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Suzuki Swift Sport

Ni downsizing ni nuevas tecnologías, la variante más deportiva del Swift sigue la receta de siempre pero cocinada de tal forma que no le impide sacar más potencia mientras reduce los consumos. Todo ello en un peso pluma que disfruta de un gran equipamiento.
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Suzuki Swift Sport

Ni downsizing ni nuevas tecnologías, la variante más deportiva del Swift sigue la receta de siempre pero cocinada de tal forma que no le impide sacar más potencia mientras reduce los consumos. Todo ello en un peso pluma que disfruta de un gran equipamiento.

Pese a los tiempos que corren, donde lo políticamente correcto es apostar por la eficiencia, casi siempre en detrimento de la deportividad, la variante Sport del utilitario Swift aporta aire fresco a la categoría. Así, en un modelo que siempre ha sobresalido por su toque picante, no podía faltar en su cuarta generación la pertinente versión deportiva. Como en la anterior entrega, ésta se denomina Sport. Ahora, más potente, más rápida, más eficaz… pero también mucho más equipada, más refinada y, sobre todo, con un consumo inferior y más respetuosa con el medio ambiente gracias a sus 147 g/km de CO2. Pero no adelantemos acontecimientos y desgranemos, parte por parte, todo lo nuevo.

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Suzuki Swift Sport la prueba

Lo primero: su imagen exterior. Basta un fugaz vistazo para advertir que se trata de una versión especial. Su parrilla más grande, las llantas multiradio de 17”, las taloneras laterales, el spoiler sobre la tapa del maletero, sus paragolpes más prominentes ¾que aumentan la longitud de la carrocería en 4 cm, hasta los 3,89 m¾ o el difusor trasero pintado en un tono oscuro con dos salidas de escape son suficientes para adivinar su espíritu deportivo sin tener que fijarnos en el logotipo «Sport» que luce en su portón trasero.

Ahora, para acceder a su interior y arrancar el coche, por botón, no es necesario sacar la llave. Confort y rapidez, ya que nos olvidamos de buscar en los bolsillos, mochila o bolso. Su aspecto sigue la tendencia del exterior, con muchos detalles «racing». Los pespuntes de los asientos, el fuelle en piel de la palanca de cambios y el deportivo volante de tres radios se resaltan mediante hilo rojo, mientras que los gruesos biseles plateados de los relojes, la parte central del volante, las toberas de aireación centrales y los embellecedores en salpicadero y guarnecidos de puertas ponen el toque de elegancia. Unos atractivos pedales en aluminio, con un efectivo estriado de goma para que no se escurran cuando accedemos al habitáculo con los pies mojados, rematan el conjunto.

Un buen ambiente

La postura de conducción convence, tanto por la posibilidad de regular su volante en altura y en profundidad ¾aunque no sea en un rango muy amplio¾ como por el confort y sujeción que aportan sus asientos deportivos. Éstos, son específicos para esta versión y sujetan el cuerpo mucho mejor de lo que nos sugieren sus formas. Tanto, que casi parecen bacquets, mientras ofrecen un gran confort. El del conductor además de la banqueta en longitud y el respaldo en inclinación se mueve en altura; aunque en su posición más baja queda algo alto. No ofrece reglaje lumbar, aunque sinceramente tampoco lo hemos echado tan en falta como en otros modelos.

Disponible sólo con carrocería de tres puertas, acceder atrás resulta más cómodo por el lado derecho que por el del conductor, ya que en el de éste la banqueta no desliza hacia delante. Una vez acomodados, cuatro adultos ¾para los que está homologado, mientras curiosamente los Swift de 5 puertas lo están para cinco¾ pueden viajar con comodidad. No sucede lo mismo con su equipaje, tanto por los escasos 235 litros que cubica su maletero, de formas tampoco muy regulares, como por la incomodidad de su pequeña bandeja, que no bascula hacia arriba al abrir el portón lo que obliga a hacerlo manualmente. Además, resulta fácil por su pequeño tamaño no acordarse de bajarla con lo que una vez acomodados en el puesto de conducción lo advertimos al mirar por el espejo retrovisor mientras comprobamos que resta prácticamente toda la visibilidad hacia atrás. Su versatilidad también es reducidísima, pues el respaldo de una sola pieza nos impide que alguien se acomode en las plazas traseras si necesitamos robar espacio del habitáculo para ampliar el de carga.

