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Suzuki Alto 1.0i

Simpático, capaz y dotado de un sorprendente motor tricilíndrico, el Suzuki Alto parece dispuesto a dejar atrás la ciudad, hacia donde está dirigido, y enfrentarse a los retos que la carretera plantea. Su recortado precio no es sino el acicate para que aquéllos que deseen un económico coche para todo se pasen por la concesión más cercana.
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 Suzuki Alto 1.0i
En un momento económico como el actual, la razón debería llevar a muchos compradores a optar por adquirir un coche del segmento básico, como este Suzuki Alto. Sin duda, los años de opulencia que hemos vivido nos hacen difícil comprender que vamos a empobrecernos obligadamente en los tiempos por venir y que muchos de los que antes se embarcaban en créditos de quince mil euros para adquirir un polivalente o un compacto básico, en el inmediato futuro tendrán que rebajar sus pretensiones a la decena de millar, donde este Suzuki Alto se emplaza.

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Suzuki Alto, al detalle

El Alto estira el metro hasta los 3,5 desde el frontal a la zaga. Esta medida, décadas atrás, normal para un polivalente, hoy se queda restringida a los mal denominados ciudadanos. Y decimos esto porque coches como este Alto demuestran poder adaptarse bien a los requerimientos que la carretera o autopista exige para realizar viajes. Esto, siempre que hablemos de mecánica o de bastidor, porque, lamentablemente, si de algo adolece este Suzuki para cumplimentar la definición de viajero es la posibilidad de llevar la impedimenta de los viajeros. Esto es, las maletas. El espacio reservado para ellas es muy limitado y sólo una de tamaño medio cabe, por lo que se queda muy justo para cuatro personas.

Sin embargo, salir a carretera no es un suplicio para este Alto. De entrada, dispone de un motor que, aunque cubica un poco por debajo del litro de cilindrada, dispone de un rendimiento espectacular. Sus tres cilindros poseen una arquitectura de "carrera larga", favorecedora del par motor. De hecho, en nuestro banco de potencia ha obtenido 10 mkg, en lugar de los anunciados 9,2. Esta diferencia, que en coches de mayores proporciones no tendría la mínima consecuencia, aquí se convierte en un auténtico "acelerador de la reacción". La potencia máxima es aún más sorprendente, superando con holgura los 80 CV, lo que, para hacernos una idea, colocaría a un hipotético 2 litros en el nivel de los 160 CV. ¿A que no está mal? Y todo ello sin necesidad de turbo, compresor, distribución variable ni inyección directa de gasolina. Gracias a este motor, este Alto acelera que es un primor y eso que tiene que tirar de unos desarrollos que solo un optimista hubiera instalado en su caja de cambios. Con decir que la quinta pasaría de los 200 km/h si permitiera llegar al régimen máximo de motor, está dicho todo. O casi, porque en segunda se rozan los 100 km/h, algo que coches con el doble o triple de potencia no hacen. Las aceleraciones son muy brillantes, gracias a la potencia del motor; las recuperaciones, deficientes, debido a los largos desarrollos. La contrapartida aparece a la hora de recuperar o adelantar en marchas largas. Aquí, el esfuerzo del motor no es recompensado y más aún si son varias las personas que ocupan el habitáculo. Este Suzuki Alto es bastante sensible a la carga, sobre todo en rampas, donde, aunque sean ligeras, impiden mantener la velocidad en el límite legal a no ser que apretemos el régimen de giro en marchas cortas, lo que conlleva un incremento anormal del consumo. Éste, en circunstancias menos exigentes, se sitúa en niveles muy comedidos y en una utilización mixta es fácil mantenerse en el litro quinto, sin llegar al sexto. Quizás hubiéramos debido arrancar esta redacción por su conducta en la ciudad y aledaños, entorno ideal para disfrutar del Suzuki Alto. Si estamos perezosos y somos cumplidores de los límites habituales, el cambio de marchas es casi simbólico. Con las dos primeras marchas nos acomodamos al mínimo cincuenta mientras que con la tercera nos movemos hasta ochenta con total comodidad. No es automático, pero casi. El radio de giro es muy pequeño, y la circunferencia necesaria para girar 360 grados supera mínimamente los nueve metros, por lo que el Alto se convierte en el rey del callejeo de los cascos viejos de las ciudades. Cabe por cualquier agujero y la dirección, sin ser especialmente rápida, no obliga a dar vueltas y vueltas al volante. Lamentablemente, en ciudad es donde mayor se notan las vibraciones que transmite el propulsor de tres cilindros, especialmente al ralentí. El confort de suspensión es el lógico en un coche de este tamaño, teniendo en cuenta el recortado recorrido vertical de sus ruedas. Los reductores transversales de velocidad -vulgo badenes- no son su mejor amigo, y teniendo en cuenta su enfermiza proliferación, conviene pasarlos con bastante lentitud, so pena de "cabalgar" sobre los asientos como si fuéramos en un equino. Lo agradable de su imagen externa no impide un buen aprovechamiento del espacio interior para que cuatro adultos se acomoden. Sobre todo en altura, no hay el menor problema ni delante ni detrás. El conductor sólo dispone de reglaje en altura del volante y la posición de los mandos le conmina a una posición a medio camino de un pequeño monovolumen, con las piernas poco estiradas. La conducción es agradable, con los mandos principales bien emplazados. Sin embargo, el diseño minimalista en aras de conseguir un coste de producción mínimo trae como consecuencia ciertos defectos que se traducen en incomodidades en el uso diario. Así, en la puerta del conductor sólo aparece un mando del sistema de elevalunas eléctricos, por lo que si queremos actuar sobre el de la derecha, no estando el acompañante, debemos inclinarnos hasta la puerta contraria para ello. Sin duda, una colocación en la consola central o así, sería más confortable pero, seguro, costaría algún euro más.

Otra de las incomodidades es la imposibilidad de bajar las ventanillas de las puertas traseras, que sólo tienen apertura en compás. Esto, en un país como el nuestro, de clima más bien caluroso durante bastantes meses, no deja de ser un incordio, porque obliga a un uso continuado del aire acondicionado incluso con temperaturas exteriores suaves. Por último, la falta de tapa en la guantera -o espacio asimilado delante de las piernas del acompañante- deja a la vista cualquier objeto que coloquemos ahí. Y a buen entendedor, pocas palabras bastan. El paquete de seguridad activa no es desdeñable, con cuatro airbags delanteros de serie y los de cortina, tan opcionales como aconsejables. En fin, el Suzuki Alto se convierte en una nueva e interesante opción dentro de un segmento que, en buena lógica, deberá experimentar un crecimiento importante en ventas y, por tanto, en interés por parte del usuario medio. — Motor potente
— Economía de consumo
— Comportamiento rutero — Maletero escaso
— Guantera sin tapa
— Vibraciones
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