexta a sólo 2.000 rpm) que nos obligan a estar atentos al cambio. Es la tónica ya de todos los fabricantes para obtener mayor eficiencia y menores emisiones de CO2. Por último, y completando una berlina muy homogénea, Toyota mejora mucho su equipamiento en busca del importante mercado de flotas. Y es que, desde esta versión básica Active, el nuevo Toyota Avensis dispone ya de 7 airbags –entre ellos, el de rodilla para conductor-, climatizador bizona, Bluetooth, sensor de lluvia y controles de estabilidad o crucero. Si demandamos más siempre podemos recurrir a niveles superiores de equipamiento, salvo que queramos contar con la última tecnología (puede llegar a incluir sistema precolisión, crucero adaptativo o alerta de cambio involuntario de carril) para lo que tendremos que optar irremediablemente a la versión superior 2.2 D-4D de 150 CV. “Quien algo quiere, algo le cuesta”, deben pensar en Toyota… y, en este sentido, su completo Avensis se posiciona en consonancia con sus principales rivales europeos. Ahora sí es una alternativa seria. Muy equilibrado, Toyota no deja fisuras en su nuevo Avensis. Podría mejorar con algo de chispa y funcionalidad, pero el cliente de berlina no se defraudará.
Buen espacio
Del mismo modo que la reducida distancia entre ejes del Toyota Avensis nunca ha influido en la habitabilidad, sí puede que, sumada a unas suspensiones históricamente demasiado laxas y a una dirección no demasiado informativa, hayan sido causantes de la menor efectividad dinámica mostrada por la berlina japonesa en relación a muchos de sus rivales. Pero, en esta generación, por fin constatamos que los avances anunciados, como la nueva plataforma y la siempre publicitada mayor rigidez de suspensión (esta vez, superior más de un 30 por ciento), se traducen en verdadera mejora. La batalla no crece, pero sí ambas vías hasta 5 centímetros más anchas, lo que de por sí genera ya mayor superficie de pisada. Y se nota, porque este Toyota Avensis da la sensación de ir ahora bastante más sujeto. Si a alta velocidad viaja más pegado al suelo, también en fuertes apoyos se produce metamorfosis. Los balanceos no son tan acusados, el tren delantero no se insinúa con tanta antelación (subvira menos) y la afinada dirección nos guía en la trazada sin necesidad de mayor corrección que la que ella misma sugiere sutilmente en caso de pérdida de trayectoria, gracias a la colaboración del control de estabilidad y a la aplicación de una pequeña cantidad de par para orientarnos hacia dónde girar. Incluso en frenada, montando neumáticos más estrechos y de mayor perfil, el nuevo Toyota Avensis mejora en más de 8 metros sus débiles registros anteriores a 140 km/h, con detenciones esta vez casi de deportivo. Aun así, el Toyota Avensis seguirá sin ser la berlina más dinámica, ni pretende ser tampoco la más ágil, pero se agradece una mayor diversión; sobre todo teniendo en cuenta que la mejor plataforma no implica sobrepeso (en báscula cifra los mismos 1.520 kg de antes, el menor de su categoría junto al VW Passat), ni merma su excelente capacidad de absorción y confort, sólo roto en firme muy irregular.

Hablando de confort, Toyota notifica también grandes mejoras en aislamiento con nuevos materiales fonoabsorbentes y cristales laminados. Y la sonoridad sigue siendo igual de baja en la rodadura y a cruceros sostenidos, un apartado donde realmente este Avensis destaca. Algo más rumoroso se aprecia en aceleración, donde para esta primera prueba nos subimos al Diesel de acceso y más recomendable, el conocido 2.0 D-4D de aluminio y 126 CV de potencia. Insonorización, pisada, absorción... todo contribuye en el Toyota Avensis a hacer del viaje la mejor aventura. Este 2.0 D-4D no es ya el propulsor de gasóleo más refinado (ahí están los dCi de Renault, por ejemplo), pero sí imprime un gran rendimiento y suavidad a la berlina japonesa. Y más ahora, actualizado con inyectores piezoeléctricos e incremento en la presión de inyección (a 2.000 bares en vez de 1.700). El resultado: mayor par a bajo régimen, con el máximo a 1.900 rpm -300 antes- y un excelente consumo, recortado en un 5 por ciento y fácil de mantener en el entorno de los 6 l/100 km de media. Una referencia.

Aun así, es en el medio régimen donde este motor 2.0 D-4D de 126 CV muestra todo su potencial, con una respuesta magnífica para este nivel de potencia y muy buena aceleración, aunque mayor sufrimiento en adelantamientos y recuperaciones, no ya por falta de carácter, sino por unos desarrollos de transmisión demasiado largos (en vías rápidas nos llevan a circular a 120 km/h en sexta a sólo 2.000 rpm) que nos obligan a estar atentos al cambio. Es la tónica ya de todos los fabricantes para obtener mayor eficiencia y menores emisiones de CO2. Por último, y completando una berlina muy homogénea, Toyota mejora mucho su equipamiento en busca del importante mercado de flotas. Y es que, desde esta versión básica Active, el nuevo Toyota Avensis dispone ya de 7 airbags –entre ellos, el de rodilla para conductor-, climatizador bizona, Bluetooth, sensor de lluvia y controles de estabilidad o crucero. Si demandamos más siempre podemos recurrir a niveles superiores de equipamiento, salvo que queramos contar con la última tecnología (puede llegar a incluir sistema precolisión, crucero adaptativo o alerta de cambio involuntario de carril) para lo que tendremos que optar irremediablemente a la versión superior 2.2 D-4D de 150 CV. “Quien algo quiere, algo le cuesta”, deben pensar en Toyota… y, en este sentido, su completo Avensis se posiciona en consonancia con sus principales rivales europeos. Ahora sí es una alternativa seria. Muy equilibrado, Toyota no deja fisuras en su nuevo Avensis. Podría mejorar con algo de chispa y funcionalidad, pero el cliente de berlina no se defraudará.
Buen espacio
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