Pero lo que más nos sorprende del nuevo Swift Sport desde un punto de vista funcional es su extensísimo equipamiento de serie. Con 7 airbags, control de estabilidad, faros de xenón, control de crucero e incluso Bluetooth, que nos permite manejar el teléfono desde el volante multifunción. Así, salvo por el navegador y el sensor de lluvia, nada se echa en falta en un equipamiento que salvo por la opción de pintura metalizada es completamente cerrado. La pantalla del ordenador de a bordo, en el centro de la instrumentación, entre el cuentarrevoluciones y el velocímetro, es algo pequeña, aunque tiene buena legibilidad, lo que no convence en absoluto es su incómodo manejo desde el propio cuadro; un mal endémico de muchos coches japoneses y de difícil comprensión, pues no aporta mucha seguridad meter la mano por el volante para cambiar de función. Con este equipamiento y esta potencia, por algo menos de 16.000 euros con la oferta actual ya aplicada, la relación precio/producto del Swift Sport es excelente.

Aspirado

El propulsor que emplea el Swift Sport es el mismo 1.6 atmosférico de la anterior versión aunque bastante optimizado. Así, pasa de 125 a 136 CV mientras que el par aumenta en 1,2 mkg. Se trata de una mecánica de tacto suave, con un cambio de distribución muy marcado. Así, hasta 4.000 rpm responde con energía pero como un utilitario de gasolina de poca potencia, siempre con un gran agrado de uso, mientras que más allá de las 4.000 se muestra mucho más enérgico, con un adictivo tirón que no le resta precisión ni efectividad dada su progresividad. Mientras tanto, cambia el sonido que de una total quietud ¾al ralentí ni siquiera se siente, tanto que hay que mirar el cuentarrevoluciones para saber si está arrancado¾ se torna en algo desagradable tanto porque éste, aunque probablemente pretendido, no es bonito ¾no suena a deportivo¾ como por el elevado nivel de decibelios que registra; 74 dB a 140 km/h resulta una cifra muy elevada. Eso sí, para movernos en la franja de potencia máxima debemos estar muy pendientes del cambio. Tanto porque los 136 CV los encontramos casi al régimen de corte de encendido ¾en nuestra unidad a 6.660 rpm mientras que el corte está en 6.900 rpm¾ como por unos desarrollos que no son excesivamente cortos o un par que sin ser elevado también se obtiene a un régimen alto (4.380 rpm).

No obstante, esto no plantea mayor problema, pues el cambio goza de gran precisión y rapidez, con un tacto bastante metálico. Desde un prisma deportivo se desaprovecha la nueva caja de seis velocidades, pues pese a tener una marcha más que en la anterior generación la 4ª y la 5ª ahora son del orden de 1 y 2,5 km/h más largas. Pero gracias a una 6ª de 35,5 km/h y a la optimización del propulsor se ha conseguido rebajar el consumo medio en 1,2 l/100 km según nuestras propias mediciones. Y es que los consumos del Swift, para tratarse de una variante deportiva, resultan bastante razonables. Incluso a fondo riguroso no llegan a ser escandalosos; con una media de 14,3 l/100 km registrada durante la adquisición de datos, que supone la prueba más dura en este campo.

Acelera, acelera

Las prestaciones también marcan claramente el carácter del conjunto motor/transmisión. Con un peso total muy bajo, apenas supera la tonelada pese a su completo equipamiento, en las aceleraciones cortas resulta rapidísimo, en las largas bueno y en las recuperaciones malo. Lo que hablábamos, para movernos con soltura se debe recurrir continuamente al cambio.

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